
«Llámame»
(One-Shot de Xim_Alien)
Recuerdo cómo fue la primera vez que lo traje a casa, estaba lo suficientemente ebrio como para no poder sostenerse en pie. Recuerdo que lo había visto en la acera, afuera del bar frente a la universidad de la ciudad. El bar estaba repleto de chicos como él. No, nadie era como él, quizá eso llamó mi atención y por eso lo estaba siguiendo desde unas semanas atrás. Él ya no podía mantenerse erguido y aproveché que nadie le prestaba atención en ese preciso momento. Con la cara gacha, él vomitó saliendo estrepitosamente, lo tomé de la cintura y lo llevé a mi coche sin pedirle permiso. De pronto, pensé que estaba haciendo todo mal y que debería dejarlo en su casa, dirección que ya también conocía. No di marcha atrás, no giré en el próximo retorno y aunque lo miré mil veces a través del retrovisor, no me arrepentí y lo llevé a mi departamento.
Ese día había terminado más o menos bien, pues no tenía otra cama así que dormí en el sofá. Recuerdo que cuando lo metí en la bañera, se despabiló solo un poco porque me sonrió, quise ignorarlo por las obvias razones, sabía que al día siguiente iba a gritarme y a acusarme de secuestro. Terminé de bañarlo —lo mejor que pude, al menos para quitarle los restos de vómito—, y lo llevé a dormir. Recuerdo que ocupé la mitad de la noche en lavar su ropa, al menos quería que su camisa quedara limpia después de todo lo que había recibido de su dueño.
Al día siguiente no pasó nada de lo que había imaginado. Desperté cuando escuché su grito haciendo ecos por toda la habitación.
—Hola, buenos dí…
—¿TÚ QUIÉN DIABLOS ERES? ¿QUÉ HAGO AQUÍ? ¿POR QUÉ ESTOY AQUÍ? —me interrumpe con gritos abrumadores.
—Oye, tranquilízate. Mi nombre es Thomas, puedes llamarme Tom y te traje aquí porque ayer estabas muy ebrio y solo en la calle. Si quieres puedo llevarte a tu casa ahora.
Como si hubiera dicho una palabra clave o como si de pronto lo hubiera hecho salir de un denso letargo, se tranquilizó al nivel de verme con estremecimiento pero completo entendimiento. Sí, era eso, había entendido todo y yo nada.
—¡Ya sé quién eres! Escucha, no trates de hacerme creer que estás cuidándome o algo, sabes perfectamente quién soy, a dónde voy y con quién estoy a cada hora del día. No me digas que me trajiste porque yo no podía caminar o algo parecido a eso. Solo dime por qué estás tan ocupado en seguirme y por qué yo. Me has seguido tantos días y lo único que sé de ti es que eres meticuloso y a la vez estúpido. Te he visto siempre. Ni siquiera te preocupas por eso.
Trataba de hacerle escuchar las palabras correctas, quería decirle que estaba enamorándome de él pero que mi mente estaba perturbada y que por una terrible razón, ella lo había elegido. En mi mente se formaban todo tipo de oraciones con las que era posible expresar lo que sentía y quería. Sin embargo, ninguna salía de ahí.
—¿Y bien? —pregunta desesperado por una respuesta.
—De acuerdo, voy a decírtelo todo, pero es importante que me escuches, que me dejes explicarte y después, podrás preguntar lo que quieras.
—Adelante.
—Te he estado siguiendo por varias semanas. Te vi un día cuando ibas con un chico, él parecía ser mayor a ti y tú ibas detrás de él, gritando a mitad de calle. Él se volvió a ti y te pegó, lo vi todo desde mi coche, estaba parado en un semáforo en rojo. Tú te quedaste estático y no pudiste seguir adelante, te quedaste ahí, en el mismo punto y yo tuve que irme. Seguí ese día a ese muchacho, parecía ser el más desgraciado y el peor hombre del mundo por no saber lo que había hecho contigo. Después no volví a verlo hasta hace unos días, ibas saliendo de la universidad y él estaba ahí afuera, cuando lo viste pude ver que temblaste, no creíste que fuera real su presencia e ibas a irte pero él te detuvo y te llevó hasta su motocicleta. Los seguí pero perdí su rastro cuando entró a un edificio.
—En verdad eres estúpido.
—¿Qué?
—Te pedí que me dijeras por qué me sigues y por qué yo, no qué tanto has visto de mí y qué tanto conoces de mí.
—¿No lo entiendes de verdad? Te sigo porque creo que estás en peligro, quizá ese muchacho es importante para ti, pero estás estudiando, tienes cosas más importantes y no puedes desperdiciar tu vida con él.
—Ah, ahora dirás que te enamoraste de mí. ¿No crees que eso está ya demasiado gastado?
—No. No es solo eso. En verdad quisiera ayudarte. Quiero que te quedes y que estés bien.
—¿No es solo eso? ¡Explícate! ¿¡Por qué yo!?
—No puedo, al menos no ahora. Si quieres saberlo todo tendrás que esperar.
—Pues no tengo tu tiempo. Además, tengo que irme.
—Yo puedo llevarte.
—No, iré a casa de mi madre y tengo que irme ya.
—Bien, yo te llevo. No tengo nada qué hacer.
—Como quieras.
Recuerdo que me salí de la habitación, rendido, cuando él hizo a un lado la sábana dejando al descubierto partes de su cuerpo.
Pude invitarle un café en el camino, no había desayunado y el café parecía una buena opción, pues no había aceptado uno casero que yo le ofrecía.
—Aquí es.
—De acuerdo. Dejaré que te vayas pero con una condición.
—¿Un día y ya vas a darme un ultimátum?
—No —respondo a su sonrisa retadora—, no es del todo un ultimátum, solo quiero que tengas en cuenta que puedes llamarme si tienen algún problema.
—¿Quieres que yo te llame por cualquier cosa?
—Así es. Cualquier cosa, a cualquier hora. No importa cuando sea.
—Bien. Lo haré.
Acepta mi tarjeta de presentación donde, de forma impresa tiene el número de mi oficina y mi número móvil. Con otra sonrisa, él se despide y baja de mi auto con mi tarjeta y su vaso de café en la misma mano. Cuando está frente a la puerta de la casa, vuelve a mí y se despide con un gesto amable y agradecido y moviendo su mano en el aire. La puerta se abre y entonces dejo de ver esa figura alta, delgada, de cabello rubio y piel clara.
En ese momento supe que estaba volviéndome loco, conocía todos los síntomas con base en mis sentimientos. También sabía que no iba a ser fácil de retroceder o de hacer que eso desapareciera. Ya había tomado mucho tiempo en intentar superarlo y nada de eso había funcionado. Ni siquiera las miles terapias psicológicas y las otras alternativas extremistas. Nada.
Ese día volví a mi departamento, olvidando la junta que tenía planeada en las próximas horas. Abrí nuevamente el closet que mantenía cerrado ya desde hacía tiempo y lo vi, a él. Lo que había quedado de él.
Su mirada me daba una calurosa bienvenida, sus brazos se extendían a mí pidiéndome abrazarlo y sus demás extremidades, pedían atención de mi parte. Pero no pude hacerlo. En lugar de eso, solo le dije lo siguiente.
—Ya no puedo hacerlo, encontré a una persona y no quiero decirte que voy a remplazarte porque eso jamás pasará, nadie podrá ocupar tu lugar. Nunca haría algo así con nadie. Sin duda, es parecido a ti pero jamás te igualará. Creo que puedo intentarlo y quisiera que por favor, intentaras esto conmigo. De todas formas, siempre estarás aquí, para mí, porque ambos prometimos estar para el otro. Esa promesa jamás podrá romperse. Promesas como esas jamás se olvidan.
Ese fue el último diálogo con él. O al menos, hasta ese momento.
F I N
¿Qué les pareció? Si te ha gustado, te invitamos a leer la continuación, llamada «Descansa en paz». Gracias por leer.

¿Qué?????????
O sea, ¿qué? Quedé con mil dudas, me encantan estos fics así, que te hacen pensar, pero mejor ni te digo las ideas que rondaron mi cabeza cuando Tom abrió el closet muajajaja, hasta me lo imaginé de malo, con alguien secuestrado ahí metido jijiji. Gracias por la historia. No dejes de escribir.
Ayyy gracias, hermosa. Créeme que tendrá continuación esta historia 🙊
Siiiiiii
Es que te juro me quedé como castigando a mi pobre mente por pensar cosas tan morbosas y luego me puse a recriminar todas mis elecciones de series en Netflix, así que de verdad espero que Tom sea malo y no que haya perdido a alguien importante y sólo tenga fotos suyas en el closet
Definitivamente eso no 🙈🙉🙊