Notas: Increíble si, se que dije que serían dos capítulos más pero, la historia está dando para algo más ya que, hay aún temas que abordar para que ningún detalle se quede en el aire o fuera de contexto, así que falta un capítulo más, que estaré colgando antes del próximo domingo y que creo será el más largo de toda la historia 🙂 luego el epílogo y listo, terminado. Desde ya quiero agradecer por seguir leyendo y por esperar tanto por esta historia que creí que no vería su final! Miles de gracias!

Capítulo 20

Seguía lloviendo sobre la negrura de la noche en Múnich, y el frío era intenso.

Bill, Tom y Georg habían sido trasladados en ambulancias al enorme hospital Helios West, ubicado en la zona céntrica de Múnich, donde las camionetas militares con sus soldados y equipos de combate habían cortado el tráfico en cualquier sentido, poniendo barreras en cada vía a más de cinco kilómetros del hospital. Había hombres armados en las Terrazas del hospital, en los tejados de las casas aledañas y en los jardines del parque estatal que colindaba con el hospital. Todos estaban conscientes de que el ruso Gustav había logrado huir con vida y era seguro que a esas alturas, ya todos los clanes de la extinta Unión Soviética sabían de la muerte de uno de sus lideres más fuertes y de la traición de Bill. 

La seguridad era prioridad. 

 

El conocido y monótono pitido del monitor de signos vitales llenaba el silencio sepulcral de la habitación del hospital, y contaba cada subida y bajada del fuelle del respirador. Iban y venían médicos y enfermeras con expresión atemorizada afuera en los pasillos custodiados por más soldados, todo por órdenes del Coronel Hintze, que también andaba por ahí recibiendo órdenes de sus superiores.

Pero en la calidez y el silencio de la habitación privada, Tom reflexionaba una y otra vez los sucesos acontecidos hacia tan solo unas horas. Era de noche, y él estaba sentado en un pequeño y mullido sillón al lado de la cama de hospital alta y llena de botones que ocupaba Bill. Tom tenía el brazo izquierdo escayolado y le habían hecho placas de rayos X en la espalda, descartando fracturas y traumas mayores por el tiro que había recibido, y solo le habían suministrado médicamentos potentes para el dolor y los hematomas, y Tom se había negado en redondo a que lo pusieran en una cama de hospital, como a Bill y como a Georg. Y mientras estaba en esa quietud, acompañado por los sonidos de los aparatos médicos, pensaba, con la vista clavada en el rostro del niño. Pensaba en el padre de Bill, y en cómo, sin una pizca de remordimientos, o de cordura, o de algún sentimiento parecido a la sensatez, había disparado, esperando asestar en la cabeza de su  único hijo para asesinarlo. A Tom se le revolvieron las tripas una vez más, pero sacudió la cabeza para disipar la nube de náuseas que despuntaba en su garganta y cerró los ojos esperando aliviarse pero de nada sirvió, porque aún con los ojos cerrados podía seguir viendo detrás de ellos la mirada vacía de Bobrikov en sus ojos al morir, aquella mirada que lo perseguiría para siempre, porque en aquellos ojos de hielo no había amor, ni pena, solo culpabilidad y dolor y una furia ciega. Era obvio que Bobrikov no había planeado ese final y en ningún momento de su vida y a pesar de todos los riesgos que había corrido, nunca había llegado a tomar en consideración la posibilidad de su propia muerte. «Esto es culpa tuya» parecían decir los ojos del ruso sin apartarse de la figura tirada en el piso de su hijo «Tú me has llevado hasta aquí y esto debería estarte ocurriendo a ti»

Y ese mensaje se había grabado a fuego en Tom, quien agradeció que Bill no había logrado ver eso. Ya suficiente tenía con lo suyo. Y el músico fue incapaz de llegar a asimilar esa clase de desamor.

El Coronel Hintze llegó en ese momento, sacando a Tom de su ensimismamiento.

¿Se puede? — preguntó cortésmente, asomando la cabeza por la puerta corrediza de cristal. 

Adelante Coronel — dijo Tom mientras se tallaba los ojos con su única mano libre.

¿Como va todo? — preguntó, con el azul de sus ojos clavando en la silueta de la cama, y luego mirando la pulcritud de Tom, que llevaba encima unos jeans negros, playera y chaqueta a juego y el cabello recogido tras la nuca— veo que le entregaron mi encargo. Y el músico asintió. Aquel encargo no era más que una maleta con suficiente ropa y artículos de limpieza para Bill, Tom y Georg.

Todo sigue igual — respondió Tom, frunciendo el ceño al ver que el Coronel traía algo hecho jirones sobre su brazo izquierdo —¿Que es eso? —inquirió.

Es lo que le salvó la vida, quiero que vea algo— respondió, poniendo los restos destrozados del chaleco antibalas en la orilla de la cama, haciendo que Tom se levantara y fuera hasta el. Y el músico vio el chaleco negro hecho pedazos, literalmente hecho pedazos. 

¿Ustedes lo rompieron así? — preguntó, mirando de cerca.

No señor Trümper, la bala que está hecha pedazos aquí es expansiva…

Y Tom palideció.

Una bala expansiva era completamente letal, y miró más de cerca el chaleco, viendo las capas deshechas de material de fibras sintéticas y laminadas, y por debajo, había otras tres capas, de acero, cerámica y titanio  respectivamente, y entre los materiales despedazados se podían apreciar las esquirlas de la bala que había estallado al contacto. 

En realidad pensaba hacer pedazos la cabeza de Bill… — susurró Tom, con un nudo indisoluble en la garganta.

Me temo que si — afirmó el Coronel, viendo de forma desolada a Bill, su rostro blanco como el mármol, con un tubo insertado incómodamente en su pequeña boca, el pecho, que subía y bajaba constantemente con su ritmo hipnótico, y finalmente sus manos, pequeñas y delgadas pero de apariencia fuerte, atravesadas por sondas y agujas. 

No puedo comprenderlo — dijo Tom, apartando la mirada, sentía la sangre hervir dentro de sus venas, lenta y dolorosamente. Pensaba que en efecto, Bobrikov había amado a su hijo a su manera, con un amor extraño que solo conocía los caminos de la decadencia y de satisfacer todos los caprichos, y eso no tenía ningún valor.

No es algo que pueda comprenderse

¿Usted lo mató? — preguntó Tom a quemarropa, aún con la mirada perdida más allá de las ventanas oscuras —¿como fue?

Pues… — el Coronel lucía confundido y se aclaró la garganta antes de empezar —fue algo complicado llegar hasta ustedes señor Trümper. Los soldados de los primeros vehículos estaban enzarzados en un tiroteo con los rusos, y apenas si pudimos llegar para acabar con ellos, y después fuimos en busca de ustedes, encontramos la camioneta volcada con el señor Listing dentro, el chofer y el soldado ya habían muerto, y en ese momento escuchamos el primer disparo. Bobrikov me quedaba en un ángulo Perfecto y le disparé en cuanto usted y el Niño cayeron al piso, y la teniente Merkel fue la que hizo el disparo que asesinó al otro guardia ruso.

Pero Gustav escapó.

Si, el ruso Gustav escapó y es como si hubiera desaparecido en una nube de humo, no ha sido posible localizarlo.

Bueno, le agradezco de cualquier forma Coronel, usted nos salvó la vida. — dijo Tom, mirando de nueva cuenta al Coronel, y en sus ojos oscuros brillaba el agradecimiento.

No tiene nada que agradecer, aunque el ruso Gustav haya escapado, creo que el saber que Bobrikov ha muerto es una tranquilidad, de cualquier modo, seguirán protegidos en todo momento —concluyó, y su expresión era pétrea —¿Que dicen los médicos respecto al Niño? 

La visita médica fue hace una hora, — informó Tom, dejando caer los hombros — está sedado porque tiene un traumatismo craneoencefálico y una herida abierta en la cabeza, lo tendrán en observación ya que aún no saben si hay deterioro neurológico o tiene dañada la médula espinal, aunque en sus tomografías no aparecen ninguno de esos síntomas, así que hasta mañana sabremos algo más concreto.

El Coronel suspiró, de manera cansada, y su alma se volvió pesada de preocupación.

Es un niño fuerte, saldrá adelante.

Y Tom lo miró fríamente.

Lo que me preocupa, Coronel, es que Bill lleva demasiado tiempo siendo fuerte, y lo último que supo es que su padre me asestó un tiro en la espalda, un tiro que iba dirigido a él, no sabe qué estamos vivos y bien.. 

«Y tengo miedo de que se rinda, que deje de luchar y me abandone»  Pensó Tom, con amargura. Sus ojos se cristalizaron. 

Eh.. ¿Y el señor Listing? —balbuceó el Coronel, cortado por la profundidad del dolor en los ojos del músico. No estaba familiarizado con ese tipo de pérdidas. 

Georg se recuperará, es duro como una roca. Tiene golpes y heridas por todos lados pero ni un solo hueso se le rompió, solo una dislocación de rodilla y una herida algo profunda en la pierna, por eso está ingresado, ya sabe, deben atenderle bien o se infecta. Y para serle sincero Coronel, no soy capaz aún de mirar a mi amigo a los ojos… 

Y los ojos del Coronel se suavizaron.

No se preocupe señor Trümper, lo que ustedes hicieron es algo sumamente noble y valiente, y por fin liberaron a este niño del yugo de su tirano padre. 

Pero no había nada que pudiera darle consuelo a Tom.

Inclusive estuve pensando, ya que este Niño está tan solo en el mundo —dijo, sin mirar siquiera el fuego que había empezado a arder en las pupilas de Tom —voy a iniciar los trámites para adoptarlo.

Y el músico tuvo hacer un monumental esfuerzo para reprimirse y no asestarle un puñetazo al bien intencionado Coronel, y antes de que lo notara, el Coronel ya se había despedido y marchado. 

Estúpido — bisbiseó Tom, con la rabia aun ardiendo en su sangre, —adoptarlo, como si fuera un cachorro —bufó, mientras volvía a sentarse al lado de Bill para vigilar su sueño y susurrarle suavemente —no permitiré que nada ni nadie te aleje de mi, pequeño cuervo. 

[…] 

Al día siguiente las cosas se pusieron un tanto mejor para la salud de Bill. La nueva tomografía axial había mostrado que la inflamación en su cerebro estaba disminuyendo, además de que la actividad cerebral era normal y tenía buenos reflejos. Durante su chequeo de rutina, Tom fue retirado de la habitación, y aunque los médicos y enfermeras le dijeron que fuera a descansar, Tom los miró desdeñosamente y no se molestó ni en responder. 

Fue a ver a Georg, deseando que estuviera despierto, ya que las dos veces anteriores que había ido no había tenido suerte. Pero Georg estaba consciente cuando Tom llegó, con sus ojos tan verdes y alertas como los de un gato. Se le veía entero, ni siquiera había palidez en su piel, solo tenía una pierna envuelta en unos vendajes gruesos, y Tom adivinó que la herida en su otra pierna estaba sanando bien. 

Georg le sonrió aliviado y agradecido de verlo en pie y Tom se acercó, avergonzado y arrastrando los pies. 

Hola Tom 

Hola viejo ¿qué tal estás? 

Bien, ya quiero levantarme de aquí pero no me dejan aún — respondió Georg, y su expresión se tornó preocupada al ver el brazo izquierdo escayolado de Tom — ¿que rayos te pasó? ¿ y Bill? Aquí no me dice nadie nada.

Bill… 

¿Tan grave está? — preguntó frunciendo el ceño y sus ojos se inundaron de preocupación.

Tom se sentó a su lado en un sofá idéntico al que estaba en la habitación de Bill.

Un poco, pero se está recuperando— respondió y los ojos preocupados y siempre atentos de Georg se suavizaron.

¿Que fue exactamente lo que sucedió? 

Volamos por los aires gracias al hijo de puta de Gustav, y Bill como siempre se llevó la peor parte y se fracturó el cráneo. — respondió Tom, en voz muy baja y mirando hacia el piso. 

Georg estaba impactado, sintió una profunda pena, y no quería aventurarse a decir que Bill iba a estar bien, ya que no sabía absolutamente nada, ni tampoco pensaba decir cosas banales ni darle falsas esperanzas a su amigo, ya se veía totalmente hecho polvo y eso era a lo que él tanto temía y rogó al cielo porque Bill saliera adelante. O Tom jamás se recuperaría.

¿Como estás tú? — inquirió, enarcando una ceja.

Esto es sólo una molestia — refunfuñó el músico agitando la escayola —No se con que rayos me rompí el jodido húmero en dos, pero solo me siento más inútil de lo que ya soy.

Y Georg, con su don natural, pescó en el acto aquel tono de dolor escondido en lo más profundo y ronco de sus palabras.

Eh… ¿Que pasa Tom? ¿Como te atreves a decirte así?

Tom no respondió, solo se limitó a encoger los hombros y hacer muecas de molestia y de tristeza. Su corazón estaba pesado por la presión y la preocupación. No se sentía bien. 

No lo sé — dijo al fin. Y aquello era sincero.

Se lo que hiciste Tom, se que gracias a ti ese ruso no asesinó a Bill, me lo dijo él Coronel, y eso no lo hace cualquiera ¡preferiste recibir el disparo por el!  — enfatizó, pensando en tan tremendo amor y en tanta valentía — así que, lo último que nadie podría pensar de ti es que eres un inútil. 

¿Te has sentido a la deriva Geo? Es como si no tuvieras rumbo, o algo así, los rollos psicológicos no se me dan para nada pero… me siento perdido de alguna manera que me resulta muy extraña.— soltó Tom, sin atreverse a revelarle aún a su amigo las intenciones del estúpido coronel. 

Es normal, lo que sucede es que no has terminado de asimilar todo, y no es que sea algo fácil de asimilar, y tu preocupación por todo lo que envuelve a ese chiquillo te turba, pero todo saldrá bien, y el dolor se va mitigando—concluyó el psicólogo, guiñándole un ojo a un más confundido Tom. 

¿Porqué demonios estás tan tranquilo? — preguntó entonces Tom, entrecerrando los ojos con suspicacia, aquel castaño loco algo escondía y conociéndolo, no iba a soltar prenda.

¿Yo? Para nada — rechazó Georg, agitando la mano derecha atravesada por una aguja. Tom odiaba las agujas.

Ten más cuidado plasta — dijo Tom, mirándolo receloso, justo en el instante en el que llegaba la enfermera para revisar a Geo —te vas a reventar la vena.

Saluda a Bill por mi.

Seguro — dijo Tom con su sonrisa pícara, y salió de ahí.

Cuando volvió con Bill, vio con infinito alivio que por fin habían reemplazado el tubo endotraqueal por una mascarilla de oxígeno, y también vio que el respirador estaba apagado. Y aquella era la señal que estaba esperando, la muestra de que Bill estaba luchando, ya estaba respirando por su cuenta.

El músico se aproximó a la cama, sonriendo y al sentarse, tomó en su mano libre, una de las manos de Bill y depositó un suave beso en la suavidad de la piel atravesada por agujas, maravillándose, aspirando aquel aroma que lo volvía loco, ya que a pesar del atemorizante aroma a medicinas y hospital, la piel de Bill seguía siendo cálida y seguía oliendo a caramelos de mantequilla.

Que lindo —dijo gravemente una voz que no era de ningún médico, ni de Georg ni del Coronel, pero que Tom reconoció al segundo.

Y el músico fue presa de la conmoción. Se enderezó con la rapidez de un relámpago, y vio con horror y rabia a Gustav de pie a tan sólo un par de metros de la cama de hospital. Había una bata de médico y un estetoscopio tirado en el piso, el disfraz. 

¿Te has quedado sin palabras Trümper? —musitó el rubio con un tono relajado. Toda su postura era relajada, y tenía las manos dentro de los bolsillos del pantalón. 

¿Como demonios? —consiguió articular Tom después de unos instantes, mirando alternativamente al rubio y hacia el pasillo donde antes estaban los soldados. Ahora estaba vacío.

¿Como logré burlar a los papanatas esbirros de Hintze? Fue muy sencillo pero no le digamos nada al Coronel, seguro que se mata. 

¿Que quieres? — gruñó Tom, a cada segundo su ira se incrementaba. Se enfrentó a Gustav tratando de abarcar con su cuerpo a Bill para escudarlo. Saltaría encima del rubio como lo haría un perro rabioso de ser necesario.

Relájate Trümper, no he venido a hacerles daño, ni siquiera traigo armas.

Y Tom se descolocó, las náuseas volvieron a repuntar en su estómago y no se relajó.

¿A que vienes entonces? 

A hablar contigo

¿Sobre que?—ladró

Mira Trümper, no espero ni necesito que ni siquiera me entiendas, solo que lo sepas, porque yo no deseaba nada de esto, —dijo, abarcando con su mano toda la habitación —tenía una deuda con el padre de Bill, solo eso. Tú me agradas, y el Niño me provocaba una intensa lástima hasta que apareciste tú.

Y Tom seguía sin entender nada.

¿Que yo te agrado? —vociferó — ¡trataste de matarme!

Te equivocas, si hubiera querido matarte estarías muerto. Pude meterte el tiro entre ceja y ceja. Lo mismo a Bill, cuando te disparé o cuando volé la camioneta, lo hice con cálculo porque no los deseo muertos. Creo que eres un buen tipo, y eres lo mejor que pudo sucederle a este niño, lo conozco desde que nació, siempre tan triste y distante, tan frío… y cuando murió su madre, se convirtió en un niño solo y maltratado, se que con nadie más podrá estar más a salvo que contigo. 

Entonces ¿que te unía a su padre? — preguntó Tom, más tranquilo pero sin bajar la guardia, con esas escorias nunca se estaba seguro de nada.

Como te lo dije, una vieja deuda. La vida dentro de la mafia es complicada y lo hacíamos bien, es solo que un tipo como Bobrikov no debe tener hijos. No es normal que vayas por ahí jodiendo a tu propia sangre. Tampoco me duele ni me alegra su muerte. Para mí es como cambiar de empleo, sencillo y rápido, pero se que para él Niño será un buen cambio, y lo único que vengo a advertirte es que lo cuides, porque los estaré vigilando, y sabrás si a algún integrante de la Bratvá* se le ocurre meterse con ustedes. 

 

Tom no sabía ni qué decir. Aquel rubio lunático que siempre había conseguido ponerle los pelos de punta resultó ser aliado en lugar de enemigo. Y nunca pensó que un tipo como aquel fuera capaz de decir tantas palabras.

Pues… gracias — dijo Tom, con el ceño fruncido.

Pues de nada — Gustav sacó las manos de los bolsillos y Tom pensó que iba a estirarla para ofrecer una despedida o algo así, pero el rubio solo se colocó de nuevo la bata de médico y el estetoscopio, y se quitó las gafas—cuídate y cuídalo y ofrece mis disculpas al psicólogo — dijo por último y se marchó.

En cuanto Gustav se marchó, Tom dejó escapar todo el aire que había estado conteniendo en sus pulmones durante todo el encuentro. 

«Qué tipo más loco»  pensó, pero de algún modo, Gustav y sus palabras habían aflojado un poco la opresión que sentía Tom en el pecho, y estaba mucho más tranquilo cuando tomó su lugar, junto al lecho de Bill.

&     Continuará     &

Bratvá: La mafia rusa, Bratvá o mafia roja son nombres usados a menudo para designar una gama de organizaciones del crimen organizado originarios de la ex Unión Soviética.

Gracias y hasta la próxima!!

por Shugaresugaru

Escritora del Fandom

6 comentario en “PSP 20”
  1. Lo amo, lo amo! Ya lo había leído en THFicción, pero olvidé comentar jeje.
    Este fic es genial, gracias por compartir con nosotras!
    Besos!

  2. Vaya, pasé por varias etapas con este capítulo. Angustia por Bill al estar con un respirador. Miedo por Georg, hasta que dieron el diagnóstico completo. Miedo y alivio por Gustav y sus palabras a Tom. Y ahora estoy deseosa de seguir leyendo para saber qué pasará con ellos. No me gustaría que separaran a Bill de Tom, pero me temo que Tom no debería adoptarlo, porque no sé, sería raro dados sus sentimientos por el niño.
    Me encanta como va el fic. Gracias por actualizar.

  3. Ufff, fue un alivio saber que Bill se está recuperando y que al parecer la mafia Rusa no los tocara más. Un gran alivio que Gustav no este tan «loco» como para seguir los planes de Venganza del padre de Bill.

    Mmm la adopción de Billl, no creo que Tom se quede con los brazos cruzados, han pasado por tanto que no creo que deje ir a Bill de su lado.
    Qué bueno que todavía haya algo más por escribir de ellos, estaba chocando los Tags y quizá falte un lime, bueno, no creo que se de esa circunstancia pero quizá una confesión o un tierno beso 🙂
    Saludos.

  4. Ayy puedo respirar ya? Me duelen los pulmones tanto aguantar la respiración, casi se me para el corazón cuando mire a Gustav 😔🤧 pero no me esperaba eso, y ustedes? Jaja aún así no bajare la guardia.
    Espero que mi niño se recupere pronto, quiero ya felicidad aquí, quiero besitos amor y mucho cariño 🥹❤️‍🩹✨ pero primero a pelear porque el niño quedé con Tom y listo. Solo queda eso y ya 🥰

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