
«Salgan de Aquí»
(One-Shot de Xim_Alien)
Compramos esta casa hace un par de años, cuando ambos empezamos a vivir juntos sólo podíamos rentar un pequeño departamento.
Es una casa de dos pisos, pisos de madera y paredes frías, desde las ventanas de las habitaciones, puedes ver un jardín más o menos grande y los lados, desiertos, pues habíamos elegido esta casa por una sola razón, que está en medio de un campo hermoso, donde las noches son estrelladas y puedes pasar una bella velada con una cálida fogata.
El autobús con todos nuestros muebles se estacionó frente al terreno, los trabajadores bajaban nuestras cosas del gran autobús mientras nosotros empezábamos a acomodar los muebles que estaban adentro.
—Esta casa será nuestra, amor —Georg me abraza por la espalda mientras susurra esas dulces palabras en mi cuello.
—Lo sé… ¿Qué te parece estrenarla esta noche? —me volteo para mirar sus ojos y probar sus labios. Él simplemente sonríe imaginando todo lo que podríamos hacer.
—Ya está, será lo primero que hagamos a partir de las 8:00 en punto.
Me sumerjo en sus labios sin importar que cinco hombres entrar y salen de la casa para meter el resto de muebles.
—Disculpen, una de las tres habitaciones de arriba está completamente amueblada. ¿Les gustaría que se quedara así como está?
—No entiendo, esta casa debe estar totalmente vacía.
—Es la única habitación con muebles.
El hombre de algunos 37 años más o menos, conduce a Georg por las escaleras al segundo piso, no puedo evitar el sentir curiosidad y apresuro el paso, siguiendo los de ellos hasta una habitación tan cuidada, como si aún estuvieran habitándola.
—¿Qué diablos?
—Georg, ¿qué es esto?
—No lo sé, Gus. Será mejor que se quede así, mañana hablaré con el vendedor, seguramente olvidó este detalle. Déjela así como está, por favor. Gracias por el aviso.
—No es nada señor. Seguiremos metiendo los muebles.
Los ojos verdes del único hombre atractivo sobre este mundo, se enfocan sólo en mí, queriendo tranquilizarme o algo por el estilo, pues se dirige lentamente a mí para tomar mi rostro entre sus manos y besar mis labios.
—Tranquilo, no es nada.
—Debo admitir que sentí algo extraño al entrar ahí.
—Nada, esta casa es nuestra y esa habitación debió quedar así por algún motivo. Un motivo explicable y lógico.
Ambos bajamos al primer piso y yo entro a la cocina para comenzar a cocinar algo, sólo faltaba poco para que los trabajadores de la mudanza se fueran y estuviéramos solos. Por lo regular, somos ambos los que nos metemos a la cocina para preparar algo rico, sin embargo, por razones obvias, soy yo quien está ahora en la cocina.
Por la ventana de esta, puedo ver el jardín del frente, donde está Geo pagando al jefe de los demás hombres. El camión enciende y pronto se pierde de mi vista.
—¡Amor!
—¡En la cocina!
—Deberíamos ir a comprar cosas para pintar las habitaciones y arreglar el tubo de afuera.
—Sí, pero tengo demasiada hambre. Así que ayúdame aquí y luego iremos a comprar lo que tú quieras.
Y así fue, al terminar una deliciosa comida rápida, ambos fuimos de compras al único centro comercial que queda a unos 15 minutos de la casa en el auto. La gente parecía ser amable, de hecho, varios de ellos, nos ayudaron a encontrar algunas herramientas dentro de la gran tienda.
—¿Crees que nos llevemos bien con algunos vecinos? —le pregunto a Geo de regreso a casa.
—Claro, muchos nos sonreían y no nos veían como bichos raros o algo peor.
—Eso espero. Cuando solían vernos raro me sentía como si fuera un delincuente o peor.
—Nada de eso, los extraños son los demás, no nosotros —beso su mejilla mientras sus ojos están enfocados en la carretera.
Pronto llegamos y ambos bajamos del auto, entramos a casa y con la misma ropa con la que llegamos —vieja—, empezamos a trabajar en algunas partes de esta.
Reviso el reloj en mi muñeca y noto que pasan de las 9:00 de la noche.
—¡Geo! —grito al darme cuenta de eso.
—¿¡Qué!? —aparece él asustado en el estudio después de haber estado en el salón principal.
—Son las nueve —le hago notar un poco molesto.
—¿Y? —inquiere como si fuera algo insignificante.
—Dijiste que… estrenaremos esta casa.
—Ah.
Lentamente camina hacia a mí, sus brazos me rodean y me lleva a la sala, donde antes él estaba, no le importa los muebles que ha acomodado hace un momento, con su boca en la mía, me lleva hasta el sofá para que encima de mí, pueda tener la oportunidad de quitar mi ropa y la suya.
—¿Sabias… que eres el… único chico en mi vida? —me dice entre besos.
—Sí, me lo… dijiste cuando… lo hicimos por primera vez.
—Y cuando te pedí que fueras mi…
Un ruido extraño proveniente de arriba nos hace parar en el intento de lo que sería una noche hermosa, un ruido que choca en todas las paredes de la casa, haciéndonos levantar del sofá sin importar que no tenemos camisas y cinturones.
—Quédate aquí, debe ser un simple ratón.
—Te dije que compráramos insecticidas y cosas de esas. Sabes que detesto los bichos.
—Bueno, sólo iré a revisar, por eso quédate aquí.
Lo veo caminar hacia las escaleras pero se queda quieto al pie de estas.
—¿Qué ocurre? —pregunto un poco asustado.
—¿Dejaste las luces encendidas?
—Ni siquiera he subido, amor.
Georg duda en si subir o no, así que me hace señas para subir con él.
—Vamos a subir. Espera, apagaré las luces de aquí abajo.
Al subir, sólo unas lámparas estaban encendidas, una habitación estaba abierta, sólo era una y era la misma que en la tarde habíamos dejado cerrada y como estaba, intacta. Ahora estaba como si alguien hubiera entrado y prepararla para ya dormir.
—¿Estoy loco?
—No, y si lo estás estoy igual que tú.
Ambos entramos para descubrir algo de lo que podamos enterarnos.
La habitación en realidad parecía bien cuidada, limpia, fresca y con un aroma masculino. Consta de una casa matrimonial, sábanas blancas de seda y cobertores color beige. Un armario frente a este, un par de muebles pequeños a cada lado de la cama y en cuanto se entra, una ráfaga helada cala en tu cuerpo.
—Quizá deberíamos pensar en algo más.
—Gus, tranquilo, no pasa nada. Esto debe tener una explicación.
Georg, como todo un detective en un caso súper secreto y misterioso, comienza a revisar cajones, el armario y otras cosas.
—Sé que te va sonar raro pero mira —me da a ver unas fotografías, algunas notas y recados llenos de amor, pasión y un cariño que jamás había visto en una pareja de novios, esposos o lo que ellos fueran—. Era casa de una pareja.
—Es lo que veo pero… ¿por qué sigue esta habitación como si siguieran aquí?
No responde a mi pregunta, un silencio se apodera de la habitación y de repente, la puerta de esta se cierra con un fuerte portazo.
—Listo, debemos irnos de esta casa.
—Espera, no es como si nos fueran a matar aquí.
—Geo, no deberíamos estar aquí, interrumpiendo la paz de unos chicos.
—Amor…
—No tendríamos que habitar esta que sigue siendo casa de ellos.
—Gus…
—Debemos irnos, dejarlos en paz y que descansen en la que es casa de ellos no nuestra.
—Gustav…
—Escucha, vámonos, dejemos en paz su descanso.
—¡Gustav, cállate! —volteo a verlo después de haberlo interrumpido por estar caminando como león enjaulado dentro de la habitación. En sus manos hay un montón de fotografías.
—Eran hermanos.
Siento que mis ojos se abren de sobre manera, de esas veces en las que te das cuenta de algo tan sorprendente que, si no te das cuenta de tu perturbada respiración, morirás sin darte cuenta.
—¿De qué estás hablando?
Su mano me da una carta, vieja, las orillas de la hoja están amarillentas y el resto de la hoja no es blanca.
La carta es una de despedida, una carta de amor y a la vez, una confesión en la que hasta tus más oscuros sentimientos, seden por las palabras llenas de amor y sinceridad plasmada en esta hoja.
Al finalizar de leer la carta, una lámpara se apaga y prende en un mismo segundo. Dejándonos ver una nota en la superficie del mueble.
«Salgan de aquí, ahora que pueden hacerlo»
—Creo que debemos irnos.
—Vaya, no nos dejaron pasar ni una noche.
Como cosa del más allá, dejé de sentir ese miedo con el que entré a la habitación, ya no tenía miedo, ni siquiera sentía esa cosa rara recorrer mi espina dorsal. Simplemente volvimos a poner las maletas dentro del auto y dormimos ahí, esperando a que el amanecer llegara para volver a mudarnos.
F I N
Este fic es parte de la serie «Gemelos fantasmas«. Gracias por leer.