&   Capítulo 2   & 

Tom, dormido, soñaba que un gran banquete lo esperaba, de esos paralizantes, humeantes, tentadores…

Abrió los ojos y efectivamente, había un aroma delicioso que impregnaba el ambiente y se enroscaba invisible en el aire cálido de la mañana.

El niño estaba comiendo un enorme sándwich de jamón serrano y queso suizo; no llevaba nada encima más que la gigantesca camiseta blanca, y se había sentado en posición de flor de loto, frente a Tom, al pie de la cama.

— ¿Tienes hambre? — la voz aguda de nuevo.

Después de unos instantes de estar como zombi, Tom reconoció a Bill y recobró por completo la conciencia.

— ¿De dónde sacaste todas esas cosas?

—De la cocina. El jamón es excelente, y también la mantequilla. ¡Y tienes café con leche en polvo!

“Creo que aun estoy dormido” pensó Tom mientras se frotaba los ojos.

La iluminación del sol que entraba por uno de los enormes ventanales de piso a techo era muy tenue y el músico medio abrió un ojo para echarle una mirada al despertador de neón que estaba en su buró. Marcaba las 7:58 am.

— Dios ¿Siempre te levantas a ésta hora? — Se quejó Tom entre bostezos —yo duermo hasta las nueve entre semana— le dirigió después una mirada de molestia.

—Te ruego que me disculpes— el chico bajó la cabeza, visiblemente apenado, y Tom se desesperó, abrumado por tanta inocencia.

—Como sea— desechó mientras se levantaba. Sus rastas negras se desperdigaron por su espalda y los hombros, y flexionó los músculos engarrotados por tantas horas de sueño.

— ¿Yo seré así… algún día? — la voz tímida resonó a su costado, y Tom miró a Bill de reojo.

— ¿Ser como, niño?

—Pues… así— y señaló los marcados músculos del pecho Tom, quien no llevaba camisa porque solía dormir desnudo; sin embargo, con el niño en su casa, había tomado la sabia decisión de dormir con un pantalón de pijama.

—Tal vez— comentó el músico, pensativo mientras se sentaba al borde de la cama y sacudía la cabeza, aletargado, como lagarto por la mañana. Jamás se levantaba a esa hora y se sentía todo grogui y medio estúpido. —Pero tendrás que hacer mucho, pero mucho ejercicio— volvió la cabeza para mirarlo directamente— te diría que comer mucho, pero eso parece que ya se te da bastante bien.

Al niño se le encendieron las mejillas mientras le propinaba un tremendo bocado al sándwich, que ya iba más allá de la mitad. El jamón se salió un poco por el extremo inferior. Tom volvió a desesperarse, porque el pequeño Bill lucia la mar de inocente, con esa camiseta que le iba demasiado grande.

—No había comido muy bien— comentó el niño.

—Eso veo… iré a tomar una ducha ¿de acuerdo? — dijo con voz ronca mientras se levantaba para encerrarse en el baño dando un portazo un poco más fuerte de lo que hubiera deseado.

&

 

Cuarenta minutos después, Tom estaba ya completamente listo y arreglado, metido en un par de pantalones de lino negro, una ajustada camisa blanca en la que los músculos de su pecho se remarcaban fuertemente y una chaqueta ligera; llevaba las rastas atadas en una media coleta y su loción fresca se arremolinaba tras él mientras caminaba. Era viernes y aun tenía que presentarse en los estudios para ese último día de trabajo de la semana, y al pensarlo hizo una mueca de dolor.

Volver a soportar a esos desafinados mandriles queriendo cantar el himno a la alegría…

Cuando salió del baño encontró que el niño se había quedado dormido en su cama, aferrando las sabanas con sus delgados brazos. Tenía la cabeza vuelta sobre la almohada y en la blancura de aquel fondo, resaltaban sus increíblemente largas pestañas.

El músico emitió un prolongado suspiro justo en el momento en que el niño se envolvía más en las mantas. Después salió del cuarto, decidiendo que lo dejaría dormir un rato mas.

Se preparó mentalmente para recibir una escena que lo haría molestarse de una manera increíble. Migajas de pan por toda la cocina, platos sucios, la barra desayunador manchado de mil porquerías, y temió un arranque de mal genio que pudiera herir de manera grave en cierto modo al chiquillo que dormitaba escaleras arriba; pero al llegar abajo, todo estaba tan pulcro como si no estuviera en su casa nadie más que él.

El sofá estaba impecablemente blanco, y las mantas dobladas en una esquina. En la cocina no había nada fuera de lugar, más que un plato cubierto por un domo de cristal transparente, que cubría un segundo sándwich igual de enorme. Aun seguía tibio, y la mantequilla se resbalaba por el pan crujiente en su perezosa danza. Su estomago rugió.

El bocadillo resultó ser insultantemente bueno, y Tom lo devoró en cuatro escasos bocados, también se tomó su tiempo para disfrutar una gran taza de café, mientras miraba detenidamente una revista de arquitectura y bostezó después, al momento de estirarse y ponerse en pie para volver a su habitación. Necesitaba dejar las cosas claras.

Pero Bill seguía dormido, ahora profundamente y de su boca entre abierta escapaba uno que otro suspiro.

Su habitación, que para él era una entidad sagrada y prácticamente impenetrable, estaba aun sumida en las grises sombras del amanecer, pero curiosamente, Tom no la sentía profanada, sino todo lo contrario, ahora le gustaba más. Era su templo, su espacio, su zen. Una habitación enorme, un océano de alfombra mullida color marfil. Las paredes eran blancas, con detalles sobresalientes dignos del Palazzo de la época. Su cama estaba pegada al muro central, frente a los dos ventanales circulares de más de cinco metros de alto, cuyas cortinas de suave terciopelo negro estaban aun cerradas. Una enorme pintura de la soprano Leontyne Price dominaba el muro hacia la derecha. Algunos enormes almohadones de terciopelo negro estaban estratégicamente acomodados al pie de las ventanas, y un pequeño sofá de tapizado en gamuza color arena de su diseñador preferido, Joe Colombo eran todo el mobiliario, vigilado silenciosamente por un enorme candelabro lleno de estalactitas de cristal que parecían titilar aún en la oscuridad.

El músico se sentó sobre su cama de acero y cuero negro, al lado de Bill y le observó  dormir por un rato.

Se fijó en el brillo de fruta madura de su boca en la penumbra, en la suavidad de su cabellera negra que le caía a mechones sobre la frente y en la oscilación despreocupada y dolorosamente flexible de su pecho al respirar; y de un momento a otro el niño despertó, como si supiera que alguien lo observaba, pero al ver que se trataba de Tom, el pequeño sonrió, totalmente confiado; y Tom se sintió morir, el niño tenía dentro de los ojos la fe más absoluta imaginable en él, y eso le dejaba sin armas para defenderse.

—Eh… Bill— comenzó, mientras el niño lo miraba con ojos soñolientos; sonriendo aún. La sonrisa era conmovedoramente dulce.

— ¿Vas a llevarme a casa? — la pregunta escondía un leve matiz aterrorizado.

—Claro genio— respondió el músico, irónico— ¿Cómo crees que voy a llevarte si no tengo ni idea de dónde vives? Pequeño bobo.

—Lo lamento pero… Recuerdo lo que dijiste ayer, y… ya me voy— le dijo mientras sacaba las piernas de las sabanas. Tom sintió de nueva cuenta que una ternura poderosa como bola de demolición lo hacía pedazos ¿Cómo iba a permitir que un chiquillo como aquel anduviera solo por las calles?

—Mira Bill— lo detuvo— sé lo que dije, pero tampoco puedo dejar que sigas en la calle tu solo, ya que no quieres ir a tu casa… no soy ninguna clase de monstruo sin corazón aunque lo aparente. Si no quieres ir a tu casa, motivos tendrás. Deshacerme de ti seria sencillo. Podría tomarte e ir a la policía, ellos se encargarían de regresarte a casa. Pero no lo haré… supongo que puedes estar aquí unos días, aunque sabes que tarde o temprano tendrás que regresar…

—Lo sé— el niño asintió, pero le brillaban los ojos— ¿en verdad puedo quedarme?

—Siempre que no hagas ningún desastre. — dijo Tom, mientras su mente se retorcía y lo golpeaba ante lo que acaba de decir.

—Gracias— chilló el niño mientras se abrazaba al brazo de Tom.

—Eh… tranquilo— Tom lo devolvió a su lugar entre las sabanas, pero después volvió a tomarlo por la delgada piel que recubría la garganta— deja que le eche un vistazo a estas— dijo serio, mirando las vendoletas blancas que mantenían unida la inocente herida de la ceja de Bill— cicatrizas rápido— lo soltó.

—Es porque como muy bien.

—Vaya que lo haces— dijo Tom mientras le revolvía el pelo después de haberle soltado— he de ir a trabajar. Nos vemos mas tarde.

—Está bien— replicó el niño mientras volvía a enterrarse entre las sabanas.

—Gracias por el bocadillo por cierto— dijo Tom desde la puerta, antes de cerrarla sin hacer prácticamente nada de ruido.

&

 

Para el músico, el viernes pasó como cualquier otro día. En cuanto puso un pie en los estudios se había olvidado de todo, incluso del pequeño que estaba en su hogar. El sufrimiento del show llenaba su mente y solo quería que el día terminara pronto.

Pero el show de aquel día se prolongó hasta entrada la tarde noche; muchos más participantes se inscribieron y ya estaban planeando una segunda temporada ahí mismo.

Dieter detuvo a Tom cuando éste iba de salida a toda prisa por el pasillo hacia el estacionamiento al concluir el tortuoso día.

—Tom… ¿tienes un segundo? — inquirió mientras jadeada por el esfuerzo de haber corrido tras el músico.

— ¿Qué se te ofrece?

— ¿Llevas mucha prisa?

—Un poco, tengo una cita— respondió impaciente.

—Bueno, lo que tengo que decirte será rápido, bien sabes que mañana es la clausura… los productores aceptaron una segunda temporada y quieren negociar contigo para que vuelvas a ser un crítico.

—Creí que odiaban mis críticas…

—Que va… son geniales.

—Mira, Dieter— comenzó Tom de manera directa— la verdad es que no.

— ¿No? — Dieter parecía no creérselo, pero Tom no era una persona que se andaba con rodeos.

—No, ha sido muy duro tener que soportar la primera temporada y no creo poder aguantar una segunda.

—Pero… es muy buena paga.

—Lo sé, pero… mira, en verdad no me hace falta. Soy famoso ¿recuerdas? Me pondré a trabajar en un nuevo proyecto en mi estudio.

— ¿Un nuevo disco?

—Probablemente. Vendré mañana a la clausura si eso los hace felices y dale gracias a los productores por mí, espero que encuentren otro critico pronto— terminó Tom dándole unas palmaditas a Dieter en la espalda mientras pasaba a su lado para ir a su coche.

Una vez dentro del cálido abrazo del cuero color crema se permitió relajarse. El reloj del tablero de instrumentos marcaba las 21:45 y Tom decidió que iría a buscar a Andy, su crush de temporada. No era noticia nueva que el famoso músico jugaba a las dos bandas, y ya a nadie le interesaba. El escándalo tuvo su momento y su lugar años antes, y aunque aquello amenazó seriamente la fama de Tom, el siguió adelante demostrando su enorme talento, el que lo había llevado a colocarse en la cima sobre la que ahora se encontraba.

Condujo tranquilamente por las calles semivacías de Berlín hasta que, veinte minutos después estaba en el lujoso departamento que Andy tenia a las afueras de la ciudad.

El rubio platinado recibió a Tom hecho unas pascuas cuando éste le informó que estaba en el aparcamiento del núcleo de edificios, y cuando le abrió la puerta, Tom se abalanzó sobre el rubio como una pantera, besándolo como si no hubiera un mañana, con unas ganas impropias de él; y cuando Andy le atrajo hacia las profundidades de su cama, la mente de Tom se volvió como de chicle derretido, mientras los recuerdos eran anestesiados ahí.

&   Continuará   &

por Shugaresugaru

Escritora del Fandom

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