Fic slash de Xim_Alien

Hacer el amor contigo”

Nuevamente, entraba a la cafetería como cada día a la hora del almuerzo. Como siempre, se sentaba solo, en una mesa para cuatro personas y, como lo hacía de costumbre, pasaba de estar tranquilamente, pensando en que debería trasladarse ya del comedor al salón de clases, a estar en el suelo, siempre era por el pie de aquél chico quien lo hacía tropezar y enterrar el rostro en la bandeja con algunas sobras de puré de papa.

Toda aquella rutina se repetía a diario, ya fuera en el comedor, pasillos, en gimnasia o en cualquier otro lugar donde se encontraba. El problema era su peso y sus gafas.

Levántate.

Y él, también estaba ahí siempre que le hacían pasar por aquella vergüenza, extendía su mano para ayudarlo a levantarse y ponerle sus gafas.

Que bonita pareja hacen. Par de maricas.

Ese tipo de comentarios no lo escuchó por primera vez, pero se ponía colorado como si lo fueran.

Como si lo fueran.

Gracias, pero no deberías hacerlo, te dicen cosas por venir a ayudarme —le dijo a su rescatador.

Ah, no te preocupes por eso, no me afecta. No conozco tu nombre.

Su primera mentira hacia él, pues sí lo sabía. Conocía su nombre, el grado que cursaba, hasta su edad y la razón por la que estaba en esa escuela.

Gustav. Tú eres Georg, ¿no?

Sí, ¿cómo lo sabes?

El otro día, él me amenazó con que no debo hablar contigo. Pero aquí estás y supongo que en la salida me hará comida para bebé.

Es un idiota. No entiendo por qué te trata así.

No, yo soy un idiota, debería defenderme.

¿Y por qué no lo has hecho?

No lo sé, siempre planeo la táctica adecuada y cuando él me mira, desde arriba como lo hace siempre, mi cerebro se colapsa y después de un segundo me hallo en el suelo. Tengo que irme. Gracias y adiós.

Adiós.

Lo vio salir del comedor. Tenía aún en su cabeza su voz, la cual se le antojaba de lo más tierna y susceptible, de repente se imaginó una hermosa pintura en la que podía verse rodeándolo, protegiéndolo y diciéndole lo cuanto quería estar a su lado.

¿Ahora te lo quieres follar a él? —la voz de Trevor quebró esa pintura mágica.

Eso a ti no te importa —respondió lleno de furia, tanto que no pensó en la acción que estaba ejecutando.

Suéltame —de un movimiento rápido, se soltó de las manos de Georg, quien lo sujetaba del cuello de su camisa.

Ya no lo molestes.

Y yo que pensé que estaba ayudándote. Ya sabes, haciéndolo ver toda una damisela en aprietos y tú, su caballero andante. Piénsalo, te conviene.

No sabes lo que le estás haciendo. Déjalo en paz. ¿Por qué él y no otra persona?

Porque sé que le quieres.

Luego de esas palabras, también lo vio salir del comedor. Pero no le dejó tranquilo, lo siguió hasta el patio que divide el edificio C del comedor.

Tienes que dejarlo, él no tiene ningún problema contigo.

Me haces tanta gracia. Jamás pensé en verte tan enamorado y menos, de una bola de grasa como ese idiota.

Estás celoso, ¿verdad?

Por supuesto, siempre quise ser tu novia para besarte y que me folles. No seas ridículo. Me divierte mucho ver que le ayudas, me parte de risa ver que tratas de hacerle sentir mejor cada vez que me voy.

Eres un maldito hijo de puta.

Quizá lo sea.

Entonces ya no le siguió, dejó que se fuera mientras pensaba en alguna manera de quitar a Gus del camino de Trevor.

Gus. Gustav. Hasta su nombre escuchaba tierno.

Estoy volviéndome loco.

Había descubierto que esa hipótesis estaba resultando tan cierta, que no podía encontrar argumentos válidos para hacerse creer lo contrario. Estaba perdiendo ante un chico que cumplía con la mayoría de características a las cuales juró nunca mirar más allá que de una forma burlesca. Estaba perdiendo y no le molestaba ya como en el principio de la locura.

Cuando se dio cuenta de que esa locura apenas comenzaba, quiso suicidarse de muchas maneras, pero era lo suficientemente cobarde para no intentar ninguna. Su mayor fuente de dolor, era verlo sonreír, siempre, a pesar del daño que le causaba Trevor.

Dejó pasar el día y no volvió a buscarlo por los rincones del colegio como solía hacer desde hace días. En de eso, sentado bajo un árbol, esperando a que pasará una hora sin clases, decidió verlo siempre, decidió que él lo acompañaría a todos lados. Decidió hacer lo que fuese necesario para que eso se volviera realidad. Entonces lo hizo.

Para cuando su reloj marcaba la 1:00 de la tarde, observó que había terminado todo, exactamente todo de él. Sobre una hoja blanca de un cuaderno cualquier, podía verse un chico, un hermoso delineado de un chico, que aunque tenía la mirada baja, sonreía de tal modo que cualquiera hubiera podido quedar enamorado o enamorada de ese espectacular dibujo.

Cuando se cansó de la sombra, fue hasta el edificio donde sabía que Gustav recibía clase. Sentado, en una banca frente a la puerta, esperó hasta que él pudiera pasar por allí y mirarlo una última vez en ese día. Su deseo fue escuchado por algún ángel que estaba cerca, lo vio, estaba caminando con la cabeza gacha y la mochila en la espalda, subía sus gafas con un dedo por el puente de la nariz a cada dos por tres. En un segundo, ambas miradas se cruzaron y el dibujante sólo pudo proyectar una sonrisa tonta, de esas que te atacan cuando sabes que alguien te atrapó haciendo una travesura infantil. Gustav no respondió, más bien parecía enfadado, tal parecía que había olvidado que él lo había ayudado esa misma mañana en el comedor.

Georg, apesadumbrado, corrió hasta él y lo tomó del brazo con el corazón palpitante.

Hola, ¿qué tal tus clases?

Déjame tranquilo, suficiente tengo con Trevor aquí. No me hables, estoy harto de gente como ustedes.

Eso había sido todo, estaba viéndolo alejarse sin poder comprender nada de lo anterior, estaba atónito y no sabía qué hacer para recuperar lo poco que ya habían conversado.

Pensó que sería el fin y que solamente tendría el dibujo para siempre, pensó que los demás días iban a ser de lo peor. Creyó por un segundo que el colegio sería en su totalidad, una fase en la que nada le iba a salir bien, pues ese chico estaba en su cabeza y le prometía no salir de ahí.

Y así fue.

Dos años después.

Pasé todo un par de años anhelado que mi maldición desapareciera, pero no tuve suerte. Durante ese tiempo, creía que en cualquier momento iba a morir, pensé que algún día iba a morir por la desesperanza y me vería perdido en una invencible depresión. Todo el tiempo me torturaba al verlo pasar, al ver que su vida era mejor sin mí y la peor por seguir soportando a Trevor. Solo quería correr a abrazarlo cuando veía que no podía más. Todo era inútil.

Siempre intenté acercarme cuando lo veía doblegado, Trevor se empeñaba por humillarlo cada vez más y yo, yo aunque quería siempre darle una mano y abrazarlo, defenderlo, él volteaba en otra dirección.

Hace un mes dejé de verlo completamente y es que el colegio había terminado, tenía la intención de saber cuál era su siguiente aspiración, pero no fue posible. Ahora todo lo que me queda es esperar a que se encuentre bien.

El primer día de clases, pareció más bien la bienvenida a una forma de vida totalmente nueva, supe entonces que era distinto el lugar. Aquí no debía haber más Trevor’s, lo más doloroso, era que jamás iba a ver a Gustav.

La universidad, un campus grande, con alumnos que van de aquí a allá con libros bajo el brazo, algunos otros con cigarrillos mientras pierden el tiempo entre clases. Todos parecen estar en una realidad alterna, pues ninguno parece estar deprimido por un amor fallido, nadie muestra sentimientos en los que se pueda observar que están tristes. Quizá sea el que estén llenos de trabajos por hacer, materias en las cuales concentrar toda su atención, quizá es lo que me hace falta, concentrarme en otras cosas y dejarlo vivir la vida que él quiere. Pero… ¿Qué hay de la vida que yo quiero junto a él?

Las vacaciones de verano me sirvieron para imaginar y convertir mi soledad en una vida más feliz, mucho más fácil y sencilla. Tuve el tiempo suficiente para tenerlo en una vida ficticia, no sé si es malo, tal vez lo sea, pero en ese tiempo no me importó, lo único que importaba es que estaba bien y que todo era mejor así y aunque llegué a pensar que quizá estaba enfermo, eso no cambió mi decisión de seguir imaginándolo a mi lado.

Las materias, los trabajos, investigaciones; todo me mantenía alejado de realidad por periodos muy cortos, como si estuvieran aprovechándose de mi depresión y por eso, se hacían más invisibles para mí.

¡Hey! Los chicos y yo vamos a ir a tomar esta tarde, ¿vienes?

Fin de semana, fin del primer mes de clases en la universidad, vendría bien un par de tragos.

Por supuesto.

Te esperamos en el bar frente al parque, estaremos ahí a partir de las 6:00.

Genial, ahí los veo.

Tal vez me arrepentiría de ir, quizá buscaría un pretexto para decírselo al día siguiente, quizá me armaría de valor y dejaría todo de lado para ir y dejar de pensarlo, quizá bebería hasta el cansancio. Tal vez sería como esos borrachos de amor que aparecen en las películas. Sí, quizá iría.

Y allí estaba, seguro de que podía permitirme olvidarlo por un momento, estaba seguro de que el alcohol, podría ayudarme.

El barman trabajaba rápido, pasaba las botellas con una velocidad increíble, una velocidad que no se podía seguir, pronto, me entregó mi cocktail.

La música resonaba en todo el establecimiento, los bits te hacían seguirlos y disfrutaban el verte perdido entre el sonido y entre la vibración.

Una vez, terminado mi cóctel y con mi cabeza creando pares de rostros iguales, recuerdo que no he venido solo. Desde la barra, busco a esos chicos, quienes deben saber cómo regresar a mi departamento.

Co-cobra mi cocktail.

No estaba seguro que tan mal sonaba, pero sin duda, lo hacía muy mal.

Después de tomar algunas monedas, dejé mi asiento y entonces, mi cabeza dio miles de volteretas, luchaba por mantenerse estable, pero no era fácil, era él. Estaba allí, ¿o mi mente se estaba burlando de mi patético estado?

Parecía que él estaba feliz, que en ningún momento sufrió un mínima parte de la que yo pueda considerar. Todo de lo que fui capaz al verlo, fue recordar aquél día, su voz seca, sus ojos fríos, su sonrisa que había desaparecido sólo para mí. Estaba dedicándole su mejor sonrisa, su mejor mirada, estaba viviendo lo que imaginé con ese chico frente a él. Su boca era para ese chico, no para mí.

Luego de unos segundos más, él se separó de ese tipo, lo seguí con la mirada hasta la salida del bar, mis ojos querían seguirlo mirando, así que mis pies, sin mi permiso, me condujeron hasta él. Ahí estaba, sentado en el borde de la acera.

Es difícil creer que tú frecuentes estos lugares.

Como si le hubieran dicho que había fantasmas, se levantó de la acera y me miró, en sus ojos no había miedo, pero sí incredulidad.

¿Qué haces aquí? —su pregunta pareció llena de odio.

Vine para tratar de olvidar lo que siento por un chico, y resulta que él está aquí, besando a otro. No tiene mucho sentido eso, ¿verdad?

Quizá ese chico también quiera olvidar algo.

Debería contarle a alguien cuál fue el problema desde el principio.

¿Haciendo eso se olvidan las cosas?

Tal vez no, pero ¿crees que es más efectivo meterte con personas a quienes no conoces, a quienes no quieres? Se aprovecharán de ti de una peor manera.

Ya lo han hecho antes. Además, ¿Por qué te interesa que me lastimen? Si no mal recuerdo, Trevor es tu mejor amigo.

No era así, me llevaba bien con él pero había algo que siempre odié, te molestaba. Recuerdo que siempre te ayudaba y me lo agradecías. Todo estaba bien pero él seguía siendo un idiota contigo. Nunca se me olvidará ese día en el que me dijiste que nunca te hablara otra vez. No entendí lo que hice mal.

Ahora actuarás como si nada hubiera sido obra tuya. Hasta Trevor tuvo el valor de decírmelo.

¿¡Decirte qué!? ¿Qué te dijo?

Que todo lo habías planeado tú, que la única razón por la cual él me humillaba era porque lo tenías amenazado, que él hacía lo que tú le ordenabas. ¿Por qué querías hacerlo?

No, ambos sabemos que esa no es la pregunta. ¿Por qué le creíste a él? Te ayudaba porque me enamoré de ti. No sabía cómo detener a Trevor, lo intenté pero no pude. Después me hablaste así ese día y pensé que todo había terminado. Nunca más pude hablarte como quise porque cada vez que te veía, tu mirada me alejaba. Eso me dolía más que tus palabras. Traté de olvidarte pero aquí estoy.

¿Después de tanto tiempo piensas que creeré lo que acabas de decir?

Le creíste a él, ¿qué cambia para que no puedas creer en mí?

No lo sé, tal vez el hecho de que he vivido culpándote a ti de todo lo que me hacían en el colegio. No me pidas que me olvide de todo y acepte una cita romántica, para que después me beses y te diga que es lo que he estado esperando siempre.

El silencio reinó entre nosotros al terminar su conclusión idealista, luego, una sonrisa pareció en mi rostro y en sus ojos, se desbordaron algunas lágrimas que resbalaban tranquilamente por sus mejillas.

Quise tomar su rostro y besar su labios rosados, pero el alcohol estaba jugando conmigo y una risa fue la que rompió el silencio.

Eres un idiota.

Dijo con repulsión, mientras se levantaba de la acera y cruzaba la calle sin tomar en cuenta que la avenida es de ambos sentidos.

Oye, ¿qué te pasa? ¿no te enseñaron a que debes…?

Callate, lo único que hiciste es reírte de mí. Como siempre lo has hecho.

Estoy ebrio. Mírame, me reiría incluso si viera un auto pasar.

En ese momento, ambos nos quedamos en silencio, apreciando todos los autos que pasaban en la avenida al estar en verde el semáforo.

Una mirada entre los dos bastó para que una carcajada estruendosa hiciera que todos alrededor se quedaran mirándonos.

¿Te llevo a tu casa? —preguntó después de otro minuto de silencio.

Eso debería hacerlo yo.

¿Por qué? ¿Tienes delirio de roles?

No es eso, no del todo —acepté sonriendo—, debo limpiar mi nombre después de lo que ese idiota te dijo.

¿Vas a intentarlo?

Claro, sigo enamorado de ti y no me crees. ¿Me permites enamorarte?

Su rostro dejó de ser tan blanco como una hoja de papel, sus mejillas eran de un rojo radiante, sus ojos brillaban y no era por la luz de las farolas en medio de la calle oscura y sus labios, adquirieron esa tenue pincelada entre color y bebida.

No… No sé qué responder. Ahora me siento estúpido por lo que dije ese día.

Te otorgo el beneficio de olvidar lo que Trevor pudo haberte dicho. Sólo dame una oportunidad y te haré saber que lo último que quería, era verte llorar.

Él se mantuvo inmóvil frente a mí, luchando por no mirarme y yo, mordiendo mi labio inferior, luchando por no cometer una estupidez.

¿Y si le gustan los besos robados?

¿Qué vas a hacer mañana? —su pregunta me sacó de mis pensamientos.

No lo sé, supongo que me dará resaca y no estaré muy bien. Tengo muchos deberes de la universidad pero me tomaré el día.

Idiota, debí responder un seco nada.

Bueno, te invito a mi departamento.

Debo ser yo quien lo haga. Y no es por tener problemas con los roles, simplemente que debo hacerte ver mi caballerosidad. Yo te invito. ¿Tienes donde pueda apuntar mi dirección?

Como rayo, sacó su celular y me lo tendió con la opción de mensaje de texto. Por lo que apunté mi número como destinatario.

Por si te pierdes —añadí sonriendo.

Bien, te veo ahí a las…

A la hora que quieras, no importa, también es un pequeño apartamento así que no molestaremos a nadie.

Okey. Una última pregunta.

Te escucho.

¿Cómo vas a irte ahorita? Estás muy ebrio, espero que no hayas traído coche.

No, aún no me lo entregan. Creo que me iré caminando.

¿Está lejos de aquí?

No realmente. Te dejo, porque me tomé al menos unas 6 copas y están surtiendo efecto. Te espero mañana.

Atiné a dejar un beso en su mejilla, sólo pude apreciar sus ojos brillantes, sus mejillas colorearse y sus gafas resbalando otra vez por su nariz.

Llegué a mi departamento con su rostro y con su lenguaje corporal en mi mente. Me di cuenta entonces que había dejado de pensar en todo a partir de que lo vi, ni siquiera recordé volver a ver a los chicos con lo que había ido, por esa razón deben ser las cinco llamadas perdidas en mi celular.

Abro los ojos sintiéndolos hinchados, los rayos del sol entran rencorosos por la ventana, pidiéndome a gritos que me despertara y abriera la puerta, pues alguien afuera prometía derribarla en cualquier segundo.

Sin motivos para quedarme en la cama, me levanto a regañadientes y miro a través de la mirilla en la puerta. La resaca de ayer, se va de mi cuerpo cuando lo veo a él, afuera de mi casa, sólo hasta entonces recuerdo el plan que pactamos ayer, anoche.

Con torpeza, atino a abrir la puerta, mis ojos van directamente a los de él detrás de esas gafas.

Lo siento, debí suponer que estarías durmiendo pero…

No, no te disculpes. Pasa.

Dejo que entre y nervioso cierro la puerta, queriendo ir detrás de él, avanzo y me detengo de golpe. No ha avanzado.

Lo siento. Es que no sé a dónde ir.

Por acá está la cocina —le indico después de recuperar al aliento por el anterior choque.

Traje algo de comida, lo que mi madre me enseñó hacer. Espero que te guste. Imaginé que no te gustaría cocinar estando así.

Me regañaba mil veces mentalmente.

Tú estás trayendo comida a mi casa, en lugar de que yo vaya por ti hasta la tuya y te invite a salir. A cenar. Joder, esto no está saliendo de acuerdo a la expectativa.

La verdad es que también necesitas disculparme. Creí algo erróneo y ahora me siento en deuda.

Muy bien, es cierto.

Sonriendo, tomo el gran cuenco que ha traído dentro de una bolsa.

Después de una comida amena y en la que pude concentrarme en su mirada mientras reinaba un silencio tranquilo, pude darme cuenta de una cosa, estaba perdiendo ante él. Todo lo que creía y sobretodo, aquellos rasgos que me parecían impensables al momento de fijarme en alguien, habían ido directamente a la mierda.

Nunca planeé que me gustaras.

Su mirada deja de enfocar los ángulos altos de la cocina, sólo para fijarse en la mía. Totalmente estupefacto.

¿Perdón? —deja ver su confusión.

Nunca pensé que alguien como tú me gustase. Es sólo que un día llegaste y yo estaba ahí, en tu camino. Después de eso, no supe lo que estaba pasando.

Aún no sé si dices la verdad.

Sí, lo sé. Estás completamente en tu derecho de desconfianza, pero te diré algo, no voy a descansar hasta conquistarte.

¿Tengo que tomarlo como amenaza o aviso? —deja resplandecer una sonrisa, su rostro parece más tierno y sus ojos…

Amenaza, aviso, hasta podría ser una visión del futuro si quieres.

¿Ahora eres adivino?

Gus, Gus, Gus… Podría ser lo que quisieras. Sólo con que lo pidas.

Mi mirada estaba retándolo, mis manos sudaban y me pedían rozar sus mejillas, mi corazón latía cada vez más rápido y mi entrepierna, quería saber si era posible tener el mejor día de la vida.

Bueno, tengo que irme —como agua helada, cae en mí ese aviso.

No por favor. Te invito a ver una película, a cenar, hacer lo que quieras. Por favor no te vayas.

Es que es necesario… Ya sé, acompáñame y regresaremos para ver una película.

Perfecto. ¿A dónde vamos? —pregunto señalando mi ropa poco formal.

A un asilo de ancianos. Así vas bien.

Mi rostro se torna confuso porque de repente viene a mí la idea de no saber si conoceré a su abuela o su abuelo. Quizás un familiar suyo, quizá nadie y sólo sea un trabajo. Pasa de mi imagen y se levanta del pequeño comedor para ir a la puerta. Ambos afuera, él comienza el camino y yo, sigo sus pasos sintiéndome afortunado de ir por fin a su lado.

Al llegar, me doy cuenta que saluda a una anciana de ojos verdes, cabello blanco en su totalidad y de dulce actitud. Él la saluda y le da besos en la mejilla y manos; ella, parece disfrutar de su presencia y rápidamente repara en mí.

Tú, debes ser el novio de mi pequeño Gusi.

Abuela —rápidamente Gustav le llama la atención—. No le hagas caso, a veces se le olvidan algunas cosas.

Olvidaré, pero nunca diré mentiras, mi cielo.

Soy Georg, señora, amigo de Gustav.

Lo olvidará en un minuto. Ya verás.

Mucho gusto —me extiende su mano y la tomo en un apretón cariñoso y dulce—. Mi Gusi ha venido aquí desde que mi llegada, no ha faltado ningún día a pesar de los estudios. Estoy agradecida con él y espero que de hoy en adelante, puedas acompañarlo a venir aquí. Por eso están juntos, ¿no? Para estar siempre uno junto al otro.

Abue, basta. Lo estás asustando.

Déjala, es muy dulce.

Mis tiempos eran otros, espero que ustedes no pasen lo mismo por lo que yo pasé. Vengo de una familia en la que muchos creían que eso era malo. Desde mi punto de vista, pienso que a cada quien le debería importar su vida propia y no la de los demás. Ya sabrás lo que dirá tu madre si se entera.

Ya lo sabe, abue. Pero él no es mi novio, es mi amigo.

¿Y qué te dijo? —le pregunta la abuela con tono de sorpresa, ignorando el otro hecho que se le acabo de ser mencionado.

Te dije que me dejó de hablar por una semana, después de eso me trata como si fuera una hija.

¿Te conté de los primos de tu abuelo?

Sí, abue. Siempre me cuentas de ellos.

Pues dile a tu madre que aprenda de eso y que aprenda a no tratarte diferente.

Lo haré, abue. Lo haré. Tengo que irme, Georg y yo vamos a ver una película.

Bueno, ¿mañana vendrás?

Claro, como siempre, abue.

Bueno, te espero aquí. No me moveré de este lugar hasta que vengas y salgamos juntos al jardín. Gusi, no olvides que hoy día, existen esas cosas que se me olvidan su nombre, dicen que los deben usar ellos.

¿De qué hablas, abue?

Pues esas cosas de plástico.

Condones —le susurro la respuesta a Gustav.

Basta, abuela. Hasta mañana.

Hasta mañana, hijo. ¡Me invitan a su boda! No soy lo suficientemente anciana para dejar pasar la boda de un nieto.

Mucho gusto en conocerla, espero volver a verla pronto.

Gusto el mío. Te encargo a mi Gusi, cuídalo y quiéranse mucho.

¡Abue!

Afuera del asilo, lejos de la dulce mirada de la abuela, tomo la mano de Gustav sin su permiso, sin habérselo dado por anticipado. Su reacción de no rechazarse, me invadió de seguridad y de orgullo, al ver que su mirada iba al suelo con cierto toque de timidez.

¿Entonces, ella es tu abuela?

Casi mi madre —asiente con cada palabra, orgulloso de pronunciarlas.

Entonces tendré que hacer mi mayor esfuerzo para ganarme su confianza. Bueno, ya no necesito demasiado.

¡Oye! —levanta la voz indignado.

Después de la película, decido ser yo quien tome la iniciativa de comenzar algo más que una amistad. Desde que salimos del asilo, el ego y la seguridad incrementaron considerablemente por todo lo que argumentó la abuela. Por eso, no perderé ninguna oportunidad a su lado.

¿Te gustaría quedarte esta noche? —pregunto, con miedo a su respuesta, temiendo a que responda un no.

No sé…

No voy a intentar nada. Es más, si gustas, puedes quedarte en el sofá o en la cama, yo puedo dormir en el sofá… Anda —le animo una vez que veo en sus ojos un destello de hacerlo—. Prometo no violarte.

¿Lo harías? —me pregunta sonriendo, levantándose con el bowl donde había rosetas de maíz hace unos minutos.

No, nunca. Sería genial hacerte el amor —eso no estaba planeado, pero salió aquello de mi boca espontáneamente.

Vuelvo a su mirada y sus ojos me muestran sorpresa, sus mejillas carmesí me decían que algo muy bello había hecho y sus labios, querían recompensar esas palabras.

¿Te gustaría? —pregunto a la vez que me levanto para ir a su lado—. ¿Te gustaría… que hiciéramos el amor? —pregunto entre una caricia en su mejilla.

Sin siquiera emitir ningún sonido, mi mente empieza a diseñar estrategias infalibles, así que comienza mi mano derecha a posarse en su cintura. Espero una reacción negativa de su parte que me aleje, pero esta llega en el momento en el que están mis labios sobre los suyos.

No detengo el movimiento de mis labios sobre los suyos, sus manos no saben dónde posarse y las ayudo a encontrar mi pecho. Mis manos están felices de estar sobre su cintura, mi lengua se encuentra a gusto danzando con la suya, mis pensamientos están yendo a una velocidad impactante pero me detengo para no arruinarlo todo.

Al alejarme, sus ojos siguen cerrados y sus mejillas en color carmesí y sus labios un poco hinchados.

¿Qué dices?

Que jamás lo… he hecho

No salieron palabras de mí, sabía exactamente cómo seguir la velada. Probablemente mi amigo se molestaría, pero es un pequeño sacrificio para obtener algo realmente grande después. Así que debía de ser inteligente.

Quito sus anteojos lentamente y los dejo sobre la mesa de noche junto a la cama, tomo su boca con la mía y vuelvo a tomar su cintura. Ahora él, con un poco más de seguridad, posa sus manos en mis hombros. De repente, me doy cuenta que ambos estamos sobre la cama, mis manos actúan rápido y me desprendo de mi ropa frente a su mirada, estando de rodillas frente a su cuerpo. Cuando lo he logrado, noto su mirada enfocada en mi torso. Trato de retirar su camiseta pero me detiene a la mitad.

¿Qué ocurre? —pregunto con temor a que se vaya, pues no sabe lo que haré más adelante.

Nunca nadie antes me ha… Yo no…

No tengas miedo. Confía en mí.

&

Abro los ojos a causa de los rayos del sol entrando por la ventana. El techo es alto, las paredes no tienen el mismo y color y la ventana no tiene el mismo tamaño. Miro a mi lado derecho y este está vacío, me tranquiliza recordar que es el departamento de Georg, sin embargo, vuelve a adueñarse de mí la histeria cuando caigo en la cuenta de que mi ropa no está sobre mi cuerpo.

Buenos días —me saluda Georg entrando a la habitación con una toalla en la cintura.

Me dijiste que confiara en ti, ¿qué pasó anoche?

¿No te acuerdas?

Es que… No sé, temo saber que olvidé algo a causa de algo. No tengo ropa.

Pues entonces te lo diré. Hicimos el amor.

¿Qué? No es cierto.

Sí, vaya que lo hicimos.

¿Cómo es que no me acuerdo y no me duele nada?

Dije «hicimos el amor», no «tuvimos sexo». ¿Está bien?

Deja un beso sobre mi frente y sobre mi mejilla, para colocar luego entre mi rostro, mis gafas.

Esa fue la primera noche a su lado, fue el primer significado de hacer el amor que conocí, fue la primera persona que me hizo sonreír y temblar al mismo tiempo. Supongo que las demás veces también son bellas pero la primera, siempre es la mejor.

& FIN &

Gracias por leer.

por Xim_Alien

Escritora del fandom

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