Administrador: Muchos quieren que Xim continúe uno de los one-shots de su colección, y mientras esperamos a que retome la inspiración, nos envía este fic que es mucho más largo y será publicado en capítulos 😉 Disfruten la lectura.

Fic Slash de Xim_Alien
Capítulo 1
Bill Kaulitz es un chico de 15 años, va a la secundaria local y no tiene amigos, todos en su grupo lo consideran demasiado raro para el gusto de cualquiera, sin embargo, hay un chico al que le parece «bonito» y «extraño» a la vez. Este chico no se ha acercado a Bill por una razón de dos razones. Él es Gustav, de último grado de preparatoria en el colegio donde ambos estudian, cosa que lo hace bastante mayor y aunque pareciera ser un punto infantil, su edad era la primera razón y tal vez la única, por la cuál sería algo más que extraño, ya que al ser el mayor en su grupo, esperarían a verlo con cualquier otra chica de primer grado de su nivel, no un chico y menos del último grado de secundaria. También está el punto de que debía cuidar una reputación para con sus amigos. Y así prefirió no hacerse más ilusiones, aunque para ser honesto, verlo en los recesos solo, con la mirada perdida en una libreta, le daba ideas.
Un día simplemente se dedicó a escribirle algo, no paró hasta que todos sus sentimientos estuvieran en esa carta, y naturalmente, ya tendría tiempo de espiarlo en el receso para ver cada uno de sus gestos al leerla. Ya quería que fuera receso.
Gustav tuvo que confiar en sus habilidades de espionaje y agilidad, lo bueno que conocía su casillero, así que en un horario de clases, pidió ir al baño, los pasillos estaban totalmente desiertos, por lo que aprovechó para meter la primera carta. En el receso, se mantuvo cerca del baño y no lo perdió de vista, en cuanto abrió el papel empezó a leer, pero Bill se detuvo en seco al ver palabras no prohibidas pero sí subidas de tono, aunque se regañó por querer seguir leyendo, guardó aquella hoja de papel y buscó un sitio menos concurrido.
Gustav lo siguió hasta la biblioteca y buscó una butaca aislada, Gustav lo estaba vigilando desde atrás de un estante.
Hola Bill:
Disculpa molestarte pero sólo quiero decirte unas cosas antes de que yo me vaya de este colegio.
Me gustas mucho, y aunque deseo decírtelo, no puedo, espero que lo entiendas porque soy un chico y soy de último grado, así que para el siguiente ya no estaré aquí.
Antes de perder todo contacto contigo, déjame decirte que desde hace tiempo he imaginado hacerte mío, no sabes la ansias que me da por besarte, por ver qué hay debajo de tu ropa que te hace ver tan encantador, y por ver reflejado en un espejo tu rostro mientras te follo o mientras te hago lo que sea que me pidas.
Espero que no te molesten mis palabras, pero si llegas hasta este punto, quiero ser capaz de pedirte algo, ten por seguro de que estoy cerca, así que deja dónde estés un papelito que diga una respuesta a la siguiente pregunta.
¿Puedo seguir dejándote cartas?
Cuídate mucho, Bill Kaulitz. La carta es tuya y puedes quedártela o deshacerte de ella.
Te desea: Un chico de último grado.
Gustav sigue atrás de un estante, completamente fuera del alcance de Bill, quien busca, con evidente desespero, una pluma y una pequeña libreta en su mochila. Gustav lo ve escribir algo más que un sí o no, este empieza a temblar pero se relaja un poco cuando lo ve guardar la carta en su mochila y dejar el papelito en la butaca donde estaba. Gustav revisa el papelito hasta que Bill se va.
«Si quieres intentar algo, te veo en el parque a las cuatro y media. Ahí voy a estar hasta las cinco en punto».
Gustav se ve tentado a ir, pero no podría hacerlo en público. No podía dejar que los demás supieran algo. Por puro instinto caminó por el parque entre las cuatro y veinte, todavía no veía a Bill, él llegó justo a la hora que indicó, ni un minuto más ni menos.
No podía hacerlo. Lo vio sentado en una banca del parque, tenía un libro en las manos y un bolso cruzado. Dios, sí que se le antojaba hacerle cosas. Entonces se acercó desde atrás, tentado a hablarle, Bill volteó sintiendo una presencia, Gustav no pudo hacer nada y este lo vio sencillamente dejándolo sin salida.
—Sí, sabía que eras tú —dijo Bill levantándose de la banca.
—No sé de qué hablas —contestó Gustav acomodándose sus gafas.
—Yo sí, bueno tú también. ¿Quieres ir a algún lugar privado o te vas a arrepentir de todo y fingirás que no me has escrito nada.
—No puedo —susurró.
—Bien, te gusta escribir. Te daré otra oportunidad. Escríbeme otra carta, dime lo que en serio quieres hacerme, no quiero que omitas ningún detalle.
Bill da la media vuelta y se va, dejando a un Gustav confundido. El cuál corrió a casa, sacó papel y bolígrafo, una carta corregida y bien estructurada salió tres horas después. La cual metió al casillero de Bill tal cual lo hizo el día anterior. Y lo vigiló como el día anterior.
Hola Bill:
Te dije que no puedo, no me puedo arriesgar a que me vean contigo, y es que no eres tú, es mi posición, sabes perfectamente que soy el mariscal, y tengo una reputación con las chicas y con mis amigos. Sin embargo aquí me tienes, dejando lo que pienso plasmados con esta tinta.
Cada vez que te veo me concentro en ti, en lo que traes puesto y en lo que haría para quitártelo. Y tengo varias opciones, te acorralo en los baños, te bajo los jeans, te levanto la playera para acariciar tu pecho y te empezaría a coger por detrás hasta correrme dentro de ti, mientras te veo de frente en el espejo de los lavabos.
Pero si te pudiera atrapar en la salida, te besaría, te llevaría en mi auto y ahí adentro, podría hacerte mío en el asiento trasero; me imagino yo sentado y tú encima de mí, te ayudaría a saltar sobre mi verga y te llenaría de mi leche.
De cualquier forma y en cualquier lugar, me gustaría follarte a gusto, sentirte, llenarte con todo el deseo que tengo de ti y de tu cuerpo, quiero que grites mi nombre y que nadie te escuche para que nadie pueda quitarte de mis manos. Créeme cuando te digo que sueño contigo, con tu cuerpo y con tu boquita lamiendo mi pene erecto por ti, me encanta imaginarte lamiéndolo hasta darte de mi leche y que se te salga por las comisuras de tus labios. ¿Ya te dije que me encantan tus labios?
Dime por favor si puedo seguir dejándote cartas.
No hubo una despedida como la anterior, pero sí hubo una respuesta que enseguida leyó
«Basta de cartas, ten los huevos y cógeme. Me quedaré en los baños hasta que todo el mundo se vaya. Si no te quedas hoy, no pasará nunca».
Y así pasó. Gustav, el mariscal de campo, un chico de 18 años, se quedó en el gimnasio a practicar un poco sus lanzamientos de canasta, más para despistar a cualquiera que por querer hacerlo.
Cuando el edificio se quedó totalmente desierto, corrió a los baños de los chicos, abrió la puerta y Bill estaba adentro, sentado en los lavabos, balanceando las piernas de atrás para adelante.
—Pensé que no vendrías.
—No quiero perder la oportunidad.
—Ven. ¿Qué quieres hacerme primero? Haré lo que me pidas.
—No hagas nada, yo quiero hacerlo todo.
—Bien. De acuerdo.
Gustav se acercó a Bill después de ponerle seguro a la puerta. Este lo rodeó con los brazos y así sentado lo acercó a su cuerpo para que Bill lo rodeara con la piernas. Gustav aprovechó la cercanía para besarlo, sus labios se sentían muy bien, suaves, con un ligero sabor a cereza. Con Bill aún sentado en los lavabos, empezó a inmiscuirse en sus pantalones, por su trasero, llegando hasta su entrada. Aún no dejaba de besar su boca, por lo que Bill dejó escapar un gemido lo bastante excitante para que Gustav lo bajara al suelo y lo pusiera de frente al gran espejo en la pared.
Así abrió sus jeans, los bajó un poco y pudo tener su trasero totalmente descubierto para él, fue entonces que bajó sus propios pantalones, se escupió la mano derecha e introdujo dos de sus dedos en la entrada del menor para poder hacer su tarea, con la misma mano se masturba un poco y lo acerca hasta su entrada y Bill tomó una bocanada de aire grande, Gustav entró de a poco primero, Bill parecía aguantar aquél grosor.
—Dime si te lastimo, por favor.
—Cógeme, fóllame ya.
Entonces Gustav no lo pensó, arremetió con las fuerzas que pudo y Bill soltó un gruñido, Gustav se mantuvo quieto por unos segundos estando adentro, mientras también se acostumbraba a su estrecho agujero, estaba caliente y muy a gusto. Pronto empezó a moverse, salía y entraba con un poco más de rapidez y con mayor ahínco. Bill soltó dos lágrimas de puro placer, Gustav estaba concentrado en ambas cosas, en el Bill del espejo y en su placer al sentirse dentro de esa maravillosa criatura.
Así continuó por un momento hasta que no pudo más, Gustav se corrió dentro de Bill, dejando su propia semilla en su interior, ambos dejaron salir el nombre del otro inundados en excitación. Gustav se removió un poco para no lastimar a Bill a la hora de quererse salir, sin embargo Bill no lo dejó.
—Espera —dijo atajándolo con una de sus manos, Bill se inclina aún más y se quita la playera por completo—. Estás duro aún, puedo sentirte. Nunca había recibido una así de gruesa.
—Vaya, agradezco tus palabras.
—Es verdad. Sigue moviéndote. Dame más duro.
—Eres muy delgado, me da miedo lastimarte.
—Si no te mueves me vas a lastimar en serio. Además, querías follarme, ¿no? No te detengas, esos centímetros caben muy bien en mí.
—Oh, Bill, basta. Me costará dejarte ir.
—Anda, sigue follándome, por favor.
Y así lo hizo Gustav por segunda vez, sin embargo la posición cambió, Gustav lo volvió a poner frente a él, lo cargó y Bill, con las manos en los lavabos, hizo apoyo para no caerse, así Gustav entró y salió con un poco más de facilidad, para cuando Gustav se sintió listo, se corrió nuevamente en el interior de Bill, mientras que este último terminó en su propio abdomen.
—No puedo más. Tengo que irme.
—Sí, yo también. Mi hermano viene por mí hoy.
—¿Tienes un hermano?
—Sí, bueno, hermanastro a decir verdad. ¿Esto se va a repetir?
—Quisiera que sí, te sientes muy bien.
—Tu también, me gustó mucho. Si quieres mañana en donde quieras.
—Bien.
—¿Quieres que me ponga algo en específico?
—Oh no, iremos viendo. Por ahora me fascina así como eres. Nada más en ti.
—Puedo hacer lo que me pidas.
—De acuerdo, mientras caminas, trata de que no se te salga nada de lo que acabo de ponerte.
—Oh, no. No quiero desperdiciarla. Esa es mía.
Ambos sonríen y Bill sale del baño para ir al estacionamiento. Ahí ya estaban esperándolo y entró al coche.
—Acabas de revolcarte con alguien, hermanito.
—No hables.
—En cuanto lleguemos a casa te metes a darte una ducha.
—No quiero.
—Puaj, niño asqueroso. ¿Lo conozco?
—No. Es un chico de preparatoria.
—Extraño hacerlo yo, hace mucho que no me dejas hacerlo.
—He tenido cosas qué hacer. La escuela está poniéndose pesada.
—¿Puede ser ahora? Tu olor me ha excitado.
—Bien, hagámoslo.
Él aparca en una calle solitaria, se quita el cinturón de seguridad y Bill aprovecha para montársele, con la espalda en el volante trata de bajarse los pantalones y el boxer, aún siente el semen de Gus escurriendo por sus nalgas, pero trata de ignorar eso, ahora deberá enfocarse en sentir placer y hacerle sentir placer a su hermanastro. Tom, Thomas Trümper, un chico nueve años mayor que Bill. El primer día que lo intentaron, Bill tenía 13 años y Tom 22, este último acababa de cumplirlos en ese entonces, y quería festejar con el pequeño. Bill se sintió excitado desde el primer día que se conocieron, sin embargo no se atrevía a intentar nada, Tom tuvo la gran idea de empezar a coquetear y Bill no se resistió. No lo hacían diario y mucho menos seguido, solamente aprovechaban cuando los dos se encontraban solos en casa y hormonales.
Tom ahora tenía 24 años, el cuerpo de Bill ahora estaba un poco más apto a recibir un miembro como el suyo, ya no tenía miedo de cogerlo como la primera vez, cosa que le atemorizaba debido a su delgadez.
—¿Usaste protección con este chico?
—Sí —mintió.
Bill ya no estaba escuchando, dejó de razonar las palabras de Tom cuando sintió uno de sus dedos en su entrada.
—Siento que no. Me has mentido —aseveró.
—¿Y? ¿Me vas a castigar? —preguntó Bill sugerente.
—No quiero que te enfermes de algo serio.
—No me pasará nada, mejor hazme un favor y cógeme. Apuesto que es más grande y más gruesa.
Tom también abrió sus pantalones y saco su miembro duro, erecto y listo para entrar en el agujero del pequeño. Bill no necesitaba más preparación, estaba tan dilatado todavía, que fácilmente podría recibir una doble penetración sin dudas. De repente pensó en un trío, Gustav, quien la tenía lo bastante gruesa y Tom, quién le hacía gemir como una chica. Montado aún en sus piernas, Bill se levantó lo suficiente para dejarse caer encima de ese miembro latente, lleno de sangre caliente.
Bill hizo un gesto bastante diferente al que hizo la primera vez que lo recibió, ahora era placer simplemente, estaba a punto de ver las estrellas. Tom lo ayudaba a subir y a bajar, a moverse de atrás para adelante, mientras que ambos se besaban con desespero.
—Ya casi —avisó Tom cubierto de sudor.
—No, todavía no.
—Sigues apretado, me encanta.
—Dame más, más duro —canturreó Bill extasiado de placer.
—Me fascina verte así, no aguantaré más.
—Dame más, cógeme. ¡Ah, Tom!
Tom no pudo aguantar más después de lo anterior, terminó corriéndose en el interior de su pequeño hermanito.
Bill terminó colocando su cabeza en el hombro derecho de Tom, sin quitársele de encima, Tom seguía adentro de Bill y ambos peleaban por recuperar la respiración.
—No quiero quitarme de aquí.
—No creo tener la resistencia que esperas.
—Quiero más, Tom. Fóllame. Quiero más lechita.
—¡Oh, Bill!
Tom, aún con su miembro en el interior de Bill, tomó las caderas de este, lo ayudó a subir y a bajar encima de él, a seguir moviéndose, a seguir descubriendo movimientos placenteros.
—Estás muy caliente.
—Tú también lo estás. Te siento palpitar dentro de mí. Cógeme duro. ¡Ah, ah, ah, ah! Más fuerte, más duro, ¡dame más, carajo!
Tom terminó por segunda vez, para Bill era ya su cuarto orgasmo tal vez. Bill tenía ambos ADN en su interior y eso le excitaba aún más si se podía. Regresó a su lugar como copiloto y Tom se quedó en ese mismo lugar, sin embargo, tuvo que bajar del auto un segundo después, las ansias de orinar llegaron y Bill bajó también, aunque este para tomar aire, estirar las piernas y refrescarse, se sentía empapado en sudor. Tom cruzó la calle y aprovechó un árbol para hacer sus necesidades. Sin pensar en las consecuencias, Bill se acercó a él, llegó por sus espaldas y esperó a que su hermanastro terminara, antes de que Tom pudiera guardar su miembro, Bill se arrodilló frente a él, con la espalda contra el árbol, así si pasaba algún auto perdido, pensarían que Tom simplemente estaría orinando.
—Ya no puedo más, Bill —dijo el mayor.
—Sólo quiero chupártela.
—No sé si pueda volver a correrme.
—Lo intentaré. Déjame hacerlo, extraño su sabor y tus venas en mi lengua.
Eso lo excitó de sobremanera, en un segundo tenía un alcance de sus 15 centímetros por tercera vez en el mismo día, un nuevo récord.
Tom agarró la cabeza de su pequeño hermano, lo folló por completo, lo escuchaba atragantarse pero eso no lo detuvo, hasta que por fin llegó una tercera explosión. Bill recibió el semen tibio de Tom en la boca, no desperdició ni una gota, y para ser sincero, aún sentía los restos de Gustav en su agujero, chorreando por sus piernas, mezclándose con los restos de Tom. Una vez terminada la nueva aventura, ambos regresaron al auto, sin más qué decir o qué hacer, ambos se dirigieron a casa, misma que estaba sola, sin embargo, ya ninguno de los dos tenía fuerzas, convicción ni antojo de intentar algo diferente.
—Voy a ducharme.
—Igual yo.
Tom tenía novia, a veces ella solía visitarlo a él, por ejemplo, hoy es ese día. A Bill no le importa que él tenga novia, pero sí se siente celoso cuando los ve besándose, ya que Tom tiene cierta fijación por tocar los senos de la chica. Hace tiempo, los encontró teniendo sexo en su habitación de Tom, se quedó en la puerta a verlos y se sintió mal por no tener un par de pechos, al parecer, a Tom le gustaba tocarlos, masajearlos y ponerlos en su boca. Bill se sintió mal por no ser una chica desde entonces, era por eso que fingía estar ocupado, pero el hecho de que Tom fuera el que le pedía hacerlo, lo dejó sin armas, completamente asombrado por el pedido. Y se dejó llevar como hace tanto tiempo no se lo permitía.
—¿Bill? —llamó Tom a Bill desde afuera de su habitación. Este se levantó de su cama para abrirle.
—Dime.
—Hoy vendrá Chantelle.
—Sí. ¿Y?
—Me gusta que me veas mientras me la cojo. El otro día te vi detrás de la puerta. Me excitó muchísimo saber que nos veías.
—Es que… yo no te puedo dar lo que ellas… perdóname.
—Oh, Bill. Me gustas por ser quién eres, jamás me atrevería a compararte con una chica, qué caso tendría eso. Además, me gusta tanto tu culo, estás apretadito y calentito, tu boca también se siente bien y no te dejaría de coger porque no eres una chica. Gracias a Dios no lo eres, eres un chico a quien me encanta follármelo. ¿Quieres participar?
Su respuesta fue corta, segura, y sin ánimos de cambiarla, un rotundo no, que acabaría con su presencia detrás de la puerta, viéndolos follar, coger o hacer el amor, el término que a Tom le gustara usar con ella. Al parecer lo que le gustaba ver, era a Tom moverse dentro de ella, porque se imaginaba él en el lugar de ella. Ahí detrás de la puerta, pretendiendo no estar, masturbándose, aprovechando que sus papás estaban fuera de casa, quizás cogiendo al igual que sus hijos.
Continúa…
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