Notas: ¡Me estreno en este foro recién descubierto con nueva historia! 🙂

PRÓLOGO

No los conocía pero ellos a mí sí. No me dijeron mucho, solo me dieron un objetivo y la mitad de la paga por adelantado. Sin presentaciones, palabras de más, solo un saco con las 500.000 monedas de oro y un mapa hecho con carbón sobre el que se esbozaba el castillo de la capital, por el que tenía que acceder con un objetivo: Robar la Corona.

Pero nadie en su sano juicio robaría una corona, nadie lo haría a menos que quisiera morir. Un fallo, un solo ruido, una tela de araña que se despliega de su sitio, el tintineo de las flechas que llevo en el carcaj o de los botijos de veneno, ¡solo un sonido sería suficiente para despertar al rey de su letargo!

No sabía quiénes eran aquellos hombres pero pagaban bien y parecían dispuesto a todos con tal de tenerla. Yo pensé lo más obvio ¿para qué arriesgarse? Coge le dinero y vete… pero luego pensé ¡coge el dinero y el mapa, entra en el castillo y roba la corona para luego venderla!

Sin embargo una pregunta me perturbaba ¿para qué iban a querer tres encapuchados una corona? En mi opinión eran ladrones, malos, además… o puede que tuviesen planes…

Me perturbaba notablemente la situación en general, el encuentro, el cofre de dinero, el mapa, la corona, las dudas de si hacerlo o no, si aceptar el dinero o no, si robar al rey o no, si irme o no… Pero era una pieza de torta tan suculenta que ni yo podía contenerme. El asunto apestaba a cadáver de tres semanas. Era obvio que aquello debía ser una trampa, pues nadie se preocuparía por una simple tiara a menos que no fuese importante y no solo monetariamente, pues habían joyas de sobra en la isla como para alimentar la codicia de jóvenes saqueadores, experimentados y veteranos, joyas que superaban el valor de la corona hasta el punto de dejarlo en mera sortija. Entonces empecé a indagar, porque aquello debía contener mucho más de lo que realmente se mostraba…

Recorrí las tabernas de norte a sur para hacerme con toda clase de rumores, cuestioné a magos, hechiceros, brujas, gnomos, enanos y elfos pero nadie sabía más de la corona que yo…

Entonces encontré a un brujo tuerto octogenario  que parecía conocer algún secreto de la corte y fue él quien me murmuró a través de sus tres dientes podridos de sarro que la corona estaba encantada… que era la fuente de poder del Rey y que si tenías la corona tenías su magia y precisamente… los encantamientos de su majestad son de un alto nivel casi imposibles de igualar por otro mago vivo o muerto…

No tardé ni una semana en decidirme cuando partí hacia la capital donde una bruma ascendía por las calle como un siniestro transeúnte que colmaba la acera de piedra con un rastro de humedad que volvería el suelo resbaladizo para los aldeanos que desde hacía horas armaban sus puestos en el mercado, listos para vender pescado, carne, cereal, especias y hiervas medicinales.

Siguiendo la línea de la plaza, ascendí con la mirada por la calle principal hacia el final de las callejuelas estrechas que desembocaban en un puente que comunicaba el castillo, subido en la más alta elevación, con el pueblo.

Y ahí, bajo la piedra, la madera y el metal se escondía lo que me había sido encomendado buscar, la corona, un anillo para la cabeza del magno rey de nuestra era, una aleación de oro en el que se incrustaba diamante y obsidiana, los colores del estandarte de su majestad William de la dinastía Kaulitz, Rey de Suburbia, Mago del Rayo y el Trueno…

¡Poco me pagaban por exponerme a la ira de tan volátil hombre! Pero por suerte soy lo suficientemente estúpido y astuto como para arriesgar mi vida para robar la corona.

Notas finales: Muchas gracias por leer *_*

por administrador

Administradora del sitio

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!