Notas: Este One-Shot es una continuación de «Llámame«, te invitamos a leerlo antes, para que todo tenga sentido. Y ahora, a disfrutar 😉

«Descansa En Paz»

(One-Shot de Xim_Alien)

En cuanto cerré la puerta detrás de mí, eché a correr hacia la sala, me puse de rodillas para poder ver entre las persianas, y su auto seguía afuera. Con el corazón agitado, y su tarjeta en mi mano derecha, marqué el número de la policía, y de inmediato pedí hablar con algún detective que se hiciera cargo de este caso. Él lo había confesado, me había estado siguiendo por meses, me veía, me observaba, incluso conocía cada uno de mis pasos al día, y no podía quedarme un día más con esta información y no hacer nada al respecto.

El detective que pudo atender mi llamada, me pidió ir a la comisaría como si no hubiera escuchado nada de todo lo que acababa de exponer, él me seguía a cada paso que se me ocurría dar, ni siquiera le importaba el día o la hora, siempre lo tenía detrás de mí, un paso detrás. Entonces, el detective llegó a mi casa.

—Buenas tardes, ¿usted es Andreas Guehne? —preguntó en cuanto abrí solo un poco la puerta.

—Sí, soy yo —contesté mirando a todos los lados posibles, esperando que él no estuviera merodeando—.

—Soy el detective Brunner, estoy aquí por su llamada.

—Sí, sí, gracias. Adelante —añadí abriéndole paso y él entró.

No pude ofrecerle nada de tomar porque seguía temblando, solo me senté y le empecé a relatar todo lo que había sucedido desde la noche anterior, como si él me hubiera dado pauta a que yo empezara. Él se quedó ahí, de pie sin entender a la perfección lo que estaba pasando, luego de unos instantes, comenzó a tomar notas en una pequeña libreta.

—¿Tienes número de teléfono, casa?

—Me dio su tarjeta de presentación.

—Espera, ¿me estás diciendo que te raptó a altas horas de la noche, en estado de ebriedad, que te llevó a su departamento y que cuando despertaste estabas desnudo, pero quizás ni siquiera te hizo nada, y que al final te trajo hasta tu casa, y que además te dio su tarjeta de contacto?

—Solo le pido que lo investigue, él me lo dijo, ha estado siguiéndome por meses, dice que me ha visto pelear con mi pareja, que él ha visto cómo discutimos, sabe mi horario, conoce cada uno de mis movimientos. Por favor, investíguelo.

—Bien, aunque será tardado, necesito antes que nada una orden de cateo, mientras, por favor, manténganse lejos del señor.

—¡Ya le dije que no puedo! —repetí cansado—. Yo ni siquiera lo busco, él está siguiéndome, ¡él sabe cada paso que doy en el día. Escúcheme con mucha atención, apuesto a lo que sea que si revisa su departamento, encontrará un calendario con cada una de mis distintas actividades.

—Bien, de acuerdo, iré a revisar el departamento de este sujeto, pero antes de ir a corroborar toda la información que me está diciendo en este momento, escúcheme con mucha atención —dijo riendo solo un poco—. Por favor, no se mueva de aquí para nada.

—No, aquí seguiré.

El detective se fue de mi casa, lo vi a través de la persiana como se alejaba de mi calle, hasta que por fin lo perdí de vista.

—Vas a caer, maldito pervertido.

.

Cinco horas después.

El detective frente a mí aún no se recupera de haber visto a Bill en las condiciones en las que lo vio, me da risa porque su rostro luego de verlo se descompuso, parecía que iba a vomitar y lo único que hice fue implorar porque no marchara mi alfombra, acaban de ponerla, en cuanto dije eso no pudo más y salió de la habitación, no sin antes pedir que me arrestaran.

—¿Estás listo para explicarme qué hiciste con Bill Kaulitz? —preguntó a pesar de que le dije que no diría nada sobre absolutamente nada.

—Bill, nadie puede pronunciar su nombre si estoy yo.

—¿Qué? —preguntó con el rostro aún más descompuesto.

—Es una larga historia, y no hablaré hasta que llegue un abogado.

—Adivina qué, imbécil. Ningún abogado quiso ayudarte, eres hombre muerto.

—Bueno, entonces se quedará con la duda.

Veo como el detective se levanta de su silla, rodea la mesa de metal y llega hasta mí para tomar mi cabeza con ambas manos, y con movimiento bruscos, se asegura que vea las fotos en la mesa, como si yo no supiera cómo luce ahora.

—¿Quién es? —pregunta alterado.

—Raven…

—¿Quién putas es Raven?

—Él es Raven, mi precioso Bill.

—¿Por qué hiciste esto?

—No diré nada.

—A ver —dice cansado —, déjame te explico algo. Si tú me explicas todo lo que pasó con este chico, te prometo que haré hasta lo último, porque pases un paraíso en la cárcel

—No quiero ir a la cárcel.

—En el mejor de los casos, si me explicas absolutamente todo lo que quiera saber, te dejaré vivir en tu departamento con arresto domiciliario. ¿Qué te parece?

—Lo conocí hace tres años en el bar del centro —comencé—, él bailaba ahí y yo lo conocí.

—¿Solo bailaba?

—Sí, insistí en que hiciéramos algo más, le ofrecí el dinero que él me pidiera, le dije que podía pagar lo que fuera que necesitara, lo dudó al principio, pero terminó aceptando.

—¿Qué más?

—Iba a verlo bailar todos los jueves, viernes, sábados y domingos, él bailaba para alguien específico cuando me veía, para él dejaba de existir todo su público y me bailaba solamente a mí.

—¿Qué pasó después?

—Nada, le ofrecí que dejara de trabajar ahí, que pagaría lo que fuera que necesitara, le dije que podía vivir en mi departamento si quería y si lo necesitaba.

—Déjame adivinar. Te rechazó.

—Sí, dijo que no podía dejar de trabajar porque tenía muchas responsabilidades, no le creí por supuesto, creí que solo quería evitarme y creí que quería seguir yendo a ese bar por algún otro tipo, me llegó a comentar que su guardaespaldas quería follárselo, y él se negaba.

—¿Te comentó quién es su guardaespaldas?

—Sí, un tal Alex, a diario lo llevaba al bar y luego a su casa y de regreso.

El detective echó una miradita al espejo negro a mi derecha, y entonces supe que había más gente, o quizás otro detective del otro lado, me sentí de pronto como en una película, y la cámara frente a mí seguía grabándome. Sí, me sentía en una película. Me pregunto qué hará el detective cuando le relate lo que hice con Bill, todo, paso a paso.

—Bien, vamos bien, así como vas podré conseguirte solo un mes de arresto.

—De acuerdo —contesto emocionado, pronto volvería a estar con Bill.

—Bien, ahora dime, ¿cómo reaccionaste cuando él tomó una decisión de no irse a vivir contigo?

—Recuerdo que me sentí celoso, enojado porque seguía repitiendo que no podía dejar su trabajo, no entendía porqué sinceramente, es decir, le dije que yo pagaría cualquier cosa, que si quería estudiar le pagaría la carrera, que si quería trabajar en algún otro lado, le conseguiría el puesto de sus sueños, no quiso, seguía insistiendo que no y que no.

—¿Esto pasó en tu departamento?

—Sí, aprovechaba cada una de esas veces para volver a ofrecerle esa salida.

—¿De qué veces hablas?

—Cuando lo llevaba a mi departamento para tener sexo.

—¿Luego de su trabajo?

—Sí, por lo regular eran los viernes, decía que prefería estar conmigo los viernes, entonces lo llevaba conmigo, lo hacíamos, y luego lo llevaba hasta su casa a la mañana siguiente.

—¿Le pagabas esos encuentros?

—Si, claro.

—¿Él te cobraba?

—No, yo sabía que su cuerpo tenía un precio, siempre le daba la misma cantidad.

—¿Puedes decirlo en voz alta?

—Su costo, o al menos la cifra que me dio la primera vez fue de ciento cincuenta euros, siempre le di doscientos, ni un peso más ni uno menos.

—¿Cuántas veces tuviste sexo con Bill?

—No lo recuerdo exactamente, pero las suficientes para saber que ya no quería soltarlo.

—Dime un número aproximado.

—Diez veces tal vez.

—Y por lo visto él te rechazó hasta que no pudo más.

—Señor, tenemos algo —interrumpe alguien y el detective sale de la habitación.

Me quedo solo en la mesa de metal, recordando esas veces que lo hice mío hasta el cansancio. Había pasado tanto tiempo y me sorprende saber que aún no olvido lo suave, tersa, blanca y delicada que era su piel, sus tatuajes; recuerdo su saliva, sus manos en mi cuerpo, sus labios en mi pene, su cuerpo, mi pene en su agujero. Suspiro porque me hizo tener los mejores orgasmos de esos momentos.

—Una pregunta más, Tom —regresa el detective conmigo.

—Dígame, lo escucho.

—¿Sabías que Bill tiene una hermana menor?

—¿Qué? No.

—Bueno, déjame te cuento, su hermana tiene trece años, está enferma, Bill trabajaba como Raven en ese bar para comprar sus medicamentos, hallamos registro de los doctores, medicamentos, citas médicas y visitas a emergencias en la madrugada, y Alex es, por así decirlo, el ángel de la guarda de Bill. Y tú llegaste tan solo de visita y arruinaste dos vidas, descuartizaste a un joven de veinticinco años, y desamparaste a una chica enferma de trece. ¿Por qué?

—Yo no sabía…

—Y aunque lo supieras, no ibas a dejarlo, ¿verdad?

—Yo le dije que yo correría con todos los gastos, se lo dije una y mil veces, cada que hacíamos el amor.

—Él no decía lo mismo, Tom.

—¿De qué habla?

—Alex nos contó su versión, Bill aceptó acostarse contigo por el dinero, la enfermedad de su hermana se estaba agravando, así que no le importó mucho de dónde venía ese dinero, solo le importó que podría comprar más medicamentos, y asegurar que los doctores que la atendían seguirían haciéndolo, luego comenta que un día Bill llegó a casa con golpes, ¿lo golpeabas a parte?

—¿Qué? ¡No!

—Aquí, ve esto.

El detective pone frente a mí una tableta electrónica, donde puedo ver a Bill completo, sus extremidades juntas, unidas en un solo cuerpo, ya se me había olvidado cómo lucía estando vivo.

—Esos golpes, ¿por qué se los hiciste?

—Yo no… no lo recuerdo.

—¡No mientas! —grita mientras da un vertiginoso movimiento para estar a mi lado, entonces impacta su puño en mi rostro y yo no puedo hacer nada porque me han esposado para traerme a este lugar—. ¡¿Por qué lo golpeaste?! ¿¡Por qué lo mataste!? ¡¿Cómo es que guardas su cuerpo en pedazos en tu maldito closet?! ¿Pensaste en que le estarías quitando a alguien más su apoyo, su pilar y su sustento? Y otra cosa más, ¿por qué sigues a Andreas Guehne?

No contesto, no puedo, la sangre brota de mi nariz rota, mi labio está partido, escupo la sangre y siento que mi cabeza va a explotar, cada pregunta fue un golpe, no tengo abogado y este detective no tiene miedo de perder su licencia. Me pregunto si debo responder, o seguir complicando las cosas, de cualquier forma, ya lo había encontrado en mi clóset y se lo iban a llevar, ya no iba a ser solo para mí.

—¡Habla! ¡Maldito hijo de puta! ¡¿Por qué lo hiciste?!

—No quería estar conmigo —dije por fin.

—¿Qué?

—Quería que dejara de bailar para otros, quería que dejara de mostrar su cuerpo a todos los hombres de la ciudad, él decía que los viernes llegaban todos los oficinistas, gordos, chaparros, y feos oficinistas a excitarse viéndolo bailar, yo le pedí que dejara de hacerlo, que correría con los gastos de lo que lo hiciera hacer eso, él dijo que no repetidas veces, hasta que me enteré que se acostó con alguien más. Otro cliente lo había tocado y no lo resistí.

—¿Él te lo dijo?

—No, yo iba a entrar a su camerino en el bar, y lo vi saliendo, subiéndose el cierre de su pantalón, y cuando entré, mi Bill estaba acomodando su ropa interior por debajo de una falda con plumas negras, la misma que usaba en cada show.

—¿Qué hiciste entonces?

—Me enojé, le empecé a pedir una explicación y él me miró como quien mira mierda en el suelo, empezó a decirme que yo no era nadie, que me saliera de su camerino, que le hablaría a Alex, que estaba cerca, entonces lo golpeé, no era la primera vez que lo hacía, se desmayó, y lo saqué en brazos por la puerta de atrás, lo llevé hasta a mi departamento, aún tenía la falda y su lencería, toda negra como el cuervo de su espectáculo, Raven. Cuando llegué a mi departamento con él, lo puse en mi cama, quería que despertara pero no lo hizo, me asusté, le di a oler alcohol y no funcionó, levanté su falda y en sus piernas había aún su maldito semen de ese infeliz de mierda. Lo limpié como pude y se me ocurrió que podía despertar si se lo hacía yo, estaba vivo, corroboré su respiración, usted pensará que lo había matado a golpes, no fue así, respiraba, y empecé a hacerle el amor, nadie se lo iba a hacer del mismo modo que yo, es un niño que necesitaba cuidados y solo yo iba a dárselos.

—¿Qué pasó después? ¿Despertó?

—No.

—¡Porque sí lo mataste maldito imbécil! ¡Lo mataste con los golpes! Encontramos las cámaras de su camerino y del pasillo que da salida a la parte trasera, ¿quieres ver esa cámara, la de su camerino para que te enteres qué hizo estando ahí adentro?

—¡No! No quiero ver a ese idiota…

—¡Fíjate bien en cada detalle, maldito infeliz!

Vuelve a sujetarme la cara fuerte para que no aparte la vista de la pantalla de su tableta, y ahí está él, solo en la habitación de su camerino, vistiéndose, se abre la puerta y entra Alex, su guardaespaldas, le dice algo que no puedo escuchar, Bill se ríe, se ve tierno, frágil e inocente y… le da un abrazo, Alex le da un abrazo y sale de su camerino, luego entro yo, y él luce asustado, gesticula que qué hago ahí, levanta su mano y me amenaza con un rociador de gas de pimienta que jamás pudo accionar, y entonces empiezo a golpearlo, la grabación es bastante explícita.

—Lo golpeaste hasta matarlo.

—Yo no…

—Alex lo abraza porque era su cumpleaños, y tú llegaste a interrumpir eso, y no contento con solo eso, llegaste a violarlo a tu departamento, ya muerto, ¿sabes cuánto te van a dar de cárcel?

—Dijo que a lo mucho sería un mes de arresto domiciliario.

—¿En serio me creíste? Vamos Tom, con todo esto estoy seguro de que te dejaré encerrado por unos treinta años, mínimo.

—¡Váyase al infierno!

—No, tú te vas a pudrir ahí, te lo aseguro. Vas a pagar lo que le hiciste a este chico y a su hermana.

—Yo no le hice nada a ella, ni siquiera la conocía.

—Pero le quitaste su único sustento de vida.

—Él no debió de haber rechazado lo que tantas veces le ofrecí.

—Eres un malnacido.

Golpea una vez más mi rostro, y entonces caigo de la silla al suelo.

—No vas a sobrevivir felizmente a la cárcel, me aseguraré de que te violen, que te golpeen, que hagan tu vida más miserable de lo que ya es, eso te lo juro. ¿Me entendiste?

—¡Púdrase!

&

Envié a Thomas Trümper a la cárcel, cobrando algunos favores al alcaide, así él me aseguró que haría lo que le pidiera, como dejarlo en manos de los más peligrosos, además de que se conociera adentro como pedófilo, a ellos les va peor adentro.

Luego de tener eso cubierto, visité personalmente a Alex, quién felizmente me convenció de que Charlotte iba a estar bien. Cobré otros favores en trabajo social, para asegurarme de que esa niña estaría recibiendo los cuidados médicos que necesitaba, además de estar enterado mes a mes, que Alex era un buen sujeto con ella.

Por último, visité a Andreas Guehne, el tipo por el cual todo esto se descubrió, de lo contrario, nadie nunca se hubiera enterado. Le conté casi todo, omití a Bill, su cuerpo en el clóset y lo que había hecho en una noche como cualquier otra. Se quedó tranquilo cuando le dije que pasaría años en la cárcel.

Un mes después, para cerrar el caso en mi mente, visité el cementerio donde por fin pudo descansar Bill Kaulitz, luego de los estudios para poder encerrar a ese sujeto, se le dio un espacio para su eterno descanso, ya había flores, supuse que eran de Charlotte, o de Alex, quizás de ambos.

—Tu hermana está bien —dije, dejando un pequeño ramito de rosas blancas junto a las otras—, Alex la está cuidando y no te preocupes, sigo cobrando favores para que la atiendan en el hospital, está recibiendo asistencia social y adivina qué, está mejorando, su enfermedad no avanza y va a estar bien, yo mismo me estoy asegurando de que sea así. También quería decirte que ya está encerrado, estaba molestando a otro chico y por él empecé una investigación, perdón por no haberte encontrado antes, Bill, pero ya todo está en orden y en el lugar que debe estar.

«Bueno, hoy es noche de fútbol, mis hijos jugarán un partido, además de que tomé unas vacaciones para estar con ellos. Te dejaré descansar, solo quería que supieras eso. Descansa, Bill.»

F I N

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por Xim_Alien

Escritora del fandom

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