Fic Slash de Xim_Alien
Capítulo 3
Dos años después
Bill está en la habitación de Tom, descansando después de una sesión larga y cansada sesión de sexo. Sexo sucio y sin emociones profundas.
Tom, ahora con 26 años recién cumplidos, tomaba una ducha y, Bill, aún con 17 años dormía sin preocupaciones por estar en el departamento del mayor, ninguna de las dos sábanas hacía el mínimo esfuerzo de cubrir su cuerpo.
Tom sale de la ducha y ve al menor boca abajo, con todo su cuerpo a su vista.
Se sienta a su lado en su cama y piensa si sería lo mismo en unos meses, hasta ahora lo que le gusta de Bill, lo que le gusta de eso que tenían los dos, era la edad de Bill, un menor de edad con la firmeza de entregársele a la hora y el lugar que él sugiriera. Y que Bill no pusiera ninguna objeción, es más, al contrario, le fascinaba que el propio Bill de 13, el de 14, el de 15 y el de 16, buscara cualquier pretexto para quedarse ambos a solas. Sin embargo, este Bill de 17 se sentía diferente, aún menor, pero diferente.
¿Cómo se sentiría el de 18? ¿Se sentiría lo bastante legal para disfrutarlo? Porque quizás eso no podría estar tan bien. No para Tom.
Tom acercó su mano hasta acariciarle un hombro y enredar sus dedos en su cabello. Así lo despierta.
—Hola —saluda Bill con una sonrisa—. Feliz cumpleaños.
—Gracias. —Se levanta en seguida—. Vístete, ya me voy a trabajar
—Creí que podría quedarme y esperarte. Así tendrías más diversión cuando regreses.
—Bill…
—Dime.
—Creo que ya es suficiente.
—¿De qué hablas?
—De esto.
—Para ti nunca es suficiente. ¿Conociste a alguien?
—No.
—¿Entonces? No puedo creer que te haya aburrido. O es que… ¿Es mi edad?
—¿Qué? ¿De qué hablas?
—No, esa pregunta es mía, ¿de qué demonios hablas cuando dices que es suficiente?
—Olvídalo.
—Sí, lo olvidaré y te esperaré aquí. Si esta noche te resistes a tocarme, bien, se habrá acabado.
Tom sale de su propio departamento directamente a su trabajo. Bill conocía esa dirección, cuando cumplió 17 fue y lo sorprendió en su propia oficina. Un polvo, era lo que había querido de cumpleaños, pero no cualquier polvo, sexo donde fuera, no, era su cumpleaños 17 y quería algo especial. Sexo en la oficina del director general de finanzas. Ese día Bill entró, pasó de su secretaria y Tom estaba justo haciendo una llamada, por lo que Bill pudo cerrar con seguro la puerta y bajar las persianas. Luego de estar a solas, en una oficina privada, con una vista espectacular y propia del piso número 26, Bill empezó a desvestirse. Dejó sus cosas en el suelo, pero sólo llegó a quitarse la playera, Tom perdió los estribos.
—Te marco después.
Se levantó de su escritorio y fue por Bill, con quien tenía aún los jeans bien puestos, lo rodeo desde atrás y se frotó contra él.
—¿Qué crees que haces?
—Hoy es mi cumpleaños. Lo tendrías que saber ya.
—Lo sé, sé que hoy es tu cumpleaños, lo que quise decir es qué rayos haces. Aquí.
—Vine a buscar mi regalo. ¿Me lo vas a dar?
En ese mismo instante, Tom bajó los pantalones del menor a la altura exacta. Una de sus manos sostenía a Bill por su pecho, sujetándolo con fuerza, mientras que con la otra y un poco de saliva, dilataba la entrada de Bill.
—No grites, hermanito.
—Solo dámelo. Hazme gemir tu nombre.
—Mierda.
Tom arremetió de un solo movimiento, Bill dejó caer unas lágrimas, gimió de placer, de dolor y también un poco de miedo. Sí estaba siendo rudo.
Tom puso a Bill de frente al ventanal con la vista a la calle, no le importó que el edificio de enfrente tuviera a sus trabajadores en andamios para lavar las ventanas, él siguió embistiendo a Bill a su antojo. Y Bill, empezó a masturbarse, de frente al ventanal. Ya no había lágrimas en su rostro. Tom salió de su cuerpo y llevó hasta un sillón en la misma oficina, Tom se sentó, terminó de bajarle los jeans y bóxers a su hermanastro y lo invitó a subirse en él a horcajadas. Y así, con la ayuda de Tom, lo hizo dar saltitos sobre su miembro.
Bill terminó en su propia mano, Tom, después de unos segundos más, terminó en el interior de Bill. Este último se levantó para dejarse caer en el suelo, sus piernas estaban cansadas.
—Tengo una junta, Bill. Vete a mi departamento si quieres.
Hoy, Bill quiere que sea diferente, ir a su oficina no era opción, quizás ir a un hotel. Las ideas ya no eran tan originales, llevaban cinco años haciendo esto, así que ya todo lo habían hecho. Entendía a Tom, quería terminar algo que ya empezaba a aburrirle.
Se levantó de la cama, se metió a la ducha, y pensó qué podía hacer para pasarlo bien con Tom. Ninguna idea.
Comió.
Volvió a pensar.
Nada.
Salió a caminar.
Nada.
No tenía ni puta idea de cómo sorprenderlo.
Entonces, el papá de Tom tocó la puerta, lo podía ver por la pantalla del intercomunicador. Su papá, era su padrastro entrando al edificio y sus cosas estaban regadas por todo el departamento. Pasarían segundos en darse cuenta que si nadie le aceptaba la llamada, entraría con la llave y lo vería ahí, recién salido de la ducha. Ocultó lo que pudo porque también debía esconderse.
Su padrastro entró, venía con otra mujer. Ella no era su madre.
—Gracias por la ayuda. Qué bueno vives en el edificio.
—Sí, está bien. Parecía que necesitabas ayuda —canturreó ella y para Bill fue claro el mensaje.
Bill los vió, él estaba oculto en la esquina del corredor y el pasillo para ir a los demás cuartos. Ella no tendría más de 20 años; él, sabía perfectamente su edad, 48 años.
—¿Y? ¿Es tu hijo el que vive aquí?
—Sí.
—Ah, ya veo. ¿Estás casado?
—Eh sí, pero…
—¿Pero ya no duermen juntos? ¿Ya no la soportas? ¿Cuál es el pretexto?
—¿Necesito un pretexto?
—No. Tengo vestido. Te será fácil.
Bill desde donde está, pudo ver a su padrastro abalanzarse a ella. Sí, ella tiene un vestido, la falda le llega a arriba de las rodillas, y el top, con escote de corazón, le hacía relucir unos senos jóvenes. Sintió pena por su madre.
—Quiero sentirte toda.
Ella no hizo nada más que gemir, pues una de sus manos se coló por debajo de su falda.
—Estás mojadita.
—Te vi y me mojé.
—Mierda. Quiero arrancarte esto.
—Hazlo. ¡Hazlo!
Antes de subirla a la encimera de la cocina, Bill escuchó el elástico de algo romperse, él sacó la mano de su falda y en ella, enredados en sus dedos, elásticos negros.
—Ahora, déjame verlas.
Bajó el escote de la chica y sus senos quedaron a la vista, él los masajeó con brusquedad y las chupó, Bill enseguida se excitó. Sus 17 años resultaban ser tan pocos que se excitó ante tal escena.
—Estás hermosa —dijo él.
Bajó sus pantalones y lo vio masturbarse un poco, ella bajó de la encimera y se puso en cuclillas tan rápido como pudo, él tomó su cabeza y lo vio, de espaldas, prácticamente estaba follándose la boca de la chica.
—Trágatela.
Se le hacía demasiado vulgar, pero para ser honesto, Tom era igual, vulgar, muy vulgar y excitante, sin embargo, esto sobrepasaba el límite, era el papá de Tom, con una chica más joven que Tom.
—Cógeme, papi.
Entonces la cargó, con ambos brazos y ella rodeo su cintura con sus piernas, pudo ver sus zapatillas, tacón de aguja, tacones rojos, combinaban con el vestido blanco de lunares rojos y su pelo rojo.
Empezó a gemir y él parecía que estaba cogiéndosela como si hubiera pasado tantísimo tiempo sin hacerlo con alguien. Volvió a sentir pena por su propia madre
—Te voy a dar lechita, mi gatita.
—Sí, papi, sí, por favor.
Volvió a chuparle los senos, ella estaba colorada, gemía y quería gritar, Bill lo sabía porque él hacía lo mismo estando con Tom.
—Dame más, más duro papi. ¡Dame, dame, dame!
Chilló, ahora no solo su ropa y su cabello eran rojos, su cara ya estaba completamente colorada.
—Me voy a venir.
—Dámela, aquí.
Él salió de ella, la vio con la piernas abiertas porque él no la soltaba, juntó sus pechos con las manos y la vio sacar la lengua, él se masturbó en su cara y vio como un chorro blanquecino cayó en sus senos, en su mentón y ella lamió lo que pudo.
—Vaya… —empezó ella aún con voz aguda—, quisiera que esto se pudiera repetir.
—Claro que se puede. Qué tal si yo te busco.
—Puedo recibirte en mi departamento.
—De acuerdo.
—¿No hay problema con tu hijo?
—Él está haciendo su vida.
—¿Y tu esposa?
—Ella no se dará cuenta.
—Claro que lo hará. Todas sabemos esas cosas.
—Bueno, mientras yo venga a cogerte, eso no tiene que importarte.
—De acuerdo.
—Preciosa. Enséñame tu culito. Te la quiero meter por atrás.
—Nunca lo he hecho así.
Dijo ella en un tono más agudo si se podía.
—Mierda, mierda, mierda.
Él se puso en cuclillas esta vez, ella se inclinó y él empezó a chuparle el culo. Entonces Bill recordó la primera vez que Tom le hizo eso. Tuvo que empezar a masturbarse porque no podía más.
—¿Estás lista?
—¿Va a doler?
—Un poco, sí, al principio. Y luego sentirás rico.
—Bien. Métemela.
Vulgar, que genial sonaba todo.
Ella chilló, un poco al principio, gritó después, él no se movía rápido, pero la acercaba a su cuerpo y veía cómo la sujetaba de sus senos por enfrente. Bill podía ver las nalgas de él y el vestido de ella, la falda levantada y el corset abajo. No había manera de no excitarse. De no sentir pena por su madre.
—Me duele.
—Ya casi, ya casi… déjame sentirte más.
—¿Te gusta?
—Me encantas, gatita, tus tetas me fascinan.
—Tu verga me lastima.
—Lo sé, estás nuevecita de aquí y yo…
—La tienes muy gruesa. Cógeme por enfrente.
—Dame un segundo, ya casi.
Salió de ella unos segundos después, ella se mantuvo de pie, y él, aún detrás de ella, se limpió con una servilleta de la cocina. Ninguno podía controlar su respiración.
—Tengo que irme, gatita. No te vayas a coger a mi hijo.
—¿Ah no? ¿Por qué?
—Creo que se está cogiendo a su hermanastro.
—¿Y tu esposa? ¿Ella a quién se coge?
—No lo sé, y la verdad no me interesa. Te mando un mensaje cuando esté por aquí.
—Perfecto. ¿Me volverás a follar por atrás?
—Claro que sí. Estaré contando los minutos. Vete, me quedaré a limpiar.
—Adiós.
Ella se marcha y Bill sale de su escondite.
—¿Cómo sabes que Tom y yo?
—Mierda. Sabía que estabas aquí. ¿Qué hacías ahí?
—Yo eh… nada. Escuché todo, hablaré con mamá.
—Ah, claro, y si le dices, te despedirás de Tom.
—Eso ya no importa, ya se cansó de mí.
—Entonces sí se están acostando. ¿Qué diría tu madre?
—Ya no importa.
—Sí, ya no importa. Mira, dile si quieres, de cualquier modo la voy a lastimar. ¿Cuánto tiempo llevas ahí?
—Desde el inicio.
—Mierda. ¿Y lo disfrutaste, mirón?
Bill no contestó pero sus mejillas lo hicieron por él.
—Ya veo. ¿Vas a quedarte o quieres que te lleve a casa? No voy a intentar nada, no me gustan los niños.
—No, solo las niñas… No, lo voy a esperar, tengo esperanzas de que no me eche.
—¿Qué te dijo?
—Que era suficiente.
—¿Te enamoraste de mi hijo?
—Yo… no, no creo. El sexo es bastante bueno, ya sé de dónde lo sacó.
—Gracias… creo.
Los dos sonrieron. El papá de Tom sacó una botella de cloro y vacío gotitas de su contenido sobre la encimera y en el suelo. Y los limpió con un paño que tiró a la basura enseguida.
—Hace mucho vine, no estabas a la vista pero tus cosas sí. Tom me recibió y estaba fumando, en la mesa —señaló la mesa de centro frente al sofá—, había un vaso con ron. Y si algo sé de mi hijo es que no toma ni fuma si no está teniendo sexo. Es muy descuidado con eso, y ya lo he visto así, incluso en la casa, cuando vivía con nosotros.
—Sí —sonrío.
—¿Cuánto tiempo llevan haciendo esto? No quisiera saber qué tan menor de edad eras, pero más vale estar consciente.
—Eh… yo… nosotros…
—No diré nada si es lo que te asusta.
—Tenía 13.
—Santo cielo.
—Pero yo se lo pedí, fue en su cumpleaños y quise regalarle algo… especial.
—¿Y lo único que se te pudo ocurrir fue tu virginidad? Carajo, estás enamorado, te enamoraste de mi hijo, Bill. No tengas miedo de que te pueda dejar.
—¿Por qué?
—Trece años, Bill, tenías 13 y él… ¿22? —Bill asintió—, Tom te hubiera dejado desde ese día. No hizo y no lo va a hacer.
—Sí, me dijo que era suficiente, creo que es mi edad.
—Ese idiota… Bueno, le traje algunas cosas, tengo que irme.
—¿Dejarás a mi mamá?
—¿Quieres que lo haga?
—La acabas de engañar con una chica que bien podría ser tu hija.
—Y tú te masturbaste viéndonos porque estabas aquí, en el departamento de mi hijo, tu hermanastro.
—Pero yo no estoy engañando a nadie. Yo no tengo a nadie más.
—Déjame ver si recuerdo bien. Estuvo esta chica Chantal o no sé, también Naomi, ah Ruby, santo cielo qué niña, estaba también Tracy, luego fue Ginna. ¿Quién es la de este momento?
—Ellas…
—Es lo mismo, Bill. Déjame hacer mis cosas y yo te dejaré hacer las tuyas.
—Es mi mamá.
—Si te importara, la hubieras puesto antes que a tu calentura, ¿no?
Bill estaba acabado, él tenía razón conforme más hablaba. Había hecho que Tom engañara a todas esas chicas. Pero por otro lado, se trataba de su mamá.
—Te pediré algo, entonces.
—Dime.
—No la contagies de algo raro.
—A sus órdenes. Y tú, cuídate también, no sé qué cuidados tenga mi hijo, ni con ellas ni contigo.
A Bill le recorrió una fuerte corriente eléctrica en la espina, con él no usaba preservativos, y podía jurar que tampoco con ellas.
—Me voy. ¡Cuídate!
Vio a Rey irse, y se quedó solo nuevamente. Había una esperanza, si un hombre como Rey dijo que no lo dejaría, entonces debía ser cierto.
Para cuando Tom llegó, Bill estaba ahí, esperándolo, dispuesto a hacer lo que fuera y dispuesto a pedirle que se hicieran exámenes.
—Sigues aquí —dijo Tom viéndolo.
—Sí, creo que vino tu papá o mamá —señaló la bolsa en la encimera.
—Sí, mi papá —aseguró con una sonrisa.
Fue hasta la bolsa y soltó una carcajada estruendosa.
—¿Qué es? —quiso entenderlo, pero Tom no le respondió.
—Nada, un juego entre los dos.
—¿Vas a dejarme? —disparó, harto de que el tema estuviera ahí flotando.
—Mira, Bill, voy a ser muy honesto porque no he dejado de pensar en eso. Me gusta cogerte, me gusta hacerlo contigo y es genial, pero es genial porque eres menor de edad, cuando cumplas 18, creo que no se sentirá igual. Estás creciendo y ya no es lo mismo, es decir, eras un niño y era como si estuviera corrompiéndote, pronto podrás hacerlo tú, con el niño que tú quieras y verás a lo que me refiero.
—¿Me dejas por otro niño?
—¡No! Mierda. Lo que quiero decir es que…
—No estás enamorado de mí para seguir con esto.
—Bill, llegaste a mi casa, tenías once y cuando te vi de esta forma tenías trece. Si quieres que diga lo siento, bien, te pediré disculpas, pero no es el caso. Tú me pediste también que lo hiciera, no soy ningún depravado pedófilo, estabas ahí, yo estaba ahí, pasó, punto. El sentir que estás haciendo algo incorrecto es… excitante. Aquí la pregunta es, ¿tú te enamoraste de mí?
—¿Qué pasará con mi respuesta?
—Si es un sí, podemos intentarlo, pero debes estar consciente que las chicas me encantan, si es un no, bien, seguiremos cogiendo si es que nada cambia.
—¿Esa es tu solución?
—No puedo darte más.
—De acuerdo. Te daré lo último y entonces me iré.
—No tengo ganas ahora.
—Sí, si las tienes, te conozco. Siempre tienes ganas. Siempre me tienes ganas —chilló con ojos cristalinos.
—Bill, acabo de hacerlo con mi chica.
—No importa, siempre me coges a mí después. ¡Siempre lo haces!
—Carajo. Cállate, Bill.
—Nunca me has rechazado.
—Suplícame que lo haga.
Tom se sentó en el sofá, Bill cayó de rodillas frente a él, y con lágrimas en los ojos, acarició las piernas de su hermanastro. Este abrió sus pantalones y sacó su miembro ya despertando. Bill lo engulló y Tom no pudo más que echar su cabeza para atrás, disfrutando el regalo de cumpleaños.
—Oh, Bill. Mírame, mírame mientras te la comes.
Recordó las palabras obscenas de su padre. La imagen de él y ella, lo excitó más. Fue entonces que Tom llevó una mano al pelo de Bill, ejerció tal movimiento, que en un segundo estaba follándose la boca de su hermano menor. Bill empezaba a empalmarse, tuvo que sacar su miembro y masturbarse porque dolía.
—Ven.
Hizo que Bill lo dejara y lo llevó a la cocina, un minuto le tomó para quedar en la misma posición que ella hace unas horas. Con las manos en la encimera y con Tom a sus espaldas, le embistió, pero no hizo ningún movimiento, se quedó unos instantes ahí, en su interior.
—Dime que no quieres que salga.
—Quédate ahí, Tom, déjala ahí adentro.
Sus manos en su cintura hacían que él no se moviera, Bill quería chillar, Tom estaba cómodo.
—Apriétalo, Bill, estás tan bien. Te sientes bien, aún apretado y caliente. Estás tan caliente.
—Muévete, me estás lastimando.
Tom se empezó a mover, lento y luego rápido, con delicadeza y luego rudo. Bill no pudo contener el placer y lo sacó en lágrimas, en jadeos, gemía el nombre de Tom, quien ya lo estaba masturbando, Bill se corrió salpicando la encimera que antes su padrastro había limpiado.
—Dame de tu lechita, Tom, dámela, dámela, por favor.
—¿La quieres adentro o en tu boquita?
—Ambas, márcame, por favor.
Tom tuvo que tener conscientes sus movimientos, aunque ya nada lo veía claro. Dejó la mayor parte en el interior de su pequeño hermanastro y se masturbó en su cara después, Bill abrió la boca y el mayor se corrió en su lengua.
Los dos terminaron sin fuerzas. Sin ganas de mantenerse de pie.
—No me dejes, Tom. Por favor. No sé qué haré si me dejas.
—Puedes empezar a ser mejor persona, ten en cuenta que soy alguien pésimo. Podrías salir con alguien de tu edad y hacer cosas de tu edad.
—Quiero quedarme contigo.
—De cualquier forma buscaré a alguna chica también.
—¿Es todo?
—¿Qué hay de ese chico, Gustav?
—Se fue a la universidad.
—Ah, y ¿no hay alguien en tu escuela que te guste?
—Todos son unos idiotas y retrasados.
—Son chicos. Así se supone que debemos ser. ¿Y los maestros?
—Todos son panzones y feos.
—No hay manera. Date cuenta, Bill, soy malo para ti en una relación formal. No sirvo para eso.
—Quiero seguir con esto.
—Hagamos un trato. Seguiremos haciéndolo y podrás venir aquí las veces que quieras, con una condición —lo espero—… que tengas citas, que salgas a cualquier lugar para conocer a alguien. Es la única forma.
—Bien, acepto.
Continúa…
Gracias por leer y no olvides comentar.
Ay,no. Yo creo que esto va a acabar mal 🙁