Notas: Este fic pertenece a la serie «Gemelos Fantasmas«, te invito a leer las otras historias.

«Mortales»
(One-Shot de Xim_Alien)
Al llegar del trabajo, dejo mis cosas sobre el sofá en la sala, aprovechando de que él aún no llega, subo corriendo a la habitación y sacó del armario el regalo que tengo para él. Trato de terminar por envolverlo con el papel decorado pero, en mi mente se instala todas las posibles ideas que puedan ser efectivas para mi plan de ese día. Trato de hacer a un lado toda aquella distracción, pues tenía que terminar ya con el regalo y después ocuparme de esos planes.
Lo cual fue imposible de hacer.
Quería tratar de tener resuelta la idea de cómo debía empezar a pedirle que vayamos, cuando le pedí que fuéramos a causa de ser Navidad, se negó cien mil veces, sólo tuve una última opción, no pudo decir que no después de esa noche en la que ambos perdimos ante un placer verdaderamente mortal. Después de esa noche, de verdad, a nada pudo decir que no. Debo decir que ya hace falta otra noche así, ya que su efecto ha terminado y por lo tanto, no ha reparado la llave del fregadero en la cocina.
Supongo que esta noche debe ser especial.
—¡Gus! ¡Estoy en casa!
—¡En la habitación! —grito a la vez que escondo el regalo a medio envolver. Ya tengo una semana queriendo terminarlo.
—Hola, cielo. ¿Cómo estás? —él entra y yo cierro la puerta del armario después de acomodar mi saco.
—Bien, tuve un día como los otros, aunque Dina esta peor que antes y a a cada dos por tres va al baño dejándome a mí sólo con los clientes.
—Debe ser hermoso estar embarazada.
—¡No! Es una pesadilla, siempre está comiendo, orinando, vuelve a comer y vuelve al baño. Creo que lleva más tiempo así que trabajando. ¿Cómo te fue a ti?
—No tan bien como a ti. Alice renunció y me pusieron a una niña tonta.
—¿Qué? Bueno, ten paciencia, aprenderá pronto.
—Espero se supone que es mi secretaria y soy yo quien le digo lo que tiene qué hacer, ¿cuánto sentido tiene eso? Vamos, te invito a cenar.
Se levanta del borde de la cama y ambos salimos de la casa para entrar al auto que ha dejado afuera de esta.
El cielo está poniéndose naranja y hay algunas pinceladas rojas.
Subimos al auto y él, al volante arranca para ir a una velocidad no muy rápido pero tampoco muy lenta, por lo que aprovecho para bajar la ventanilla. Así, a su lado, trato de abordar el tema.
—¿Amor?
—Dime.
—Estaba pensando que quizás… No lo sé, podamos ir a la casa…
—¿Otra vez? —me interrumpe mientras se detiene ante una luz roja—. ¿Ahora con qué motivo? ¿No crees que estás exagerando y tomándolo como si fuera cualquier cosa? Debes dejar de pensar en ir a cada momento y dejar que descansen. ¿No te has puesto a pensar que quizás sea malo estar yendo?
—No sé a qué pregunta contestar primero. Pero quiero ir, al menos dejemos algunas cosas para que pasen San Valentín de buen modo. Apuesto lo que sea que les encantaría tener una noche especial. Y tal vez tengas razón, pero son almas que aún siguen en este asqueroso mundo, podemos hacerlo mejor para ellos.
Sin decirme nada más, arranca nuevamente con una sonrisa y, con su mano libre, toma mi mano que descansa sobre mi muslo.
—No sé qué haría sin ti en este asqueroso mundo, pero de una vez te digo, que si algo pasa después, que esté relacionado con lo paranormal, todo, todo en absoluto será tu culpa.
—Acepto la responsabilidad.
Me inclino a besar su mejilla y dejamos pasar el resto del camino en silencio.
La cena resultó tranquilízate, el lugar fue uno de los lugares mejores seleccionados donde el ambiente, nos envolvió en una cálida y deliciosa manta de la que pudimos disfrutar, nos arrancó de la realidad aunque por un pequeño lapso.
El camino de regreso a casa también fue en silencio, no sabía cómo sacar el tema de la visita que tenía planeada.
—¿Entonces estás de acuerdo con que vallamos a la casa? —logro preguntarle en una luz roja, aunque mi garganta se ha quedado seca.
—Estaba pensando en eso, tal vez no es necesario hacerlo, amor. Entiende, debemos respetar su… Intimidad y el estado en el que se encuentran.
En algunos momentos, abusaba de mi posición en el auto para ver disimuladamente sus expresiones, pero se mantenía con la mirada frente al volante, sus labios ligeramente curvados y ambas manos en el volante —lo que nunca hace porque siempre deja una sobre la palanca de velocidades o sobre mi pierna—, me hacen querer adentrarme en su cabeza.
—Lo siento, pero sabes cómo me pongo.
—Lo sé y por eso me enamoré de ti.
El auto apagado, adentro de la cochera y sin nada más que agregar, salimos de este para entrar a la casa, la cual, a oscuras, luce un poco tétrica.
—Deberías tomar una ducha. Supongo que tú cabeza a planeado mucho para mañana.
—No te burles de mí —empuño mis manos en un plan de defenderme de su antiguo comentario, pero sus reflejos son rápidos y envuelve mi cuerpo con la misma fuerza con la que me sostuvo al conocerme.
—Nunca me burlaría de ti. Es más, ven.
De la mano, nos conduce a la ducha y en ella, ambos nos perdemos en más que una ducha verdadera, puedo decir que sus caricias y su cuerpo son más cálidas, al estar totalmente pegado al mío, que el agua al cubrirnos.
La ducha terminó no porque quisiéramos sino porque nos urgía terminarla. Con un movimiento de los que mantenía en práctica para hacerlos más que eso, me deja tendido a su merced, sobre las sábanas y cubierto por su cuerpo el cual aún está húmedo, y por el cual mi corazón se acelera.
Sus ojos verdes, recorrían todo mi cuerpo al igual que sus manos, las cuales, a pesar de ser levemente ásperas, me hacían sentir que todo mi cuerpo y alma era suficiente para él, era suficiente para hacerme creer que yo lo era todo para él.
•
Al día siguiente, después de despedir a Geo, trato de apresurar todos los pendientes, pues no estaba seguro de a qué hora pudiésemos regresar de la casa. Sin pensarlo más, voy al supermercado para abastecer la alacena y comprar algunas cosas para ellos. Lo primordial, una botella de… ¡Maldición!
Y ahí estaba yo, en medio de todo un pasillo de bebidas alcohólicas, debatiéndome ante la idea de si los fantasmas comen o beben. No estaba del todo seguro y empezaba a temblar por la posibilidad de que se enojaran por llevarles algo que no pueden comer.
La realidad viene a mí cuando mi debate es interrumpido por mi celular.
—Hola —respondo al ver su nombre en la pantalla.
—Hola, mi amor. ¿Qué haces?
—Literalmente en problemas. ¿Sabes si los fantasmas comen o beben?
—Ay Gus, sí para algunas creencias.
—Supongo que eso me basta.
—Iré por ti en una hora.
—¿Qué? No sé si vaya a estar listo el pastel para entonces.
—Pues apresúrate, mi increíble secretaria es una… El técnico tardará un día en echar andar el sistema.
—Diablos. Bien, me apuraré.
Finalizo la llamada y tomo la primera botella de champagne que está a mi alcance, con pasos enormes llego a la pastelería y tomo el primer pastel no tan grande, el pastel necesario para una pareja como ellos.
Regreso a casa con 20 minutos antes del tiempo que Georg estimó. Subo a la habitación y rápidamente tomo un pantalón, una camisa, tomo mi loción, algunas otras pequeñas cosas del armario junto al regalo para Geo y bajo nuevamente, sólo para tomar las cosas que he comprado.
Sin poder darme la oportunidad de tomar un respiro, corro a la puerta para salir al encuentro de mi esposo, quien me espera afuera del auto, con las manos en los bolsillos y sus gafas tipo oficinista.
—Hola, amor —le saludo al estar a su lado, besa mis labios y me quita lo que tengo en las manos.
—Hola, bebé. ¿Es todo?
—Sí. No me diste tiempo para hacer algo más.
—Vamos, Gus, eres el único aquí con el plan desde octubre, tuviste mucho tiempo porque no ibas a aceptar que te dijera que no.
Y no había como argumentar otra cosa, él había ganado.
El recorrido fue silencioso, me gustaba más así, escuchar la música de fondo mientras mis ojos se deleitaban con la visión. Estaba creciendo su barba, su cabello apenas había sido recortado hace un par de días, sin dejar pasar el factor de que el interior del auto olía a él.
—¿Qué ocurre, cielo? —me pregunta pero no me inmuto y sigo mirándolo.
—Eres tan guapo, apuesto, atractivo para el ojo humano y aquí estás, conmigo. ¿Te pusiste loción aquí en el auto?
—Sí, sabes por qué estoy aquí contigo. Y siempre lo hago antes de entrar a casa. Hoy no entré pero se me hizo costumbre.
Me tiene embobado, como cada día desde que lo conocí. Me mantengo quieto en mi lugar, a observar cada movimiento que hace y la destreza con la que gira el volante.
—Bien, llegamos. Sólo te diré algo, amor… Entramos, dejas lo que tengas que dejar y nos vamos. No me gusta jugar con esto.
—No estamos jugando, sólo venimos para hacerles compañía. Además no son malos, si lo fueran nos hubieran hecho algo desde un principio. Ves muchas películas.
—Basadas en hechos reales. No lo olvides.
Ruedo los ojos y avanzo con las cosas a la entrada de la casa, esperando a que él abra la puerta.
Al tener libre acceso frente a mí y, con algo de temor infundado por el hermoso hombre detrás de mí, entro lentamente a la casa. Una casa que recordaba un poco más vieja, con un aire tétrico, frío, casi olvidado. Ahora no parece así del todo, se me antoja cálida, llena de luz, como si alguien hubiera venido a arreglar algunas cosas.
—¡Hola! —aunque trato de levantar la voz para hacerme escuchar en toda la casa, mi voz se mantiene temerosa a mi pesar—. Chicos, somos Georg y Gustav. Estamos aquí porque fue mi idea, como en Navidad. Sé que puedo ser molesto pero se me ocurrió que podría traerles algo para que puedan festejar este día. Ya saben, San Valentín.
—Gus, vámonos.
Entonces, como si se tratara de alguna señal, una corriente de viento entra por la casa, dejando una estela de polvo y tierra que señala hacia las escaleras.
—Vamos —le pido a Geo.
Llego al piso de arriba con Georg detrás de mí, la puerta de la habitación está abierta para nosotros, dando una bienvenida que —pienso—, ya esperaban.
—¿Sigues creyendo que es buena idea?
—Sólo ven.
Tomo su mano y lo hago entrar conmigo a la habitación.
Está exactamente igual a la última vez, con los regalos de Navidad en sus respectivos lugares. A mí parecer no ha cambiado nada, la decoración bien puesta, los muebles sin sacudir, hasta la ropa de cama aparenta que está lista para recibir a sus propietarios, todo se mantiene inmóvil y es cálido aunque puedo decir que el ambiente es un poco tenso. Quizás sí es una mala idea el estar aquí después de todo, son fantasmas, almas atrapadas en esta dimensión y yo aquí, queriendo que pasen un momento bello ya que se quedarán aquí por mucho tiempo.
—Bebé…
Giro en mis pasos para ver a Geo quien no se ha movido ni un ápice del marco de la puerta. No me dice nada pero su mirada está fija en el espejo junto a la puerta.
Sin poder creerlo del todo, con mi corazón latiendo al mil y con un esposo casi petrificado, leo un mensaje escrito encima del polvo.
“Gracias por venir, estamos contentos de recibirlos”.
—No es nada —mi voz apenas sale—. Bueno, sólo traemos algunas cosas —como la última vez, hablaba al aire, sin saber qué quería escuchar, sin esperar conscientemente otra respuesta de alguna manera espeluznante. Quizás mi madre tenía razón en decirme que nunca sé lo que hago.
—Termina con esto y vámonos. Me pones de nervios.
—Discúlpenlo, pero es la primera vez que experimentamos esto. Dejaré aquí la botella y el pastel. Espero que les guste, quería hacerlo por mí mismo pero Geo no me dejó.
—Eso no es cierto, sólo te dije que pasaría por ti en una hora.
—Es lo mismo, me llamaste una hora antes de eso.
—¿Y yo qué iba a saber que esa niña arruinaría el sistema?
—Como sea, esperamos que se la pasen bien. Nosotros también tendremos una cena y festejaremos nuestro… Bah, no cuento los años, sólo sé que en un San Valentín, me pidió que fuera su novio.
—Gustav, no creo que quieran saber de ese día.
—Estabas tan nervioso que nunca olvidaré que tomaste mi mano y la mojaste toda.
—No sabía cómo pedírtelo. Eras tan tímido y a la vez tan abierto a nuevas ideas, no como yo, estaba tan encasillado a mis ideas, luego te conocí.
—Y me mirabas raro, no lo entendía.
—No hablabas con nadie. ¿Cómo querías que me acercara si mirabas a todos con cara amenazante?
—No los veía de esa forma, sólo estaba cuidándome de gente como tu amigo.
—No era mi amigo. Él sólo tenía cabeza para molestar a los demás. Como sea, ese día de San Valentín fue el mejor de mi puta vida.
Habíamos olvidado donde estábamos, sus pasos lo dirigieron al centro de la habitación, donde yo me encontraba acomodando en un pequeño mueble el pastel y la botella, junto con dos copas y los pequeños regalos que hice para la pareja. Pero estos últimos no cabían, así que dejé de intentar cuando sus brazos rodearon mi cuerpo por detrás.
—Te amo —su susurro fue sólo para mí, pero el movimiento del mueble frente a mí, nos hizo regresar a la casa donde habíamos entrado—. ¿Qué fue eso? —pregunta alterado a la vez que toma mi mano.
—¿En serio preguntas eso?
De repente, un cajón del mismo mueble frente a nosotros, se abre para dejarnos ver lo que en él contenía. Y su contenido sólo trataba de un par de cuadernos.
—¿Querrán que los veamos?
—Tal vez.
Tomo uno de ellos, abriéndolo y notando que en sus hojas amarillentas, se halla una caligrafía de orgullo, redactando en cada línea sentimientos, belleza, amor pero sobre todo, tristeza y rencor.
Las primeras líneas del primer cuaderno, transmitían el más puro amor, sincero e inocente. Un hermano que va abriendo su corazón —difícilmente al otro—, claro que resultaba difícil de expresar, aún no entendía como eso había sucedido, pero no era nadie para juzgar a un par de almas atrapadas en este mundo.
Con el paso de las palabras, iba entendiendo un poco mejor y, con las palabras en el cuaderno que Geo sostenía, pudimos descifrar lo que querían decirnos.
El 14 de febrero resultaba una fecha importante, pues ambos habían dicho al otro lo que estaba pasando, ese día se había convertido en uno de los más especiales para la vida de ambos. Las palabras reflejaban la felicidad, pero en algunos párrafos, dejaban que la frustración y el enojo hiciera aparición en la caligrafía. En algunas hojas, se podía apreciar la tinta corrida, como si alguien hubiera dejado caer pequeñas gotas de alcohol para que la tinta se diluyera al rededor de la palabra, podría pensar que no era alcohol y era el resultado de las palabras plasmadas, aquellas que al leer, se entendiera que nadie iba a estar de acuerdo y, que a pesar de ello, seguirían juntos, a pesar de que medio mundo, o el mundo entero, estaría en contra de los amados.
No entendía el por qué querían que supiéramos todo por lo que tuvieron que pasar, sin embargo, fue duro el darse cuenta y peor aun, al leerlo de sus propios puños.
—A pesar de todo… Siguieron juntos y eso es lo que en verdad cuenta, que hayan defendido su amor —salió mi voz con un deje de admiración y a la vez de descontento por parte de aquellas personas quienes los rechazaron.
No era un tema especialmente típico en ese tiempo y, aunque sea conocido y particularmente un tema completamente histórico, las personas no disfrutaban de la palabra incesto, sin embargo, sabemos que el corazón es, en su totalidad, un contrariado de nuestra lógica. Siempre yendo hacia lado incorrecto, siempre desafiándonos y hacernos sentir la muerte. Claro, no siempre es así, pues cuando estamos con la persona que ha elegido, nos hace sentir más que vivos, es una sensación de salvación y de la cual, nos rehusamos a abandonar.
Todo parecía ser perfecto al final de todo, pues estaban juntos aunque atrapados en un mundo al cual ya no pertenecían. Ese pensamiento, me lleva a la conclusión de, ¿qué fue lo que pasó para que eso sucediera?
—¿Por qué están aquí?
—Amor, no debes preguntar eso. No deberíamos estar aquí.
Georg deja sobre el mueble el cuaderno que tenía anteriormente, sólo de repente comenzaron a cambiarse las páginas hasta quedar en una en blanco, pero no por mucho tiempo permaneció así, en segundos comenzaron a plasmarse letras, palabra y oraciones que daban un mensaje claro.
«No tengas miedo, tu pareja es tan puro y comprensivo, debes estar orgulloso de estar a su lado. Nosotros estaremos bien, tenemos mucho tiempo en este mundo y no importa, siempre y cuando estemos juntos».
—No tengo miedo y por supuesto que estoy orgulloso, solamente digo que si están aquí, debemos dejarlos en paz. Es todo.
—Sí, tienes razón, tenemos que irnos. Es día de San Valentín y ustedes tendrán algunos planes por cuenta. Espero que Geo me deje venir para revisar la casa y para hablar con ustedes aunque sea un poco.
«Son bienvenidos y gracias»
Se dibujó nuevamente en el espejo junto a la puerta. Me alegraba por una parte que sintieran aprecio y a la vez, mis dientes chocaban con los superiores al pensar que nuevamente se presentaban hechos como ese.
Georg se adelantó para encender el auto después de dejar en la habitación, los pequeños regalos que yo había dejado que sacara del auto, yo también debía irme, pero algo no me lo permitía. Volví la mirada hacia la sala antes de salir, entonces mis ojos se enfocaron en una hoja de periódico, haciéndome sentir curiosidad y la tomé. Leí desde el encabezado hasta la última línea.
Iban a tirarla, el plan estaba en proceso, ya tenían todo preparado y no les importaba que esta casa siguiera siendo de mi esposo.
—¡Geo!
No pretendía asustarlo, no era mi intención el gritar como si estuvieran cercenando una parte de mi cuerpo, pero por la forma en la que corrió hacia mí, me hizo saber que tenía que disculparme, pero quizás después.
—Por Dios, Gustav. ¿Quieres matarme de un susto?
—No dejes que hagan esto, por favor. Mira, haz algo, no pueden derribar esta casa.
—¿Y qué pretendes que haga?
—Es tuya, tú la compraste. Bueno, nosotros, por favor, no dejes que la tiren. Ello están aquí.
—Amor, nadie más va a habitarla. ¿Quién va a mantenerla?
—Yo. Yo puedo venir y arreglarla cuando algo esté fallando, la pintaremos cuando sea necesario, pero por favor, haz algo.
Sus ojos se mantuvieron fijos en los míos por unos segundos, después de eso miró a los alrededores, todo se mantuvo en silencio y luego de unos minutos, una de las puertas se cerró de golpe, entonces las demás luces se apagaron, dejando el ambiente un poco cálido, sólo un poco.
—¿Qué está pasando? —me atrevo a preguntar.
—Supongo que saben mi respuesta.
Su sonrisa, sus ojos brillantes al mirarme y sus labios irresistibles, me provocan la más maravillosa euforia y por ello, me abalanzo a sus brazos.
Desde la ventanilla del auto, veo la luz encendida de la habitación donde hemos dejado los regalos. El camino es medianamente largo, pero el fin del atardecer con el inicio de la noche, hacen del camino uno misterioso.
—Gracias, amor. Gracias por comprenderme y cumplir mis absurdos caprichos. Gracias por estar conmigo.
—Eres el hombre más maravilloso del maldito planeta, ¿por qué no lo haría?
—Porque a veces siento que eres alguien irremplazable, alguien a quien sólo le prestaron la vida y que la estás ocupando toda para estar con este idiota.
—Pues es cierto, no tenemos la vida garantizada pero, volvería a elegirte sin dudarlo.
Con una de sus manos en mi pierna y la otra al volante, llegamos a casa, para dejar el plan principal en un segundo plano.
Subimos a la habitación aunque con algo de dificultad, sólo fue necesario encender el interruptor con un beso de esos con los que no importa la falta de respiración, de esos con los que no hace falta más contacto porque es suficiente, es vasto.
Sus manos expertas, ejecutan la misma estrategia de la primera vez, empezando por quitar las gafas de mi rostro y siguiendo con mi ropa para después quitar la suya tan lentamente, como si se tratara de una bella poesía que se disfruta palabra por palabra.
Sus besos por todo mi cuerpo, sus caricias en cada rincón de mi piel, su cuerpo unido al mío. El mundo mortal dejaba de existir con ese ritual, así mismo podía dejar de existir y ya nada importaría.
FIN
Me encantó escribir esta historia que empezó como desafío y se convirtió en una experiencia muy bonita porque nunca había escrito algo igual.
Muchas gracias por todo el apoyo, desde ustedes lectores hasta nuestra querida y bella Mizuky.
Espero que les haya gustado y espero leer sus comentarios.
Muchísimas, muchísimas gracias 😘