Notas: No, no es el epílogo aún, es un capítulo más que sé que les gustará…

Capítulo 22

Berlín

Quizá nunca hubiese vuelto a creer en la magia de no ser por él…

Las cigarras seguían cantando en los árboles y en los matorrales que se alzaban en el enorme jardín con piscina, pero su canción se había vuelto triste y melancólica y anunciaba el final de otro verano. La universidad ya había vuelto a abrir sus puertas. Los días serían implacablemente cálidos y pegajosos durante otro mes como mínimo, pero la nueva frescura que impregnaba el aire de la noche era una señal de que el manto dorado del otoño se iba aproximando. Había un chico nuevo en la universidad, como ocurría al comienzo de cada año escolar. Ese año el chico nuevo era pálido y de aspecto algo frágil y llevaba el rostro perfectamente maquillado y el cabello demasiado largo para lo que exigía la moda actual. Era delgado y muy alto, la línea de sus omoplatos era tan nítida y bien definida como las articulaciones de las alas de un pájaro. Parecía que nada le importaba, aunque era sumamente cortés y educado. Siempre iba de aquí para allá vestido como si fuera una estrella de rock, con su melena negra, larga y lisa como una cascada y parecía estar envuelto en una aureola de tranquila seguridad, no había nada arrogante o presuntuoso en el. 

Nunca estaba del todo solo, los hombres de la universidad le tachaban de marica y aunque querían golpearle, nunca se atrevían porque había algo en los impresionantes ojos húmedos de aquel muchacho que los detenía, una sombra salvaje de un pasado muy peligroso y letal; en los ojos del extraño chico pelinegro vivía la sombra de la muerte. Las chicas en cambio lo encontraban encantador y lo seguían entre clase y clase, parloteando alegremente con el; y al terminar el día en la universidad, salía caminando con un ritmo hipnótico que era contagioso hasta subirse a la preciosa camioneta Land Rover blanca con cristales ahumados que siempre le estaba esperando …

Aquel chico era Bill Kaulitz Trümper.

Cinco años habían transcurrido desde el episodio que él ya había olvidado, pero que corría en cada gota de su sangre: su difunta familia anterior, la huida, la emboscada y la recuperación. 

Tom, quien ahora era director de un prestigioso estudio de grabación, había cumplido su promesa al pie de la letra, y había hecho feliz a Bill, abarcando todas las aristas de la crianza, desde las sesiones de terapia con Georg, que habían obrado maravillas, los viajes, las fiestas de cumpleaños e idas al cine, los paseos y caminatas sin rumbo, las tareas, las vacaciones, las navidades, los árboles adornados con mil focos y esferas de colores y verdaderos mares de regalos, las enfermedades e idas al doctor también, hasta incluso un par de años con ortodoncia, berrinches y dolor.

Ahora, el chico lucía una hermosa dentadura, perfecta y blanca de colmillos afilados. 

La vida con Bill había resultado ser maravillosa, Tom había tomado un Niño roto y maltratado y lo había transformado en un chiquillo que se sabía amado con locura, cuidado y protegido como el más grande tesoro del mundo. Le había devuelto la seguridad. Georg y él lo habían logrado, lo habían reconstruido y eso le había dado a Tom más felicidad de la hubiera podido imaginar, aunque no todo había sido miel sobre hojuelas, como sucede en una vida de convivencias y Georg, que se volvió una parte fundamental en la extraña familia del músico, entraba a auxiliarlo.  

Ambos habían visto los alucinantes cambios de Bill con plácida ensoñación, desde el desprendimiento de los últimos retazos de su más tierna infancia, la entrada a la pubertad y los enloquecidos cambios hormonales, hasta la adolescencia y sus placeres, donde la desproporcionada belleza del niño se había acentuado, y es que el sólo observar a Bill era ya un deleite. Y por eso mismo, cuando Tom no podía más, o sentía que estaba a punto de cometer alguna insensatez, Georg se llevaba al niño consigo hasta que Tom, empujado por la añoranza, que usualmente no duraba ni un día, iba a traer a Bill de donde sea que estuviera y dormía aferrado a el. 

Gustav también había cumplido su palabra y gracias a las esporádicas llamadas de información, no habían tenido que mudarse de Alemania, la única advertencia que les había hecho es que Bill no debía mostrarse mucho en público, su vida estaba en un peligro latente pues aún algunos de los clanes de la mafia rusa no habían olvidado ni perdonado su traición, así que Bill vio frustrado su sueño de volverse un cantante de fama mundial.  

Vivían en la misma casa de Tom, aquella pequeña y elegante casa con su césped bien cortado, su piscina iluminada, y los muebles de diseño de Lenny Kravitz*, el único cambio era la habitación que antes de Bill fuera la de juegos, y qué pasó a ser el refugio del niño. Además de todas las consolas y videojuegos, Tom había reemplazado el sofá negro por una cama matrimonial para Bill y muebles de chicco, con acabados sobrios en tonos azules y marfiles, y Bill, con el paso de los años le había dado su toque personal con pósters de sus cantantes y artistas favoritos, la pantalla de plasma con un dvd, su extensa colección de muñecos de HaloReach, un retrato de la pequeña Deliverance, y su escritorio con la computadora portátil, la mochila de la universidad y varias torres de libros, aunque en contadas ocasiones dormía ahí… casi siempre dormía con Tom, porque las pesadillas horribles que tenía constantemente le perseguían sin descanso, y cuando despertaba, sudado y sollozando, Tom lo envolvía entre sus brazos y canturreaba con su voz ronca hasta que Bill volvía a dormir. 

 

Y ahora, cinco años después, justo en el cumpleaños número dieciocho de Bill, Tom iba manejando. Aflojó un poco la presión de sus dedos en el volante y clavó los ojos en la noche que centelleaba frente a él. 

Por Dios, que tenso estaba…, primero el amanecer de aquel día, en soledad, porque Bill estaba algo indignado con el, luego la cena en un restaurante al aire libre con Georg, en honor a Bill quien no había querido fiesta de ningún tipo. Y por último, las súplicas en los ojos  de la no tan pequeña súper Estrella. 

Tom le dirigió una mirada repleta de inquietud a la pequeña e inocente bolsa que estaba en el asiento vacío del copiloto, como si las letras rosadas que coronaban un corazón alado fueran a volverse de repente en una horda de arañas venenosas. Pero era solamente una bolsita que ocultaba una botellita de lubricante, por si acaso, porque se lo había prometido…

Tenía los nervios tan de punta que parecían vibrar con cada golpeteo de las ruedas que se movían sobre la carretera. Y aquello no era todo, el regalo por el decimoctavo cumpleaños de Bill iba maullando lastimeramente en los asientos traseros, dentro de una bolsa transportadora de tela roja. Era un pequeño gatito negro con collar de piel y una placa dorada en forma de huella que le daba la identidad de Ogo* 

Durante la cena, Bill había estado tan tranquilo como siempre, radiante, asombroso, con los ojos brillantes como si fueran dos estrellas, y Tom mirándolo embobado como siempre. Lo miraba intensamente, adoraba hacerlo, más aún cuando Bill ni se daba cuenta, y es que no podía dejar de hacerlo. Aún después de cinco años, el anhelo no había disminuido, sino todo lo contrario, era monstruoso. Lo deseaba con todas sus fuerzas, ya no podía esperar más pero aún así, se sentía tan inseguro, qué tal si Bill pensaba que era un degenerado o algo peor, y es que una parte de Tom, la moralista tal vez, seguía mirándolo como cuando era un larguirucho mocoso de doce años, y era eso lo que mosqueaba a Bill.

El ya era mayor, y lo suficientemente inteligente para notar que Tom estaba loco por el, y aquel sentimiento era compartido, Bill también estaba completamente flipado por Tom, lo adoraba, lo deseaba con la misma intensidad con la que era deseado, pero se frustraba porque Tom jamás lo tocaba más allá de lo necesario o fraternal. Un beso en la frente cada mañana, un beso lento que acompañaba de una aspiración muy larga, como si Tom quisiera llenarse los pulmones con su esencia, o aquellos reconfortantes abrazos de oso cuando con la noche llegaban las pesadillas horribles de Bill, en donde veía a su difunto padre como una especie de macho cabrío, con los ojos rojos inyectados en sangre y una sonrisa de maniaco llena de colmillos. Era espeluznante, pero Tom conseguía siempre expulsar los demonios de su mente con solo tomarlo entre sus brazos. También estaban los besos de saludo o despedida, o caminar de su mano aún cuando ya sabía perfectamente como cruzar una avenida el solo. Pero solo eso, nunca más allá.

«Cuando seas mayor de edad, no desesperes de más, pequeño cuervo»  era lo que siempre decía Tom, y Bill estaba resuelto; y mientras Tom manejaba hasta su hogar, casi estrellando su apuesto rostro contra el volante por puro nerviosismo, Bill ya estaba allá. Había llegado antes al pedirle a Georg, al que quería de veras, que lo llevara, después de lanzarle a Tom una mirada de advertencia; «cumple tu promesa» decían los ojos luminosos de Bill. 

No quería vivir más con el así como vivían, para Bill, Tom nunca había sido su padre, o padrastro ni nada por el estilo, por mucho que el chico hubiera montado un berrinche del quince para volverse un Trümper y dejar de llevar el Bobrikov en su apellido. El quería más, ya había llegado el momento de volverse el compañero de Tom y de devorárselo a besos a cada momento. Y Tom estaba peor que un perro en celo por el. ¿Porque demonios se resistía? «¡Ya no soy un bebé!»  Le gritaba Bill, rabioso cuando Tom se quedaba pasmado o se alejaba de él, cortado. Definitivamente aquella tendría que ser la noche. Ya era mayor de edad y quería que Tom lo reclamase como suyo, totalmente suyo, marcado territorio a besos y abrazos, a mordiscos como si fuera un animal. No le importaba. 

Por supuesto que había platicado de aquello con Georg, que era una especie de tío-padrino-terapeuta al que Bill adoraba, y le había contestado, de manera seria y hasta medio enigmática: «Deja que las cosas tomen su rumbo» pero Bill había pensado que eso era pura mierda, no había rumbo que tomar más que uno y estaba bien definido.

 

El pelinegro saltó del sofá blanco en donde meditaba hecho un ovillo cuando vio la luz de los faros de la camioneta alumbrar el salón a través del ventanal. Tom había llegado. 

Subió atropelladamente las escaleras, tropezándose al llegar al segundo piso y se encerró en su habitación dando un sonoro portazo. Su resolución lo había abandonado. 

Anduvo dando vueltas por su habitación, presa de los nervios, preguntándole al Tom Waits pegado en la puerta qué demonios debía hacer.

Se quedó quieto, agudizando el oído y escuchó a Tom entrar. Sus pasos eran inconfundibles, pesados y seguros. Ahora estaría abajo, buscándolo con sus ojos oscuros, esos ojos que lo hacían delirar. 

Bill no sabía qué hacer, y entonces pasó de Waits y se sentó en la cama, tomando entre sus manos el portarretrato dorado que enmarcaba una de las últimas fotos que le habían tomado a su pequeña hermana muerta.

«¿Que hago Deliverance?»  Le preguntó al sonrosado rostro adornado con hoyuelos en las mejillas y dientecitos como de ratón asomando en las encías. Nada. Solo silencio. Bill besó el retrato con adoración «Que vas a saber, si sólo eres una bebé, ojalá estuvieras viva»

Dejó el retrato sobre el buró y terminó por mirarse en el espejo pegado a la pared. Su reflejo le devolvió una mirada oscura y sensual de ojos brillantes color avellana delineados y oscuros por la sombra, enmarcados por dos hileras de espesas pestañas negras y largas, la nariz era recta y afilada, y coronaba unos labios bien definidos, rosas y húmedos. El conjunto era preciosamente armonioso, enmarcado por su rostro de piel marfileña. El brillante cabello negro azulado como las plumas de un cuervo le caía en suaves cascadas hasta más abajo de los hombros huesudos, sobre la chaqueta de cuero negro decorada con imperdibles y cadenitas. No entendía como es que podía gustarle a Tom, pero lo cierto es que le gustaba y podía aprovecharse de eso.

¡Bill…! — ese era Tom, llamándolo desde abajo. 

Su corazón dio una descarga de vuelcos al oírlo.

Ya voy — le respondió, suspirando por última vez antes de bajar.

La casa estaba tenuemente iluminada, únicamente las lámparas de decoración del salón estaban encendidas, además de una luminaria de ónix amarillo de piso a techo que hacía resplandecer el recibidor, y en la cocina una tira de tres bombillas de luz indirecta desparramaban a chorros su luz amarillenta como la llama de una vela.

Tom estaba recargado sobre sus antebrazos en la barra que separaba la cocina del comedor, resplandeciendo en aquella calma amarilla y naranja y miraba intensamente las escaleras y al recién aparecido Bill, envuelto en su encanto de siempre, dejando de lado la imagen de depredadora sensualidad que emanaba de él. Su bajo vientre se sacudió. Y parecía que ni cuenta se daba, y Bill a su vez tanteaba a Tom, y estaba embelesado por su apariencia. El músico tenía un estilo más relajado que antes, ya no llevaba rastas, ahora su cabello lacio estaba más corto y Tom seguía anudándolo en la nuca. Tenía el cuerpo marcado por todos lados y aquella mirada capaz de paralizar el corazón, y cuando sonreía, se le formaban unas adorables arruguitas alrededor de los ojos.

Hola — saludó Bill, luciendo tímido como siempre. Jamás había perdido eso, desde el día que llegaron del hospital hacía más de cinco años, y al músico aquella timidez lo enloquecía más. 

Ven aquí — dijo Tom, autoritario a su vez. Sonreía de lado y sus ojos de fuego cobrizo no se apartaban de Bill, y pronto lo tuvo frente a él, a la misma altura. El maravilloso cabello del chico se agitaba delicadamente en su espalda cuando él se movía.  

Pero cuánto había crecido ese Niño. Era tan alto como Tom, delgado y estilizado como un joven sauce y cuando lo tuvo enfrente, le tomó las manos delgadas y blancas, con aquellas uñas perfectas y una nube de su aroma dulce le saturó las neuronas. 

Feliz cumpleaños pequeño cuervo — le dijo sonriendo, y las mejillas de Bill adquirieron un leve matiz rosado que hizo fulgurar sus ojos oscuros. Le sonrió a Tom, mostrándole sus dientes perfectos y afilados, aquellos que le habían costado una pequeña montaña de euros alinear.

Gracias —dijo Bill, avergonzado. No le molestaba y nunca le había molestado que Tom le dijera así, al contrario, le gustaba, era algo muy especial —he crecido…

Vaya que si has crecido. — le dijo mirándolo de arriba abajo, siguiendo disimuladamente los planos de su cuerpo. —¿porque no quisiste fiesta? Todos los años hemos festejado.

Porque no —dijo Bill luciendo taciturno — ya no soy un niño.

Claro que eres un niño, podrás medir dos metros pero aún eres un niño y además ese no es motivo para no festejar— añadió, sonriendo ante el semblante malhumorado de Bill. Odiaba que le dijera que era un niño. 

No soy un niño —insistió, cruzándose de brazos. Era tan jodidamente apuesto y adorable.

Tengo tu regalo… — le dijo, pensando avergonzado en la jodida botellita de lubricante escondida en el bolsillo de su chaqueta, y en la bola de pelos que aguardaba, silenciosa y escondida en su canasta.

¿Que regalo? —dijo Bill, frunciendo el ceño —te dije que sin regalos Tom — se lamentó.

Desde que Bill cumplió quince empezó a sentirse algo incómodo con los regalos de Tom, por mucho que estuviera a su cargo, era algo extraño, una dignidad profunda y añeja la que lo ponía de cabeza, y le hacía sentir incómodo.

Vamos Bill, no seas tan quejumbroso, verás como te encanta —dijo, mientras se agachaba y levantaba la bolsa pequeña y roja y la ponía sobre las manos de Bill.

¡No Tom! —gritó Bill, totalmente emocionado al escuchar un débil maullido. Abrió a toda prisa la bolsa deslizando el cierre y sacó con mucho cuidado al gatito, que no tenía más de tres meses. Lo abrazó contra su pecho, y cuando leyó el nombre escrito en la placa, sus ojos se llenaron de lágrimas.

Nunca lo olvidé…

Ogo… —dijo Bill en voz muy baja y lastimera, como se volvía siempre que recordaba su pasado; el corazón de Tom se arrugó.

El no va a escapar Bill…

No Tom… no tengo palabras… es igual a mi gatito… el que huyó — tenía un enorme nudo en la garganta. —No se como agradecerte tanto 

Vas a tener que acostumbrarte si quieres estar…

¿Estar que? —saltó Bill, todo ojos brillantes, las lágrimas hacían que sus ojos refulgieran aún más.

Conmigo… 

¿Contigo? — repitió como un loro.

Creo que nunca te lo he dicho Bill pero además de crecido estás… hermoso, y es tiempo de que seas mío… — Tom ya no podía ni iba a resistirse, y habló sin medir del todo sus palabras, solo porque no quería asustar al chico.

Y el aire salió disparado de la boca de Bill cuando jadeó, sorprendido. Tom jamás le había dicho algo así y no se lo había esperado, no así. Siempre era tan reservado, tan serio…

Tom se acercó a él en el acto, avaricioso de aquel aroma, como siempre sucedía cuando Bill suspiraba demasiado cerca, y Bill sabía lo que iba a pasar, Tom se iba a retirar de él cuando estuviera tan solo a un jodido centímetro de sus labios y el pelinegro no iba a permitir aquello. Y cuando Tom, efectivamente se detuvo casi en sus labios, el pequeño y decidido Bill acortó el espacio y encajó sus labios húmedos e inexpertos en la boca de Tom. El gato maulló molesto y saltó lejos cuando los cuerpos se acercaron. 

Si el autocontrol del músico era muy pobre ya, cuando sintió los labios ardientes y mojados de Bill acoplarse con los suyos a la perfección, su autocontrol terminó por irse a la mierda. ¿Como demonios se iba a resistir si llevaba casi seis años de su vida deseando eso? Imposible hacerlo y sus manos cobraron vida propia y terminaron por engancharse en la cadera de Bill, atrayéndolo con fuerza hacia su cuerpo y de inmediato ese potente sabor cremoso y dulce, dorado, denso, caliente y enloquecedor se extendió por su boca, impregnando cada rincón, era tan adictivo que Tom ni se lo pensó, separó entre besos los labios de Bill hábilmente y dejó que su lengua se paseara dentro de aquella boca a sus anchas, persiguiendo ese sabor, persiguiendo la rosada lengua del chiquillo adornada con un piercing, y se sintió de nuevo estremecerse de ternura al perseguirlo, pues Bill era más lento debido a su inexperiencia. Pero por muy inexperto que fuera, correspondía con ganas, restregando su cuerpo delgado sobre el cuerpo bien marcado de Tom, ahogando pequeños jadeos y rodeándole el cuello con los brazos, y cuando Tom empezó a acariciarle la espalda, desde la cadera hasta los hombros y enterró las manos en su fresca melena negra, Bill gimió más sonoramente, haciendo que Tom se encendiera más aún, pero al mismo tiempo, hizo que empezara a reflexionar. Aquello era lo que más había deseado desde que conoció a Bill, pero la cadena de circunstancias que vino después había cambiado algo de su percepción. Él había cuidado de Bill, de su vida y salud y seguridad, lo había visto crecer, lo había cuidado con su cuerpo y lo había cubierto con su tiempo, inspirado por un amor infinito que pedía a cambio nada y todo, él era su escudo, y pensó que poseerlo sería igual a mancillarlo. Era tan puro… y era precisamente esa pureza la que lo volvía loco. 

No había caso, estaba jodido. 

Y Bill que no ayudaba a que se aclarase, con su cuerpo delgado y escurridizo pegado al suyo, pero para su sorpresa, Bill rompió el contacto en ese momento, alejándose un poco. Lucía muy avergonzado y el rubor de sus mejillas ya no era tan tenue. Tom estaba jadeando igual que lo haría un perro al que le han quitado la comida, y miraba intensamente a Bill, intentando averiguar porque se había alejado, y  porque estaba tan cohibido hasta que vio como intentaba disimular una enorme erección, tan grande que debería dolerle estando dentro de esos pantalones tan apretados. No podía culparlo, él estaba igual o peor pero gracias a la chaqueta no se le notaba tanto…

Pero Bill… —le dijo de manera guasona, mirándolo atrevidamente, y el pelinegro se sonrojó más si cabía. Volvió a atraerlo, rodeándolo con sus manos y cuando estuvo pegado a él, sintió perfectamente aquella dureza pegada a su bajo vientre.

Bill se sentía tan avergonzado, ¿que iba a pensar Tom? Empalmado por un beso, se sentía patético y quiso esconderse, pero cuando  Tom volvió a abrazarlo, pudo sentir que estaba igual que él.

Tom… — suspiró, queriendo besarlo de nuevo, pero Tom lo distrajo hablándole.

¿Estás seguro de esto? — preguntó, con el ceño fruncido, lúcido y frío de repente y el chico pareció pensárselo seriamente.

Es que… ¿No te gusto? —inquirió entonces, inseguro nuevamente y Tom casi se abofeteó mentalmente. Le dirigió una nueva mirada depredadora capaz de paralizar el pulso, debía darle seguridad.

Ven conmigo pequeño saltamontes… 

Lo remolcó escaleras arriba, volvía a tener sus modos autoritarios y agresivos y Bill casi se moría del gusto, no es que fuera masoquista pero le encantaba esa personalidad de Tom. Se dejó conducir hasta la habitación del músico como cuando era tan solo un niño pequeño.

Todo estaría en penumbras de no ser por las lámparas que iluminaban tenuemente la habitación y tan solo al llegar, el músico lo reclamó a besos, empujándolo levemente hacia la cama, y cuando las rodillas de Bill se toparon con el borde de la base, cayó tenido cual largo era sobre el fresco colchón de diseño.

Tom estuvo encima de él en el acto. Volvió a reclamarlo con sus labios, y los besos eran mucho más lúbricos que antes, estaba liberando todos los demonios del deseo que lo habían poseído desde la primera vez que vio a Bill, y eran tan salvajes que Tom luchaba por reprimirlos un poco, sobre todo por aquella inexperiencia tan tentadora de Bill.

Tom… — el chico no sabía ni qué decir, eran tantas las emociones y sensaciones que bullían en el, que no se concentraba y solo atinaba a responder de manera lenta a los besos que recibía.

Después de esto no hay vuelta atrás…. —advirtió Tom —vas a ser totalmente mío…

Eso es lo que más deseo… —respondió encogiéndose y los ojos de Tom relampaguearon. Bill ya era mayor, inteligente y le había dado luz verde.

No dijo nada más, y las cosas fueron mucho más rápidas y urgentes. La ropa de Bill salió volando y quedó esparcida por el piso alfombrado de la habitación, junto con las prendas de Tom, quedando ambos en bóxer y el músico tuvo que parpadear ante la visión que tenía enfrente: Bill estaba recostado sobre las sábanas negras de la cama, tan negras como su cabello y sus ojos de ébano, con el cuerpo intensamente blanco y esbelto contrastando con aquella negrura y era tan irreal que parecía un espejismo. Lo miraba con los ojos oscuros abiertos por el deseo, los labios mojados y rojos por los besos; cuánto había soñado con ese momento y Tom pensando que era un niño todavía… ¡que equivocado estaba!, aquella era una criatura sensual y deseable que estaba esperándole únicamente a él… y Bill se movía en leves ondulaciones, como una anguila, muy tentador  y Tom tuvo que hacer un esfuerzo sobrehumano para no arrancarle el bóxer que le cubría la entrepierna, ese lugar que exigía tanta atención, estuvo a punto pero el músico iba a deleitarse primero con aquello que había tardado tantos años en probar, era su premio.

Besó a Bill concienzudamente por todos lados; desde su esbelto y fuerte cuello blanco, empapándolo de saliva a cada beso, bajó por su pecho marmóreo de planos amplios y lisos, con aquel revoltijo de piel en donde estaba su cicatriz, besó tiernamente ahí en la sombra de ese disparo, maravillado ante la suavidad y el aroma de su piel, y los sonidos que salían de su boca. Tom sonrió cuando escuchó los golpeteos alocados del corazón de Bill cuando atrapó entre sus labios un pequeño pezón tan suave y rosado como si se tratase de una fruta, parecía que el corazón iba a escaparse de su pecho con cada nuevo beso, que intercalaba con miradas.

Era realmente precioso, con su afilado rostro de mejillas ruborizadas y los ojos perfilados y atentos a cada movimiento. Tom tenía en cuenta que debía ser muy cuidadoso, ya que aquella era la primera vez de Bill y le parecía tan delicado… pero haría de todo para complacer y poseer finalmente a la pequeña súper estrella. 

Bajó besándolo por todo el pecho, embelesado por su aroma, hasta que llegó al resorte de su bóxer, ahí donde el calor emanaba en gruesas oleadas cargadas con su esencia. Tom apenas podía resistirse, estaba tan duro que era realmente incómodo y muy difícil no empezar a correrse tan solo al verlo. Tenía el corazón a más de doscientos cuando tiró delicadamente del bóxer negro hacia abajo, y pudo constatar que en Bill ya nada era pequeño. La piel era igual de blanca ahí, con apenas un leve rastro de esponjosos vellos negros y una sonrosada punta que se balanceaba, tan irresistible que Tom estuvo a punto de metérsela en la boca como si fuera un caramelo.

Entonces Bill se encogió, aborchonado, e intentó cubrirse con las manos. Sus ojos brillantes estaban adorablemente confundidos y desenfocados, quizá estaba siendo demasiado para él, pero para Tom ya no podía haber marcha atrás. 

No te avergüences pequeño — le susurró, inclinándose hasta estar sobre él para hablarle al oído — no tienes porque… eres Perfecto…

¿De verdad crees eso? — preguntó, vacilante y temeroso de echarlo todo a perder

¿Quieres que me detenga? —preguntó Tom, mordisqueadole el lóbulo. Bill se estremeció de pies a cabeza 

No… — respondió en el acto —es solo que…. tengo miedo…

¿Miedo a que? —Tom hablaba con voz ronca por la excitación; estaba ahora besando nuevamente su cuello —¿Temes que te haga daño?

No — si, pero no iba a decírselo y solo atinó a cubrir su hermoso rostro con sus manos.

No tengas miedo… —Tom despejó el rostro de Bill apartándole las manos y volvió a besarlo delicadamente. Sabía que era normal que Bill estuviera receloso y asustado, así que decidió bajarle un poco el estrés, porque aquello debía ser maravilloso e inolvidable para él. 

Le soltó las manos y trazó un camino de besos hacia abajo, donde la erección de Bill estaba tan elevada como un asta. 

Por supuesto que Tom jamás en su vida había hecho aquello con ninguna de sus parejas, jamás, ni de broma, pero es que a Bill quería saborearlo entero, de cabo a rabo, así que sin más, se metió aquel trozo de carne dura y ardiente a la boca, y de inmediato un potente y picante sabor a dulces HoHo invadió su lengua. 

El cuerpo de Bill se arqueó de una manera casi imposible, hundiéndose más en la boca de Tom por aquel movimiento y una marea de gemidos estalló en su garganta en el momento exacto en el que sus uñas se clavaron casi con saña en los hombros de Tom, quien dejó escapar un siseo. 

Para Bill aquello era demasiado, la lengua de su músico lo perseguía y se enroscaba por todos lados, como si se tratase de una serpiente marina, esponjosa y mojada, se le saltaron las lágrimas por la pura conmoción y su piel se perló de sudor. Tenía la vista nebulosa y empañada pero podía distinguir perfectamente a Tom inclinado sobre él, proporcionándole ese placer que no sabía qué pudiese existir, y esa vista y las sensaciones que el músico le hacía experimentar, hicieron que su vientre se tensara peligrosamente, a punto de explotar, así que empujó levemente a Tom, en un intento  por alejarse; el músico lo entendió y en ese mismo instante lo soltó, quizá fuera algo cruel pero no quería que terminase, no aún.

Oh Tom… — lloriqueó Bill, haciendo amago de cerrar las piernas cuando el contacto se rompió; su piel endurecida estaba húmeda y rojiza, adolorida. 

Eres delicioso… — ronqueó el músico totalmente excitado, apenas podía esperar ya pero quería contemplar la carita húmeda un momento más; mantuvo abiertas las piernas de Bill y estaba muriéndose de gusto con la vista de aquel lugar intacto y sagrado que seguramente sería tenso y tan calientito y estrecho… estaba ya en medio de un orgasmo mental…

Recordó entonces el regalo especial y en un solo movimiento tomó la chaqueta, sacó la botella de la bolsa y se la mostró a Bill.

¿Que… que es eso? — murmuró el chico.

Te dije que no te haría daño —respondió Tom. Aquella era otra primera vez, nunca había recurrido a esos menjunjes porque en realidad no le interesaba mucho lo que sintieran sus parejas, para él era mejor así, a palo seco aunque hubo casos en donde el dolor era insoportable y hasta sangre en algunos otros. Y por supuesto que no iba a exponer a Bill a aquello, primero se mataba a lastimarlo.

Se deleitó un momento más mirando al chico y enseguida se quitó la última prenda que vestía, aquella que cubría su hombría, y se sentía hasta algo cohibido por la manera tan intensa en que Bill lo miraba con sus enormes ojos mojados. 

Ehhh…— la mirada de Bill era ahora de pánico al ver la enorme virilidad de Tom. Era obvio que eso no iba a entrar en el.

Tranquilo pequeño cuervo— le dijo Tom, sonriendo en inclinándose hasta estar nuevamente sobre él para hablarle al oído. —Todo va a estar bien… — susurró mientras su cuerpo se frotaba con el de Bill, y aquello era como sentir el cielo mismo. Era tan jodidamente delicioso que no sabía cómo es que había logrado aguantar tanto… y cuando Bill le rodeó el cuello con los brazos, y la cintura con sus largas piernas, entregándose confiado a él, a que no lo lastimaría ni lo abandonaría jamás, la verdad apareció ante Tom como si estuviera escrita en una pantalla luminosa. Había esperado tanto, lo había cuidado así, porque lo amaba, más claro no podría estar…; lo abrazó muy fuerte en respuesta.

Sabes Bill… creo que desde el primer momento en que vi tu carita de niño, sucia y temerosa, comencé a amarte y no lo sabía … — y con aquella revelación se había retirado un peso aplastante de su alma.

Oh Tom —sollozó Bill escondido en su hombro — yo también te he amado desde el primer momento en que te conocí… 

Ahora es tiempo de hacerte mío… ya hemos esperado suficiente.

A Bill se le encogió el corazón, confiaba en Tom, y aquello era lo que los dos deseaban, y necesitaban. ¿Como no iba a desearlo? Era magnífico, tan varonil y seguro de sí mismo, con su aroma fresco y sus sonrisas cortantes y esos modos que podían parecer duros, pero que llevaban implícita la más pura de las ternuras que alguien podía sentir. 

Bill asintió, tenía el pulso enloquecido y el cuerpo cubierto de perladas gotitas de sudor.

Tom lo cubrió de besos pequeños y mordelones, y en algún momento en que el músico estaba perdido entre besos por sus caderas, sintió el tacto frío y pegajoso de alguna sustancia ajena a él, pero que volvió resbaladizo y escurridizo su cuerpo, y que se concentraba en su entrepierna y más abajo, donde estaba el mismísimo centro de su anatomía, y cuando notó cómo un dedo inquieto y retozón acariciaba esa zona jamás explorada, sus mejillas se tornaron color rojo oscuro, cerró los ojos y entreabrió los labios. Sentía un cosquilleo intenso por todo el cuerpo, y la piel punzante, adolorida; acto seguido dejó escapar un quejido cuando, con un aguijonazo de dolor, aquel dedo se introdujo con desesperante lentitud dentro de su cuerpo, ahí donde todo era rojo y húmedo. Era molesto y Bill frunció el ceño. 

Relájate pequeño cuervo — pidió Tom, sin dejar de besar su bajo vientre, y sonriendo cuando sintió aflojarse lentamente los músculos de Bill. Añadió un segundo dedo y al mismo tiempo llenó de más besos aquella longitud y su calor abrasador, brindándole tantas sensaciones nuevas, que él mismo chiquillo comenzó a buscar más profundidad. 

Estaba listo…

Tom se irguió sobre sus rodillas, levantó la cadera de Bill y acomodándola sobre sus muslos, y le lanzó una mirada de infinito deseo, apenas conteniéndose ante la imagen del chico pelinegro, que tenía la melena medio húmeda y revuelta, las mejillas encendidas y los ojos brillando como nunca.

Bill se dejó hacer, estaba tan excitado que empezaba a sentirse un poco mareado; fue vagamente consciente de que Tom dejaba caer más de ese líquido viscoso sobre su entrepierna. Después sintió las fuertes y cálidas manos de su músico abrirle más las piernas y lo siguiente que sintió fue dolor. Un dolor punzante cuando la piel ardiente y endurecida de Tom pugnaba por profanar su interior. Se encogió, intentando rehuir esa desconcertante sensación pero Tom lo tenía muy bien aferrado por las piernas y no fue capaz ni de moverse.

Tom tenía los ojos cerrados y el ceño fruncido, a el también le dolía la tremenda estrechez del pequeño Bill. Hubiera sido imposible intentar aquello sin el lubricante…

Ah Tom… — gimoteó Bill —duele… — se retorcía, tenía los ojos llenos de lágrimas.

Pequeño… trata de… quedarte quieto y no tensarte… el dolor pasará— farfulló Tom, inmóvil, mirando la carita de la pequeña súper estrella, contraída por el dolor…  era terriblemente incitadora y las emociones luchaban salvajente en su interior: aquella lujuria por disfrutar de él, contra el casi insoportable instinto protector que quería aliviar su dolor, era algo abrumador.

Pese al inquietante dolor, Bill obedeció y el dolor poco a poco fue menguando para darle paso a otras sensaciones mucho más interesantes. 

Tom empujó para adelante con extrema lentitud y precaución, ahogando un gruñido cuando estuvo totalmente encajado en las entrañas de Bill, y el chico, pese a su molestia, no podía dejar de admirar la gallardía y el porte de Tom, tan perfecto que los marcados músculos de su pecho parecían esculpidos a mano, pero dejó de prestar atención a todo cuando la más leve de las embestidas revolvió su interior, justo en el momento en que la mano bronceada de Tom rodeaba el intenso calor perfumado que emanaba de la parte más firme de su cuerpo. Aquello fue demasiado, y el dolor desapareció de la misma abrupta manera en que había llegado. Si seguía así, no aguantaría demasiado. 

Tom lo observaba fijamente y una sonrisa sensual y traviesa despuntaba de sus labios. 

Te dije que el dolor se iría… 

Le propinó una embestida algo más vigorosa y luego otra y otra más, hasta que tomaron un ritmo cadencioso y musical, que chapoteaba cuando ambos cuerpos entrechocaban, mojados de fluidos y sudor.

Para Tom no había nada en el mundo que pudiera ser mejor que aquello, y veía, detrás de sus ojos semi cerrados por el éxtasis, escenas de su vida con Bill y supo que todo lo sucedido en el pasado, y aquella larga espera había valido la pena, porque mientras se clavaba una y otra vez en las entrañas de seda empapada del chico y escuchaba sus deliciosos gemidos, ya no se sentía enfermo o asqueado de sí mismo. La sensación resultaba embriagadora.

Se inclinó sobre Bill, restregando su abdomen firme contra el de él, y con ambas manos le apretó la cadera, sonriendo cuando el chico le rodeó la cintura con las piernas, haciendo Tom se clavase aún más en él, con sus movimientos firmes y profundos. 

Bill apenas podía aguantarlo, los estremecimientos de placer le arqueaban la columna y tenía la mente en blanco, totalmente entregado, y cuando el músico volvió a rodear su ardiente entrepierna, moviendo su mano al ritmo de los movimientos de su cadera, Bill dio un potente y agudo gemido de placer, no pudo soportarlo más, su cuerpo se tensó y su abdomen se impregnó de su propia semilla ardiente y luminosa, y aquella sacudida, tan apretada hizo que Tom tampoco pudiera soportarlo y con un gañido grave atorado en lo más profundo de la garganta, dejó que su propia simiente abrasadora saliera como una fuente dentro de las entrañas de Bill, cubriéndolo y llenándolo por completo.

Ambos estaban inmóviles y jadeantes, aún perdidos en las espirales del placer que los cegaba. Bill tenía los ojos cerrados y Tom lo miraba fijamente, impresionado ante su alucinante belleza; se inclinó sobre él, besando su blanco pecho y la suave piel que se combaba bajo sus costillas, mientras el chico movía la cabeza lentamente y sonreía, satisfecho y agotado, con su Perfecto rostro de Niño sonrosado y medio ido.

Bill… —lo llamó.

¿Uhmm?—murmuró por toda respuesta, haciendo sonreír a Tom. Al parecer si había sido demasiado para él.

¿Te está entrando sueño?

No… —mintió de manera musical.

El músico movió la cabeza, y con pesar empezó a reiterarse de Bill, añorando ya el calor de su estrechez. 

Ahh Tom… —siseó Bill, clavándole las uñas en los antebrazos al sentir como Tom salía de su interior, revolviéndolo por dentro. 

Lo se… — murmuró Tom —pero te prometo que volveré a estar dentro de ti antes de lo que imaginas.

Bill sonrió entonces, sorprendido ya que la sola promesa de repetir aquello, estaba haciendo que su hombría empezara a estremecerse, pero estaba agotado, totalmente, así que cuando Tom se recostó a su lado, tiró las mantas encima de ellos y lo envolvió entre sus brazos, el pequeño Bill cerró los ojos y se quedó dormido sin dejar de sonreír.

Tom en cambio no durmió, se dedicaba a observarlo mientras dormía, alucinando ante la perfección de su rostro en calma y satisfecho, y al hacerlo pensaba, como siempre lo hacía, en el padre de Bill, y en como, una escoria como el, había podido engendrar al amor de su vida, y es que pasados los años, no entendía como es que había logrado disparar contra su hijo, intentando matarlo, era algo que iba más allá de su entendimiento. Bill por supuesto que aún no sabía que su padre había asesinado al hermano de Tom, porque el Georg consideraba que aún no estaba listo para esa información. Maldijo al ruso por millonésima vez, deseando que estuviera ardiendo en las brasas del infierno, y así, con los brazos rodeando el cuerpo cálido y suave de Bill, se asomó por el borde de la cama, y mirando hacia el suelo, quizá de una manera algo ridícula, hizo una señal de saludo militar, dirigida a las profundidades del averno.

Gracias por darme a Bill, hijo de puta.

Después se carcajeó levemente ante ese acto tan absurdo y grotesco, ahogó un enorme bostezo y se durmió, sin dejar de abrazar ni un segundo a Bill.

&    Continuará   &

Ogo*

En el capítulo 4 Bill habla con Tom sobre su gato Ogo, el cual se le escapó y nunca más volvió.

Perdón por tanta largura, pero es qué hay cosas que no se pueden dejar de abarcar.

Se que dije que vendría el epílogo pero al escribir las cosas se alargaron tanto que surgió otro capítulo más de esta historia, el casi desenlace de todo y espero que disfruten leerlo tanto como yo lo hice al escribirlo, y aún queda pendiente el epílogo que estará posteado en los próximos días!! Desde ya, todas las gracias del mundo por leer. 

Hasta la próxima!

por Shugaresugaru

Escritora del Fandom

10 comentario en “PSP 22”
  1. Esto fue genial, al fin Bill es mayor de edad, joder!!!! Pobre Tom que tuvo que soportar tanto tiempo, aunque lo hizo porque quiso jajaja, pudo haberlo tomado desde los 15 jajaja (ok, no).
    Gracias por actualizar, no quiero que termine este fic 🙁

    1. A los 15 jajaja, me mataste con eso, y pues de poder si pudo pero no habría sido lo correcto porque.. a fin de cuenta si es como aprovecharse así que nou…y pues.. lo que debe llegar llega y ya le llegó el final a esta historia y no me queda más que agradecer cada comentario y cada lectura y la espera por cada capítulo…
      Un beso enorme y gracias 😘

  2. Hermoso. Que bueno que incluiste este capítulo, porque era necesario ver el lemon entre ellos. Ver como evolucionaron tras el rescate y la muerte del padre de Bill. Excelente!

    1. Claro osea, no iba a irme sin dejar un lemon, digo, 3 años y 21 capítulos y nada de acción, hubiera sido un crimen jajajaja
      Mil gracias por tu comentario 🤗😘

  3. Ay, ay, ayyyyyyy!!!!!!! Tuvieron que esperar para que Bill tuviera 18 años….caray pobre Tom, milagro que no se le cayo la mano 😂😂 y bueno Billestaba en las mismas pero creo que al no ser activo sexualmente pues no sufría tanto como Tom xD.

    Pequeño Cuervo y ahora más con su hermosa apariencia …woooow, me fascino el LEMON , como lo cuido Tom porque a pesar de que las ganas le consumían siempre antepuso su deseo a lo que sientiera Bill, a lo «justo e ideal» socialmente establecido.. Y la personalidad de Bill , me encanto que no creció siendo tímido sino que él tomó la iniciativa porque sino quién sabe cuando Tom se iba a decidir. Buenos preliminares, inolvidable primera vez, la primera vez de muchas…❤️🔥

    Y si, al final Tom ganó por concierto a Bill, porque ahora es su compañero por todo lo que ello conlleva, lo que me deja cierta pena es que Bill no pudiera con su sueño de seguir cantando,.bueno, creamos que esa estrella solo brilla para Tom.
    Un capítulo más , siiiiii!!

    Saludos!

    1. Holaaaa!!!
      La verdad es que también siento pena porque en sí, el título de la historia es Pequeña Súper Estrella, y se desarrolló en el DSDS pero igual informé que no se trataría sólo de eso, era como el parteaguas para impresionar a Tom jajaja
      Y pues sí, esperó porque no podría haber sido antes, o al menos yo no lo podría haber escrito así que espero que haya valido la pena tanta espera y no haya sido precipitado o malo ese lemon porque le puse los kilos jeje
      Y bueno, está ya se acaba pero la continuación de los príncipes comienza 😈 así que espero nos sigamos leyendo en los comentarios
      Mil gracias por tus reviews siempre Tan acertados y por seguir con esta historia hasta el final
      Un abrazo 🤗💜

  4. Creo que ya había mencionado que este fic es perfecto y esto lo ha confirmado. Sabía que con Bill siendo un menor, no podría haber interacción física entre ellos, porque tarde o temprano afectaría la mente de Tom, se sentiría culpable por corromper algo puro como su pequeño cuervo, por eso fue perfecto que esperaran hasta que los 18 y así ambos disfrutaran de la experiencia, sin recibir un trauma moral a cambio.
    Lo de Ogo también fue un detalle precioso, eso le confirmaba a Bill una vez más, que Tom lo adora, no solo físicamente, sino que siempre vela por su bienestar emocional. Tom lo hizo feliz, lo sanó, le dio una nueva vida, una llena de amor y eso para mi es un verdadero happy ending.
    Amé esta historia, estaré aquí para el epílogo, pero de verdad me has hecho suspirar con este capítulo. Gracias.

    1. Ohh muchas por considerar perfecto este fic, la verdad me ha costado mucho pero mucho mucho poder llegar a terminarlo precisamente por toda la cuestión adulto menor y creo que mientras avanzaba le iba bajando de grados a los roces y así, y como lo dices, Tom se hubiera jodido si tomaba a Bill antes, y además necesitaba cierto empujón como el que le dió Bill no? 😝
      Y wow!
      Eres creo la única que reparó en el detalle De Ogo, y mira aunque la historia ya acabó, cuando menos lo esperen subiré capítulos extras ya sea de sus vidas pasadas o futuras, para conocer aún más de este par!!
      Muchas gracias por todos tus comentarios y por la fidelidad a la pequeña súper estrella
      Te mando un abrazo de oso gigante 💜

  5. Que aguante el de Tom 😮 pero sobre todo que aguante el de Bill, mira que ser sodomizado en tu primera vez… igual para que mentir si esto es lo estaba esperando desde que lo confundió con Andy y le dio tremendo arrimón al mocoso xD

    1. Sep, pero con todo y todo, cuando se pone un cuidado que raya en la adoración como hizo Tom con Bill, una primera ves incluso así es mágica😉😉
      Gracias por tu comentario! Un abrazo 💜

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