«I promise you» Fic Twc / Toll escrito por Xim_Alien
Capítulo 25
Salgo del departamento de Tom harto, desesperado, queriendo gritar y huir de toda esta mierda. Sabía que entre él y ese niñato había algo, pero nunca pensé que lo iba a ver con mis propios ojos. Tan… explícito.
Cuando entré y los vi, sentí que el pecho se me comprimía hasta tal punto de querer reventar, creí que mis piernas iban a fallarme y que de pronto se romperían haciéndome caer al suelo en un segundo. Sentí como la respiración se me escapaba y quería darle un tremendo golpe, aunque no sé exactamente a quién de los dos.
Pero cuando las palabras pudieron salir de mi boca, en realidad quería hacer de todo, quería golpear la pared, quería gritar de dolor.
Ver a esa persona que amas con otra persona, es algo que no quieres ver en tu vida, es lo último que desearías ver. El corazón te duele y te pide irte de ahí, aunque tus extremidades no te obedecen.
Entro al elevador del edificio queriendo salir de una vez por todas de esta asquerosa pesadilla. Son muchos pisos que debo bajar, así que me deslizo por un muro hasta tocar el suelo. Paso mis manos por mi cabello y entonces, caigo en la cuenta que mi rostro está húmedo. No puedo seguir así, él no me quiere, para él no soy más que un amigo, y él para mí lo es todo.
¿Por qué no puedo corresponder a Alex?
Salgo del edificio y subo a mi coche, aún no puedo sonreír, pero lo intento porque la realidad es otra, no puedo seguir así, no quiero sufrir y no quiero verme a mí mismo como a esas amigas que he tenido que ayudar, consolar cuando sus novios las dejan por otras chicas, cuando me piden ir a sus casas porque los han pillado con otra chica, o cuando las dejan sin alguna explicación aparente.
—Basta Georg, basta por favor —trato de convencerme.
Enciendo el reproductor de música y subo todo el volumen cuando empieza Touch me de The doors. Empiezo a conducir como si algo estuviera detrás de mí, persiguiéndome, y tal vez no sea de forma literal, pero tal vez sí estoy huyendo… de él, de todo.
Llego a mi departamento y lo primero que hago es ir a mi habitación, borrar mi mente hasta dejarla en blanco y caigo en un sueño profundo e insoportablemente vacío.
&
Me levanto de la cama y me dirijo a la sala al ver que Bill sigue aún dormido, no quiero despertarlo.
—Buenos días —escucho la voz de mi hermano y vuelvo a verlo, está sentado en el sofá viendo la TV, y con el celular en el oído.
—Buenos días… ¿con quién hablas? —le pregunto entrando a la cocina para poner la cafetera.
—Trato de que me responda Georg pero no me contesta, ya van tres veces que llamo y nada
—Oh —de repente me quedo sin palabras.
—¿Tienes su dirección? creo que iré a verlo y a sacarlo por ahí —vuelvo hacía atrás y me sorprende verlo justo detrás de mí.
—No creo que sea buena idea —le respondo pensando en que quizá no deba hacerlo ahora.
—¿Entonces cuál es una buena idea? ¿decirle que no vale nada? ¿¡a la mierda con la persona quien te considera su mundo!?
—Sabes que no quise decir eso, Alex. Sólo que tal vez no sea buena idea que vayas ahorita con él
—Mira Tom, ya se lo dejaste en claro anoche, no quiero imaginar cómo se fue ayer. Dame su dirección
—No
—Dame su dirección, si tú le rechazas, yo aprovecharé una mínima oportunidad si él me la da
—¿Y si no lo hace? —no es porque no quiera que mi hermano haga lo imposible por conseguir el cariño de Georg, es sólo que los conozco exactamente a ambos, y sé que Georg no hablará con nadie hasta que pasen algunos días, y que Alex es demasiado sentimental cuando lo da todo.
—No me importa, prefiero intentarlo a preguntarme después el por qué no lo intenté
Eso sí no me dejaba otra opción, sabía también, a la perfección que Alex, algo que lo caracteriza, es su determinación. Cuando se aferra a algo, es muy difícil que lo suelte.
—Ok, te daré su dirección, pero quiero que tengas algo muy presente, no quiero que ésto interfiera entre nosotros
—… Lo sé, no te preocupes
Ambos nos abrazamos como aquellos momentos en los que compartíamos aventuras de infancia, secretos que nadie tenía que saber, y aquellos momentos especiales que sólo nosotros podíamos compartir.
Tomo una toalla de papel y ahí, en un extremo, escribo la dirección de mi mejor amigo.
—Es aquí, te presto el coche pero no corras
—Esa etapa está en el pasado… Gracias
Lo veo desaparecer después de que me ha dado una sonrisa de agradecimiento y de plena confidencialidad.
&
No sé si Georg quiera darme una oportunidad, tal vez Tom haya tenido razón y, yo no tenga ninguna razón para estar aquí, pero lo cierto es que no me daré por vencido tan fácilmente. Ayer nos la pasamos muy bien, hablando de la vida, trabajo, y en fin, toda nuestra vida después de que me fui a Tokyo. Después sólo nos la pasamos hablando de trivialidades, cosas sin sentido y, algunas que otras experiencias absurdas. En realidad, nunca pensé en tener una noche así con él. Por lo que debo tener mis expectativas altas, ¿no?
Claro, que si no funciona como pienso, entonces sí habrá un problema.
Me acerco a la puerta del edificio que contiene una plaquita de metal con el número 189. Toco el timbre pero no obtengo respuesta. Lo hago de nuevo y entonces escucho algo romperse en miles de pedazos.
—¿¡Georg!? ¿estás bien? ¡soy yo, Alex! —vuelvo a presionar el timbre dos veces, insistiendo y sale después de un par de minutos.
Abre la puerta y me mira sin entender el por qué de mi visita.
—¿Qué haces aquí?
—Sólo quería venir para… ¿Quieres salir? —no entiendo por qué me he puesto nervioso, venía super tranquilo.
—Escucha Alex, no necesito que alguien venga a sentir lástima por mí ¿entiendes? ¿por qué no te vas?
—No es eso Georg, sabes que yo… sólo quiero que tú…
—¿No te cansas eh?
—No quiero echar por la borda algunas oportunidades… ¿y tú?
—Para mí no serían oportunidades, más bien, sería aprovecharme de la situación, y creéme, no soy así
—¿Y si te pidiera que lo fueras?
—Te daría una patada por el culo, yo no juego con nadie
—Hazlo, inténtalo conmigo
—Estás loco
Le detengo del brazo antes de que se adentra por completo a su departamento y me deje afuera, al hacer que me de frente nuevamante, su mirada cruza con la mía. Sus ojos verdes me invitan a sumergirme en ellos y darme cuenta que puedo perderme de mil y una formas en ellos. Sus labios me invitan a probarlos y no me resisto a ello. Mis manos toman su rostro y mis labios prueban los suyos. Sin parar, joder, que ésto es el paraíso. Un paraíso que dura en mi mente un par de minutos.
—Detente… Alex
—¿Qué? —pregunto separándome de su boca unos centímetros.
—No puedo, perdóname
No sé si está bien lo que le pediré, pero haría lo que fuera por tenerlo entre mis manos, en mis labios, cerca de mi cuerpo.
—Déjate llevar Georg… piensa que soy él.
Continúa…