Notas: Hasta aquí hemos llegado, increíblemente, último capítulo, muchas emociones y mucha, pero mucha nostalgia…

Capítulo 21

Los días comenzaron a avanzar lentamente, tan lento como el otoño que se colaba en el ambiente, tiñendo de café y naranja el follaje de los árboles del parque, y las mareas de hojarasca seca que crujían bajo las pisadas. 

Transcurría la noche del tercer día en el hospital, y a Georg le acababan de dar el alta. 

Tom había dejado a Bill durante un momento, aún dormido por los sedantes, y se dirigió con Georg, que salía de su habitación de hospital ya totalmente vestido y limpio, caminado algo incómodo con un par de muletas de titanio. 

¡Georg! — saludó Tom, sonriendo al ver a su amigo ya más dueño de si mismo, con sus ojos alegres, verdes y mojados, y la suave cabellera castaña perfecta y arreglada. Se estremeció al ver su frescura. No sabía que habría sido de él si algo le pasaba a Geo. Se adelantó, y tomó de las manos de una enfermera el maletín de cuero negro de Georg. 

Soy libre al fin — respondió Georg, con una sonrisa igual de destellante a la de Tom.

Ahora serás Georg trípode — bromeó el músico, ahogando una risotada cuando Georg le arreó una patada con su muleta izquierda.

Son cuatro pies, idiota— dijo Geo, también presa de la risa —eso significa más posibilidades para golpearte. 

Siempre has sido más lento que yo — dijo Tom, y Geo suspiró.

Eso es verdad, pero mejor dime, ¿cómo está Bill? ¿Ya despertó? 

No, todavía no. —dijo Tom, y su semblante se oscureció igual de rápido como la nube que oculta al sol — pero cada momento está más cerca de hacerlo, todas sus funciones son normales y las controla por si mismo.

Entonces solo es cuestión de tiempo, cuando esté listo, despertará. Ahora vayamos a la cafetería. Tenemos que hablar.

Quince minutos después, ambos estaban cómodamente sentados en los sofás de cuero color crema de la cafetería del hospital. 

Tom tenía delante suyo una botella llena de agua helada, y Georg curvaba las manos en torno a una humeante taza con café.

¿Que sucede entonces? — preguntó Tom

Se que me odias cada vez que te pregunto esto viejo, pero.. ¿Que pasará ahora? —Preguntó Geo a su vez, mirando sin perder detalle, cada mueca, cada gesto y cada movimiento de Tom. 

El músico suspiró, apesadumbrado. No podía pensar bien, y la escayola lo tenía verdaderamente harto.

No lo he pensado aún.

¿Que te gustaría que pasara?

Antes que nada, que Bill se recupere.

Bueno Tom eso es obvio, pero no vamos a quedarnos en el hospital eternamente, y… ahora el chiquillo está solo en el mundo ¿lo sabes no?

Aquel tema era uno que Tom no estaba listo para abordar, simplemente porque sabía que no podía firmar el alta, pagar la cuenta y salir con el niño de la mano, porque ahora Bill era un huérfano, y sabía perfectamente lo que sucedía con los niños así, y no estaba listo para eso, para mirar y aceptar separarse de él, después de todo lo que habían pasado.

No podré llevarme a Bill… — dijo, y su voz era agónica. Pensó en lo que le había dicho el Coronel, y decidió decírselo a su amigo — Hintze tiene la intención de adoptar a Bill.

Y al contrario de lo que había pensado, Georg dejó escapar una carcajada seca y sarcástica.

Si, estoy al tanto de eso también, y puedo ver en tu rostro que hasta lo estás considerando pero te has puesto a pensar en Bill con alguien como… ¿Un Coronel? Descartando claro que mientras duren los trámites Bill quedaría en una casa de acogida o algo peor —Tom negó, en realidad no quería pensar en eso, porque se negaba a aceptarlo—bueno te lo diré yo. Alguien como Bill, con Hintze de padrastro significaría volver a estar a cargo de otras personas, niñeras, nanas, choferes, profesores, servidumbre, y lo que ese pequeño necesita es algo muy simple llamado contención, necesita ser contenido por alguien que no lo deje, necesita sentirse amado y protegido, necesita a alguien que le abrace fuerte en las interminables noches de dolor que vendrán, alguien que le haga olvidar ese rechazo por su propio padre, esa animadversión, y la pérdida de su madre y de esa hermana que él adoraba mucho más de lo que puede asimilar, esa locura, que entienda y respete sus silencios y lo sostenga cuando quiera llorar, alguien que lo cuide y que lo ame, y el amará en respuesta, porque sus capacidades afectivas son enormes y necesitan ser contenidas por alguien que no vuelva a defraudarlo jamás, por alguien que no lo abandone.

Y aquello había calado hondo en Tom, y le dirigió a Georg una mirada ácida.

Bill no puede ser adoptado por Hintze, terminaría por destruirlo.

El Niño no será adoptado por Hintze — corrigió Georg, y Tom frunció el ceño, intrigado ante la seguridad de Georg.

¿Porque estás tan seguro?

Los ojos del psicólogo estaban llenos de autenticidad y algo de picardía.

Porque yo tengo a Bill en mis manos por así decirlo…

Y Tom estaba ahora más confundido que nunca. ¿Como que Geo tenía a Bill en sus manos? La cabeza le empezaba a doler. 

Explícate, porque no te entiendo nada. 

Mira esto —dijo Georg, entregándole a Tom un sobre amarillo de apariencia pesada que acaba a de extraer de su maletín, y esperó mientras Tom sacaba los documentos y los leía. 

¿Esto es…? — no tenía ni palabras.

Son los documentos para una adopción legal, efectivamente. 

¿Pero como? — Tom estaba como idiota. ¿Como era aquello posible?

Hace rato vinieron del juzgado a dejármelos, y como es algo totalmente irregular debo devolverlos mañana a primera hora, recuerda que tengo el poder firmado por nuestro querido y difunto Bobrikov, para encargarme de Bill y atenderlo de manera profesional, así que pensando en si salíamos vivos de esta, decidí comenzar el trámite, además tengo algunas amistades —añadió un guiño, esperando suavizar las facciones de piedra de Tom —así que, decide ahora, puedes hacerte cargo del niño solo firmando esto, y si no quieres, lo haré yo. Se que es repentino y que es una decisión difícil pero no tenemos tiempo. Si no firmamos esto, servicios sociales se llevará al niño.

Tom estaba en shock, totalmente, aquello era la última pieza que faltaba del rompecabezas de su vida, el tener al chiquillo a su lado de una manera tan solida y tan legal, que absolutamente nada ni nadie podría alejarlo nuevamente de él. Por supuesto que no iba a permitir que los buitres de servicios sociales se acercaran a Bill.

¿En verdad te harías cargo de Bill? No creo — dijo, sonriendo tan ampliamente, de una manera tan contagiosa, que Georg sonrió también —Bill Listing no pega del todo además, le queda mejor el Trümper… ahora dame un bolígrafo. 

Georg ahogó una risita y le tendió un elegante Mont Blanc de punta fuente con sus iniciales, pero lo alejó antes que Tom lo tomara.

Espera Tom — pidió Georg, y el músico lo miró, lleno de impaciencia. 

¿Que te pasa ahora?

Antes de firmar eso, quiero que lo pienses, que lo asimiles y que lo asumas, porque no es como adoptar un cachorro. Se trata de una vida que estará a tu cargo por lo menos unos seis o siete años más, a tu cargo en todo, absolutamente todo; debes estar plenamente consciente de eso, olvídate de la vida de soltero, de excesos e irreverencia y prepárate para los muñecos de acción, para las comidas saludables y las fiestas de cumpleaños. Ahora si vas a ser todo un papito y eso conlleva mucha responsabilidad. Bill es un niño en realidad, y uno muy maltratado que va a necesitarte al diez mil por ciento y tú a veces eres medio bestia. Y si no te veo comprometido con esto, no dejaré que te quedes con su custodia, por mucho que seas mi mejor amigo. Ante la justicia, yo debo responder por su salud y tú por su vida. 

 

Tom pensó aquello seriamente, porque no quería que su amigo lo tomara a la ligera, aunque también pensó en mandar al psicólogo al infierno con su sermón, pero no lo hizo porque sabía que Geo tenía toda la razón del mundo. Y el futuro se le dibujó a Tom como si lo estuviera viendo en una pantalla imaginaria; una vida con un Bill entero y completamente suyo, una vida llena de ese aroma que lo enloquecía, llena de la presencia de ese pequeño tan mágico y enigmático como para no acabárselo, habría tanto que podía mostrarle y enseñarle, lo llevaría de viaje, lo anotaría al instituto, saldrían a saquear las tiendas de dulces por las tardes, jugarían videojuegos, pondrían árboles de navidad y buscarían alguna playa para chapotear durante las vacaciones, ansiaba hacerlo vivir la vida plenamente y que fuera feliz, por supuesto que iba a cuidarlo, y le dio a su amigo una sonrisa llena de dulzura.

Recibí una bala por el ¿En verdad dudas que pueda cuidarlo y hacerlo feliz?

Y Georg le pasó el bolígrafo por toda respuesta.

 

Y en ese mismo momento, en que Tom accedía y firmaba hecho unas pascuas a la patria potestad de Bill, Bill abrió los ojos hacia la blancura de su habitación de hospital.

La cabeza le dolía horriblemente, estaba desorientado y muy mareado. Frunció el ceño, tratando de familiarizarse con su ambiente.

Había muchas máquinas que hacían sonidos chirriantes y molestos, por lo tanto estaba en un hospital. Por eso le dolía la cabeza pero no podía recordar porque estaba en un hospital, cuando intentaba acordarse, sentía la cabeza en llamas. Intentó estirarse, pero su cuerpo estaba lleno de sondas y mangueras en los brazos y cabeza y los electrodos pegados a su pecho le tiraban la piel al más mínimo movimiento, y además dolía. 

Levantó sus manos, viéndolas atravesadas por agujas. Se desesperó, solo podía recordar haber estado así cuando mamá y Deliverance habían muerto. 

«No…»

Comenzó a hacer pucheros, a punto de llorar, y entonces una joven y bonita cara llena de pecas y con ojos color azul cielo le salió de frente. Era la enfermera de turno asignada a él, ya que prácticamente ninguna persona podía entrar a aquella habitación.

¡Hola! — le dijo demasiado amistosamente, pero al ver que Bill estaba a punto de llorar, su semblante se preocupó —No pequeño, no llores — pidió, y le revisó vía del suero, mientras seguía hablándole —todo estará bien ya lo verás.

Pero Bill no la escuchaba, solo miraba a su alrededor con los negros ojos llenos de agua. Podía ver a través de las puertas de cristal el cañón de un arma de alguien que hacía guardia, así que pensó que era alguno de los matones de su padre, ya que no podía ver al soldado que lo custodiaba. La agonia llameó por su pecho al recordar poco a poco todo lo acontecido, en especial el sonido y las sensaciones, cuando la bala que iba hacia el, se incrustó en la espalda de Tom. 

«Tom…»

¿donde estaría su músico? ¿Habría muerto esta vez? Probablemente si, nadie se salvaba de un disparo en la espada. Finalmente sus ojos se desbordaron, y aunque la joven enfermera intentó calmarlo, el llanto subió de intensidad hasta transformarse en verdaderos alaridos de desesperación. Sentía que se ahogaba, y en su angustia y anhelo, se arrancó la mascarilla y los vendajes de la cabeza, además de las vías del suero y medicamentos, a grito limpio, hiriéndose en el proceso, mientras su sangre salía disparada en enloquecidos hilillos desde sus laceradas venas. La joven enfermera intentó detener el frenesí del niño, para evitar que siguiera lastimándose, pero Bill era bastante fuerte y en medio del forcejeo ella sólo atinó a aplastar con fuerza el botón de llamada a la central de enfermeras.

 

Tom y Georg caminaban unos momentos después por el pasillo de cuidados intensivos pediátricos, para estar con Bill, cuando vieron todo el jaleo afuera de su habitación. 

A Tom se le heló la sangre en las venas, ver esa cantidad de gente gritando afuera y adentro de la habitación de Bill hizo que sus glándulas suprarrenales fabricaran un enorme cargamento de adrenalina y salió disparado hacia la puerta, casi resbalando al llegar y se quedó a cuadros. Adentro había una confusión de enfermeras y médicos, todos en torno a la cama donde la silueta de Bill agitaba los pies con la misma lentitud como si estuviera debajo del agua.

¿Que pasó? —preguntó de manera desesperada, furioso porque los soldados no lo dejaban pasar y nadie le decía nada. Georg se le unió en ese momento, estirándose para lograr atisbar hacia dentro y saber que estaba pasando.

¡¿Que demonios pasó?!— vociferó Tom a todo pulmón, haciendo que el médico de más rango se volviera hacia el.

Debemos esperar al Coronel, no podemos dar información— le dijo, y la furia de Tom se incrementó más.

¿Para qué demonios debemos esperar al jodido Coronel? ¡Exijo saber en este momento qué pasó!—bramó.

Debemos esperarlo porque no hay nadie que responda por este Niño. —repitió el médico, de manera obstinada e ignorante, y Georg se encogió para sus adentros al ver palpitar el coraje en el cuello de su amigo. 

Me disculpa usted, pero el jodido Coronel sale sobrando, acabo de firmar los documentos para encargarme legalmente de este Niño y exijo saber que está pasando. —añadió, tendiéndole de manera violenta los papeles de adopción recién firmados, y asesinando al estúpido médico con la mirada mientras éste leía los documentos.

Bueno, esto cambia las cosas —carraspeó el médico, amedrentado ante la furia y la impetuosidad que emanaban de Tom —adelante señor Trümper —invitó, regresándole los documentos y Tom pasó de largo de los soldados que custodiaban y por fin tuvo la vista sobre Bill, y todo su cuerpo se sacudió. 

El chiquillo estaba nuevamente sedado, con la mascarilla de oxígeno en el rostro y las enfermeras colocaban de nuevo las agujas en sus venas, mientras iban limpiando las manchas de sangre ya medio seca. Tom pudo ver sus ojos medio cerrados, con una fina línea blanca debajo, tan frágil.

¿Que es todo esto? — preguntó el músico, con los ojos abiertos por el miedo.

Tuvo una crisis de histeria. Despertó y no supo dónde estaba, y perdió el control, se arrancó las vías de los brazos y por eso hay sangre por todos lados, así que tuvimos que volver a subir las dosis de sedantes, por lo menos esta noche, y preguntaba por usted, así que, mañana por la mañana que se cumpla la dosis sería recomendable que esté usted aquí, y si se puede su amigo también. 

No nos moveremos de aquí — respondió Tom, con aire malhumorado. Quería golpear a aquel médico tan bestia.

[…]

Esto es de lo que te hablaba — dijo Georg, una hora después cuando por fin, estaban ellos solos con Bill. El psicólogo se había acomodado sobre el sofá de tres plazas que estaba de espaldas al ventanal, con las piernas estiradas y la espalda apoyada en un reposabrazos, y aún así, medio ladeado, seguía viéndose ridículamente elegante y apuesto.

Ya veo — respondió el músico, sentado en su lugar habitual, al lado de la cama de Bill. 

Esto se va a repetir mucho, tal vez no con este nivel de desesperación, pero se va a repetir y con el tiempo irá menguando hasta desaparecer.

Pero en cuanto.. — suspiró Tom, dejando caer su cabeza entre sus manos. Sintió pequeños aguijonazos de dolor en su brazo roto pero ignoró la sensación.

Con ayuda, y espero que no te vayas a oponer a que Bill siga siendo atendido por mí.

Aquello era tan raro.. ahora Tom debía responder por Bill, y aunque estaba asustado por esa responsabilidad, jamás se habría negado.

Creo que no habría nadie en el mundo tan capaz de atender a Bill como tú.

Exactamente —dijo Georg, sonriendo con autosuficiencia, muy pagado de sí mismo.

Pobre de Bill si se quedaba contigo, sería igual de ególatra que tú.

Oh cállate —desechó el psicólogo sonriendo — lo mío se llama seguridad porque se que lo que hago lo hago bien.

Si claro —picó Tom, y alcanzó a esquivar la muleta que iba hacia su pierna.

Eres peligroso ahora que te volviste cuadrúpedo.

Chúpame él aura — Georg gorjeó por la risa y Tom se le unió al cabo de un minuto, y pasaron la noche así, entre platicas y desvelos, cuidando la salud de Bill.

 

[…]

 

Cuando los primeros cantos de los pájaros herrerillos alborotaron la quietud de la mañana, el pequeño Bill arrugó los ojos, molesto por la claridad, prefería seguir durmiendo para no enfrentarse a la realidad.

Hacia una hora escasa habían detenido el suministro de sedantes, pero él quería seguir en la inconsciencia. Se estaba mejor así, en el mundo de los sueños, y no en el mundo real de las pesadillas, al menos en sus sueños, tenía a Tom vivo, a salvo y con el.

Pero era imposible volver a conciliar el sueño y sintió el familiar subidón de nostalgia y melancolía al escuchar el molesto pitido de los aparatos médicos, y no pudo evitar que sus ojos cerrados volvieran a estar llenos de agua, pero entonces otro sonido lo distrajo. Fue un suspiro bajo, acompañado por un ronquido casi imperceptible, y los ojos de Bill se abrieron en el acto. Pensó que seguía soñando, así que parpadeó un par de veces, esperando volver a la realidad, pero en la realidad, la figura encorvada de Tom seguía ahí, sentada a su lado sobre un sofá, con la cabeza apoyada sobre la cama, muy cerca de sus manos atravesadas por las agujas y el brazo derecho de Tom estaba apoyado sobre sus piernas envueltas en sábanas. Era Él, era real, estaba vivo y estaba ahí. Bill se perdió mirándolo con algo de esfuerzo por las lágrimas que empañaban su visión, pero estaba ahí, pudo ver el brazo escayolado y aún así, todo su aspecto irradiaba poder, las rastas anudadas con una goma en su nuca, su aroma fresco envolviéndolo. Irreal. 

Y más allá, estaba Georg, también dormido, con su apuesto rostro apacible y sereno. ¡Estaban vivos! Era igual que estar en casa, aunque aquella no fuera su familia.

Bill no encontraba su voz, pero si podía moverse, y levantó apenas una mano, no lo quería molestar, ni despertar ni nada por el estilo, solo tocarlo para asegurarse que fuera real.

Le dio el más leve de los roces con la punta de sus dedos al dorso de la mano de Tom, tan suave como la caricia de la niebla fría, maravillándose ante el calor y la suavidad de su piel y el músico estaba tan sensible y receptivo, que despertó al instante, enfocando sus negros y fieros ojos en Bill. El chiquillo se encogió aún más en la cama, enviando vibraciones por todos lados y moviendo todas las mangueritas y cables que ayudaban a mantenerlo con vida. 

Bill…— sonrió Tom, a medias, sintiéndose de repente desorientado y muy inseguro. Tomó la mano helada del niño entre la suya.Y Bill lo miraba intensamente, con una expresión entre abatida y miserable. Tenía los ojos enormes de un huérfano de la calle. 

Tom —consiguió murmurar con un tono muy bajo, y el músico hizo más amplia la sonrisa —estás aquí… — murmuró de nuevo, con voz pastosa, como si estuviera recuperándose de una terrible embriaguez —¿estás bien…? ¿Estás muy enojado conmigo…?

No pequeño cuervo, no estoy enojado contigo, todo lo contrario, estoy feliz de verte despierto por fin.

Pensé que… que nunca te volvería a ver… —dijo, irguiéndose de repente —pero tienes que irte, y Georg, si mi padre los ve aquí… 

Calma Bill… verás —Tom no sabía ni cómo decirle lo sucedido a Bill, ni sabía cómo iba a tomarlo, pero quizá si le revelaba la verdad, desaparecería ese dolor y ese anhelo urgente que había en los ojos del pequeño. Quizá entonces sus ojos brillarían igual que los ojos de cualquier Niño que vive feliz y sin penas. Quizás… —Tú padre… murió —le dijo al rostro sin expresión —fue asesinado por los soldados en… la emboscada que tuvimos… 

Bill permaneció en silencio, los ojos fijos en la nada. Se preguntaba cómo es que su padre había muerto si lo último que recordaba es que les había disparado, y en realidad decidió que no quería saber los detalles aún. El músico lo llamó un par de veces más, con el mismo resultado. Su semblante se nubló de preocupación. Estaba a punto de despertar a Georg cuando Bill recobró la voz.

Entonces… ¿ya todo acabó? — preguntó, dirigiendo sus alucinantes ojos hacia el rostro de Tom.

Si pequeño cuervo, ya todo acabó — respondió, apretando levemente la mano fría y sudorosa de Bill. ¿Porque estaba tan nervioso? Tom no quería eso, lo necesitaba tranquilo, y no lo estaba. 

¿Y Gustav? —inquirió Bill, aún perdido en la nada.

Gustav se fue, y no volverá jamás a hacerte daño.

¿De verdad?— suspiró el chiquillo, exhalando una nube de su aliento cálido justo en el rostro de Tom, el aroma le arañó las apuestas facciones y volvió a idiotizarlo. Olía maravillosamente bien. Casi sin darse cuenta, Tom se acercó más, quedando a solo cinco centímetros de él, se estaba volviendo adicto. Era ya una necesidad, y no tuvo ni siquiera tiempo de asquearse de sí mismo.

Bill lo miró con los ojos entornados, y Tom podía ver perfectamente su reflejo en el cristal de los ojos negros del chiquillo, cada una de sus largas pestañas, las rubias pecas de su nariz y aquellos labios entreabiertos de donde nacía ese aroma que era su vida. 

No podía ni siquiera pensar, estaba totalmente cautivado, más que en ninguna otra ocasión, y Bill tan quieto, mirándolo con ese brillo vidrioso en sus ojos oscuros y su aliento perfumado silbando entre sus dientes. Demasiado, era demasiado. Tom no fue totalmente consciente de sus actos, solo sabía que necesitaba más de aquel Niño, más que nunca antes, y sin premeditar nada, acortó los escasos tres centímetros que lo separaban de la boca entreabierta de Bill y le besó castamente los labios. Tan puramente tierno como besar a un niño, literalmente, sin malicia alguna, tan solo un beso colmado de cariño y de suavidad, de agradecimiento por estar vivos y por estar juntos después de toda la adversidad.

Tom gimió para sus adentros, la boca de Bill tenía el sabor más suculento y delicioso imaginable, con ese sabor tan puramente infantil que escondía el subyacente sabor de las hormonas que danzaban enloquecidas, apenas despertando por todo su cuerpo. Se sintió envuelto por una densa oleada de calor, quería separar esos labios con su lengua y rebuscar en el fondo de la boca de Bill la respuesta a tan impresionante atracción. Pero no lo haría. 

Bill quiso abrazarlo, colgarse de su cuello para no volver a soltarlo y seguir experimentando eso tan nuevo que le hacía cosquillas en el vientre y le disparaba los latidos, que sonaban alocados en el monitor de signos vitales. Pero todos los cables y mangueras que tenía pegados al cuerpo se lo impidieron. 

Tom se alejó en ese momento, tras escuchar el siseo de dolor de Bill, y sus labios hormigueaban, echando de menos aquel calor tan vivo que acababa de probar. Para el músico, ese beso había sido lo mejor de su vida, y con muchísimo pesar rompió el contacto, temeroso de haber dado ese paso. En adelante Bill viviría a su lado, y si por él fuera, se la pasaría pegado a sus labios. Y no podía hacer eso, al menos no aún. 

«Vaya una mierda, tendré que hacerme un par de pajas a diario» pensó el músico, frustrado.

Tom.. —lloriqueó Bill, queriéndose acercar de nuevo al músico. Estaba molesto y harto de todas las cosas que tenía colgando de su cuerpo, todo lo que quería era yacer calientito entre los brazos de Tom.

Calma Bill, estate quieto —cuchicheó Tom, justo en el momento en que llegaba la enfermera acompañada por un médico para la visita de rutina. 

Tom se alejó de la cama y fue con Georg que seguía dormido, y lo sacudió suavemente.

Bien bien —dijo el médico, inclinado levemente hacia Bill, quien lo miraba con esos enormes ojos suyos —¿Como está usted hoy joven Bill? 

Bien — y aquello había sonado más como a una pregunta —quiero ir al baño —dijo, y se ruborizó, haciendo que Tom se desesperase, y haciendo reír Georg, que ya estaba despierto y alerta.

Tienes un catéter — dijo el médico y el semblante de Bill se arrugó por el asco cuando se inclinó hacia un lado de la cama, siguiendo con sus ojazos la manguerita conectada a una bolsa llena a medias de un líquido amarillo, claro y tibio.

No quiero un catéter, quiero ir al baño — insistió.

Bueno, en ese caso tendremos que retirar antes el catéter. —dijo el médico y Georg y Tom se miraron preocupados. Aquello le iba a doler. Y aún venían los días de recuperación, de comidas asquerosas de hospital, idas y venidas con carritos de suero, firmas y trámites sin final y mucho más. 

Y en efecto, Tom y Georg escucharon los quejidos de dolor de Bill desde afuera de la habitación, el primero apretando los puños por la impotencia, y el segundo apoyado contra la pared, deseando que todo acabara ya, ninguno de los tres podría soportarlo mucho más.

&

 El estado de salud de Bill siguió mejorando día con día y de manera lenta pero firme. Tom y Georg no se separaban apenas de él. 

Habían estado una semana en el hospital y habían recibido un par de visitas sorpresa, la primera de un tipo que se había identificado como Peter Hendricks. 

Había llegado cuando Bill estaba totalmente dormido, aferrado a la mano libre de Tom, quien estaba a su lado platicando a medias con Georg. 

Ambos escucharon atentos el interrogatorio del soldado que cuidaba y después se enfrentaron al flemático elemento.

Buen día, soy Peter Hendricks, —dijo ante la mirada impasible y un tanto irritada de Tom. Ninguno regresó el saludo.

¿Y que desea?

Soy el abogado del señor Bobrikov.

Y con tan solo escuchar ese apellido, todas las terminaciones nerviosas de Tom cobraron vida y se levantó, rabioso, haciendo que el abogado retrocediera. Georg también había volteado a ver al tipo,  con los ojos verdes brillando como el veneno.

Lárguese por donde llegó antes de que lo saque a patadas — gruñó Tom.

No tardaré Señor Trümper y si, en efecto me iré —respondió el abogado de manera impávida. Obviamente al ser abogado y tener contactos, ya había sido advertido sobre el beligerante carácter del músico. Abrió su portafolio de piel negra y le entregó a Tom un sobre blanco y grande.

¿Que infiernos es esto? — bufó Tom, tomando el sobre por pura inercia.

Según mis contactos, ahora es usted el tutor legal de Bill Kalevi Bobrikov Kaulitz, de manera que debe usted tener copia de este fideicomiso que mi cliente dejó para su hijo.

¿Fideicomiso de que? No necesitamos nada de esa escoria rusa.

Es un fideicomiso que se liberará al cumplir el chico la mayoría de edad. Esto es meramente informativo. —continuó el licenciado, denodado.

Ya, bueno considéreme informado y ahora hágame el favor de salir de aquí. —dijo Tom, pasándole el sobre con los papeles a Georg y casi remolcando al abogado fuera de la habitación.

¿Que te parece? — dijo Tom en tono ofendido cuando el abogado ya se había marchado.

Pues que esto es mucho dinero —silbó Georg admirado al leer el documento.

¿Pero dinero de que? —inquirió el músico, extrañado —Se supone que confiscaron y decomisaron todo lo del ruso, se quedó sin nada. Ni casas ni autos ni aviones ni empresas ni nada.

Si, pero este fideicomiso tiene años, yo creo que ni siquiera se acordaba de él. Y al poner parte de su dinero en esto a nombre de su hijo, se vuelve dinero intocable. Ahora, el fideicomiso no va a recibir más dinero porque Bobrikov está muerto, pero como éste ya cumplió su plazo forzoso de inversión, los millones qué hay aquí se seguirán multiplicando porque están en la bolsa, y cuando Bill sea mayor se convertirá en un multimillonario.

Tom tomó entonces el documento y vio que la cantidad que se liberaría al cumplir Bill la mayoría de edad, en efecto tenía muchos ceros, y no entendió una palabra de lo que había dicho Georg.

¿Como rayos sabes todo eso? Pareces un jodido abogado. 

Si bueno, estaba entre contaduría y psicología y ya ves, pero siempre me han gustado los números 

Bueno, al menos no lo dejó en la calle, aunque ese dinero no le hará falta alguna.

Lo se, y no creo que Bill vaya a querer tocar un centavo de eso de cualquier manera, con todo lo que sufrió con su padre — dijo Geo, dirigiéndole una mirada un tanto atevida —¿ y ya le dijiste que ahora tú serás su papito? Vas a gastar pasta a raudales ¿eh? Los niños son muy caros. Y además imagina la escena, tu casa llena de barro, juguetes tirados por donde sea, tierra, comida… —dijo, ahogando una enorme sonrisa al ver la cara de póker de Tom.

Oh vamos, cierra el pico, pringado, recuerda que Bill tiene doce y no dos, además tu serás su padrino, para que se te quite lo boca floja.

¿Padrino de que? — inquirió Georg con una ceja arqueada.

No se, de terapias o lo que sea, además porque cobras un pastón por cada una.

Como eres quejumbroso Trümper, ya sabes que no cobraré ninguna de las sesiones que haga con Bill.  

[…]

 

Al caer la noche el frío se había acentuado aún más, el invierno de aquel año sería muy duro.

Los pasillos del hospital estaban en calma, como si aquel frío hubiera ralentizado a todo el mundo.

Se formaban nubes de vaho cuando alguien decía algo, pero las habitaciones estaban bien provistas de un avanzado sistema de calefacción. 

Tom estaba solo con Bill en aquel calor agradable, ya que Georg había ido a la cafetería a comer algo. «Será tragón» pensaba Tom, estar en muletas le abría más el apetito al apuesto psicólogo. Y Bill también cenaba, o eso intentaba. Estaba caprichoso. No le gustaba en absoluto la comida del hospital y hacía pucheros en actitud rebelde.

Vamos Bill, come — suplicó Tom por tercera vez, no quería que volvieran a pinchar a Bill para alimentarlo artificialmente, sus brazos estaban llenos de pequeños hoyos y morados, y Tom se moría de dolor al verlo. 

Y ahora miraba pasmado al chiquillo, preguntándose al mismo tiempo como es que había terminado así, y si la comida sabía en realidad tan mal. Dos cosas que nada tenían en común, pero es que ya estaba medio trastornado.

Esto sabe horrible Tom — se quejó Bill, arrugando la nariz.

Le habían servido una sopa de algo que en realidad se veía malo, los trozos estaban flotando como si fueran trozos de algún animal muerto entre el caldo anaranjado y desabrido, y un filete de pescado, hervido y aguado. Tom no podía culparlo, y Bill solo se había comido la gelatina con sabor a limón. 

El músico estaba perdido admirándolo, aún cuando estaba ahí sentado entre el nido de sabanas blancas, con el ceño fruncido sobre los ojos brillantes y oscuros, con esas pestañas que se lanzaban hacia adelante, rizadas hasta lo imposible, las mejillas ruborizadas y los labios entreabiertos, deseables. Era una auténtica preciosidad. Tom ya estaba embobado y sacudió la cabeza para concentrarse. No entendía como es que su padre había podido hacer tal bajeza, como tratar de matar algo tan hermoso. 

Por otro lado le dolía que Bill rechazara la comida, con lo que le gustaba comer, cuando salieran del hospital lo llevaría a comer todo lo que el chiquillo quisiera.

«Georg tenía razón» pensó impresionado «voy a convertirme en todo un papito» 

Pero en el fondo no le molestaba, en realidad necesitaba hacer feliz a Bill, porque era salvarlo y para así reconciliarse con su pasado y poder deshacerse la culpa por lo sucedido con su hermano.

Y apenas si se reconocía, no sabía cómo había llegado hasta ese punto, de ser una amargada Estrella musical, a ser el tutor de un pequeño huérfano hijo de uno de los mafiosos más buscados de Europa. Y no solo eso, porque en un futuro, esperaba ganarse el corazón de Bill, esperaba tenerlo como su compañero. Se figuraba que tener dinero y fama suponía alguna ventaja. Pero de momento, Bill seguía haciendo pucheros, como el niño que era. 

Tom no sabía si decirle que ya era su tutor legal, porque su mente aún seguía alucinando con su futuro, y aún se sentía temeroso de flaquear ante el deseo que sentía por Bill. Su pureza lo volvía loco. Era algo que ya rayaba en lo insano.

Estuvo a punto de decírselo, cuando las automáticas puertas corredizas de cristal se abrieron de par en par, dándole entrada al inmaculado Coronel Hintze. Vestía un uniforme de gala color azul, impecable, además de guantes blancos y una gorra de plato* color blanco que se puso bajo el brazo. Al entrar se frotaba las manos.

Sus ojos azules, astutos y alertas recorrieron la habitación, y se detuvieron en las figuras de Bill y Tom. El músico estaba mortalmente serio, sentado en el sofá al lado de la cama

y el niño hecho un ovillo en la cama, con la charlola de la cena intacta, el negro cabello alborotado  y los ojos inquisidores y brillantes. Totalmente adorable.

Buenas noches, Señor Trümper, y Bill, me alegra verte despierto — le dijo sonriendo, al verlo tan solo con la vía del suero, ya le habían retirado los vendajes de la cabeza y todos los electrodos del pecho. 

Gracias — musitó Bill, muy bajo, sintiéndose apenado. Movió los pies en círculos debajo de las sábanas.

Pronto vas a salir de aquí, te ves mucho mejor, dime pequeño ¿te gustaría ir conmigo? —le soltó el Coronel a rajatabla, sin miramientos.

Los ojos de Bill se pusieron como platos, y Tom se puso totalmente iracundo. Incluso los nudillos se le habían quedado blancos por la violencia con la que cerró los puños. 

«Que carajos le pasa a este imbécil» se dijo el músico, totalmente rabioso

¿Con usted? — preguntó Bill, mirándolo con tanto temor como si fuera una víbora lista para morderlo. Estrujaba las mantas incansablemente entre sus manos, lo que le daba un aire levemente desquiciado.

Si pequeño, claro, cuando salgas de aquí.

No… no entiendo — dijo Bill, dirigiendo sus enormes ojos llenos de súplicas hacia Tom, rogándole con la mirada que no permitiese aquello.

Disculpe Coronel, pero Bill ya tiene un tutor —agregó Tom de forma terminante.

¿Ah si? —el Coronel se encaró con Tom y levantó una ceja —¿Y quien es? 

Bill estaba tan intrigado como el Coronel, además de aterrado. Hasta ese momento no se había puesto a pensar en la cuestión de que ahora era un huérfano y que estaba solo en el mundo, y lo peor de todo, que por esa razón podrían alejarlo de Tom, y el dolor flameó por todo su cuerpo.

Soy yo — soltó Tom de forma resuelta y le guiñó un ojo a su petrificada súper Estrella, aún odiaba profundamente verlo como un conejito asustado.

¿Usted Señor Trümper? — preguntó el Coronel, ofuscado —no se ofenda pero ¿está consciente de lo que representa hacerse cargo de un niño? Usted, según sé, es un músico y su vida es errante, irreverente y descontrolada, quizá sería mejor dejarle esa responsabilidad a alguien más… establecido.

Vamos Coronel, no me toque las pelotas.

Y el Coronel estaba con una cara de subnormal tan graciosa que Tom no sabía si partirse de risa o echarlo a patadas. —Soy perfectamente capaz de hacerme cargo de Bill —dijo, y en el caso de que hubiese existido alguna posibilidad de declinarse, la cara de felicidad llena de ilusiones que se le había dibujado a Bill habría bastado para que ofreciera de nuevo su vida por la de el. 

Bueno —carraspeó el Coronel —en ese caso me alegro mucho, y me habría encantado que te quedarás conmigo —se volvió nuevamente hacia Bill, pero el Niño ni lo miraba, solo tenía ojos para Tom, y su mente estaba en pleno viaje de increíble ilusión al saber que estaría con Tom para siempre. —Aún así, espero que no te moleste que alguna vez los llame para saber de ti.

N-no me molesta —dijo Bill, algo descolocado.

En ese caso, será mejor que me vaya, aún luces cansado pequeño — se volvió entonces hacia Tom, y le dirigió una mirada un tanto mordaz pero muy educada —Hasta pronto Señor Trümper, seguiremos en contacto — agregó como un comentario, pero a Tom le pareció más una amenaza y solo asintió, tenía la mandíbula trabada.

Hasta luego —dijo, y el Coronel se marchó.

¿Es enserio Tom? — inquirió Bill, con el corazón latiendo a doscientos de golpe.

Claro que si, no era la idea que te enteraras de este modo, pero si, de ninguna manera dejaré que te alejes de mi, después de lo que hemos pasado ya sabes…

¿Estás seguro? — preguntó de repente, inseguro. Tom se desesperó cuando Bill bajó la cabeza, haciendo que su cabello largo creara una pantalla sobre sus ojos; y escondió las manos bajo las mantas. El músico quería verlo, así que se sentó a su lado y con infinito cuidado lo tomó por la barbilla, sintiendo que el toque quemaba.

¿Porque preguntas eso?

Su mirada oscura se enganchó en los ojos de avellana de Bill y se mareó, era tan perfecto.

No lo se — respondió al cabo de unos segundos, luciendo desvalido. Y Tom supo que eso era exactamente lo que había dicho Georg, la confianza de Bill estaba totalmente rota y reconstruirla llevaría mucho tiempo y esfuerzo. Lo miraba intensamente y Bill le sostuvo la mirada; Tom no lo soltó y quería besarlo otra vez, pero se reprimió.

No pienses en eso ahora, solo termina de recuperarte porque ya quiero salir de aquí.

¿Voy a estar contigo?

Hasta el momento que tu quieras…

¿Para siempre…? — la pregunta fue tan insegura y vacilante, que Tom no lo pudo soportar. Acortó la distancia y envolvió a Bill entre sus brazos.

Para siempre, pequeña súper estrella— y su cuerpo se apretó al escuchar el leve sollozo de Bill —no… no llores —suplicó.

Te quiero Tom —articuló Bill con su voz quebrada.

Yo también te quiero Bill…

&    Continuará   &

*Gorra de plato: La gorra de plato es un tocado rígido o semirrígido compuesto de plato, parte cónica (o banda) y visera; puede incluir barboquejo. El plato puede ser recto o inclinado (como en la mayoría de las de uso militar).

Notas finales: Hasta aquí el último y largo capítulo de esta historia que me ha hecho dejarme medio cerebro plasmado aquí. Hay muchas emociones y situaciones aquí y espero haberlas abarcado correctamente para no dejar nada en el aire.

El epílogo estará listo a mediados de semana, si se complica hasta el domingo y listo, nos vamos!

Desde ya, muchas gracias por leer.

por Shugaresugaru

Escritora del Fandom

13 comentario en “PSP 21”
  1. Me encantó. Fue perfecto. Bill se recuperó y Tom estará ahí para protegerlo. Georg fue bastante listo al adelantarse con los papeles de la adopción. Y el mismo hecho que Bill prefiriera a Tom en lugar del coronel, fue excelente. El beso fue tan precioso, justo lo que se necesitaba para este fic, porque no podía, no debía haber otra cosa, salvo ese beso casto y lleno de emociones.
    Estaré esperando el epílogo, pero se que será igual de perfecto. Gracias por tan bella historia.

    1. Gracias por este comentario y por todos los demás! Los tenía tan presentes y quería responder a cada uno pero ahora estoy hecha un lío con esta página nueva y bueno, desde aqui te agradezco cada una de tus bellas palabras.
      Ahora respecto a la historia, me alegraque te haya gustado, la verdad no tuve corazón para escribir más dramas, creo que lo que necesitan es ya tranquilidad, y lo del beso, quería que fuera solo
      Tierno, puro y así, ya el epílogo será otro cantar 😉

  2. Soy de las que ama el romance desde el tierno hasta el intenso. .y joder (disculpa la mala palabra) ese beso me supo a todo. Todos los sentimientos fueron transmitidos en un beso casto y puro. Quizá Bill todavía no alcanza a discernir o identificar todo eso que le hace sentir Tom por la edad pero em su inocencia y en la experiencia de Tom creo que a ambos les quedó entendido lo que sienten por el otro. .en verdad fue un beso y fue perfecto.
    Gracias por dejarlos juntos y librar el drama de la familia de Bill. Estaré ansiosa por el epílogo.
    Buen día!

    1. Hola!!😊
      Gracias por pensar que fue Perfecto, la verdad tenía muchas dudas en cuanto a que fuera muy atrevido o al contrario muy soso, pero a fin de cuentas es todo él meollo del asunto no? Los sentimientos de Tom y al final pues Bill no es un bebé, es un pre adolescente y pues.. si las hormonas estarán en su contra, será una locura pero verás que se van a acoplar muy bien.
      Gracias por todos los comentarios, los descubrí aquí antes de quedar cambiara la página y ya no los puedo responder pero te agradezco por todos y cada uno. Nos vemos en el epílogo!

  3. Llevo desde ayer leyendo el fic y ahora que terminé es como, wow, lo que me estaba perdiendo. El principio fue tan diferente a lo que se convirtió el fic al final, mafia y eso. Pero la historia tras todo aquello, la confusión de Tom por sus sentimientos por el pequeño cuervo, me encantó. Estaré esperando el epílogo, pero ya me has dejado asombrada con el fic.

    1. Hola!! Gracias por tomarte el tiempo de leerlo. Por ahí en alguna nota escribí que el show era como el parteaguas de lo que iba a suceder después que pues, fue todo esto. Hace tiempo quería escribir sobre la mafia y todo eso y estoy nostálgica, este fic tiene tres años y por fin verá su final, me alegro que te guste y que me lo hayas dicho! Un abrazo!!

  4. Estoy que me derrito de amor~♡.
    Me encantó demasiado el momento donde Tom beso a Bill, fue demasiado tierno, casi me da diabetes.
    Debo admitir que espero ver un poquito mas de «acción» entre ellos cuando lea el epílogo;; ojala los muestren cuando ya Bill sea mayor de edad~.

    1. Aww nooo, que no te de diabetes porque falta el epílogo y ahí si que habrá acción juju ya verás no desesperes!
      Muchas gracias por leer y comentar😘

  5. Ojalá en el epílogo veamos un avance en el tiempo con Bill ya mayor de edad…Sería precioso ver cómo construyen su vida queriéndose de todas las formas posibles (L)

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