Administración: Saludos, gente bella, sólo les digo que este One-Shot es el último de la colección y está tan hot como los anteriores. Disfruten y (guiño) tengan a mano su vaso de agua fría.

(One-Shot de Xim_Alien)

«483»

El sudor cubría cada centímetro de mi cuerpo, emanaba por cada uno de sus poros, su aliento chocaba con el mío y su falo entraba y salía de mi cuerpo a su antojo y placer. Mientras que afuera se escuchaba una tormenta, nosotros sucumbíamos con cada caricia dentro de la habitación del hotel.

Estaba claro que ambos teníamos responsabilidades allá afuera en un día como hoy, un simple y sencillo martes lleno de tareas y cosas por hacer, no era un día en el pudiéramos escaparnos como si nada, sin embargo así lo hicimos.

Tom es uno de los inversionistas más importantes e influyentes del oeste de Alemania, y si algún detalle de su vida verdadera está en el conocimiento de todo el mundo, es que gusta de relaciones pasajeras, nunca se compromete y basta decir que también es amante de las jóvenes universitarias.

Sin embargo, aquí estamos, en una habitación de hotel, por quinta vez, conmigo, un chico al que conoció en una fiesta organizada por la fraternidad de la cual mi hermano mayor es miembro.

Esa noche fui a la universidad para visitarlo, quería dejarle muchas cosas que mamá había comprado en una barata, ese día él estaba con sus amigos platicando de los últimos detalles de esa fiesta, y alguien comentó que tenía el contacto perfecto para que Tom se enterara de dicha fiesta, así que cuando lo mencionaron, decidí que a pesar de no ser universitario, y ni siquiera ser invitado, iría. Las revistas y los medios de comunicación en sí, solían dar notas de que su sola presencia te hacía pensar que no había nada más hermoso en el mundo, mis ojos brillaron ante la posibilidad de que esa misma noche podría comprobarlo por mí mismo.

Mi hermano ni siquiera se enteró de que yo también estaba en la fiesta, nadie me notó en el tumulto enardecido por alcohol y música a todo volumen, sólo él.

Me miró y yo me encargué de coquetearle todo lo que pude y como pude, mi idea estaba clara, quería todo, sus labios, su tacto, sus manos recorriendo todo mi ser. Y por supuesto que lo logré, sin embargo, esa noche pasó en una de las tantas habitaciones del dormitorio, fue perfecto, inesperado hasta donde se puede expresar como tal, fue totalmente asombroso, ya nadie podía darme ideas, yo tenía la verdad, la verdadera faceta del inversionista poderoso, yo había experimentado estar con él. Aún así, también estaba en mi mente el conocimiento de que no iba a poder repetirse aquello nunca más, y como la noche después de un concierto, mi sistema se apagó de una manera aterradora.

Regresé a mi casa con mi madre, y a pesar de la depresión, ese toque de saber que lo hice, también sabía que nada iba a poder hacer que lo olvidara.

Sin embargo, tres días después, saliendo de la escuela, un tipo alto vestido de negro y con gafas de sol, tomó la decisión de recogerme afuera de mi escuela, aún recuerdo sus palabras.

—¿Bill, Kaulitz?

—Sí —respondí con temor y con nervios de que me fueran a hacer algo, ya que en la escuela mi fama de ser imán de acosadores era alta y bien reconocida.

Nadie reparó en el hombre que me había tomado sin ningún tipo de delicadeza ni de cuidado, nadie se percató de la situación, o quizás sí lo hicieron, sin embargo nadie quiso meterse para «defenderme» de un perfecto desconocido que me metía a un auto ostentoso, con los vidrios polarizados por completo.

El auto por dentro estaba totalmente vacío, sin ningún alma, la parte de adelante estaba bloqueada ante mi vista, no podía escuchar al conductor, ni siquiera sabía si se trataba del mismo sujeto, aunque sí fue él quien abrió la puerta del auto al llegar, y aunque entramos por el estacionamiento, él abrió cada una de las puertas que íbamos atravesando. Yo no tuve que hacer nada ese día, más que seguir sus pasos. Hasta que atravesé la última puerta, fue cuando mi corazón se detuvo, el tipo hizo una especie de reverencia y salió de la habitación, una muy lujosa debo añadir.

—Por fin vuelvo a verte —dijo mojándose los labios.

—¿Qué hago aquí? —pude articular después de unos segundos en silencio total.

—¿Qué has hecho conmigo?

—¿Qué?

—No puedo dejar de soñarte, algo me has hecho. Mandé a traerte y ahora estás aquí, gracias a todo mi trabajo y dedicación, tuve la oportunidad de mandarte a buscar y funcionó.

—¿Para qué? ¿Qué hago aquí?

—¿En serio no lo imaginas? —preguntó rodeándome, como ave macho tratando de llamar la atención de la hembra.

Sentí en ese preciso momento su mirada en mi cuerpo, su respiración en mi nuca y de repente, sus manos acariciando mis brazos, mi mejilla y por último, mi trasero por encima de mis pantalones.

—No he dejado de soñarte, de imaginarme encima de ti, no he parado desde es maldita noche. Quiero hacerlo otra vez. ¿Me lo permites?

Ni siquiera tenía que decirlo, no quería hacerlo, quería probar ahora hasta dónde podía llegar si yo no decía nada.

—No seas grosero, contéstame, respóndeme. 

Creo que nada más pude asentir porque lo próximo que sentí fue su cercanía, rodeó mi cuerpo estando detrás de mí, y su boca fue directamente a mi cuello, ahí, en ese punto mi respiración se cortó, mi corazón latía en mi garganta y mi excitación fue incrementándose de forma alarmante.

En el siguiente minuto ya estaba desnudo completamente, entregado a su más raro y excitante deseo, en una habitación lujosa, enredado en sus brazos y siendo víctima de su oscura forma de poseerme. Era de él en estricto sentido, desde cómo me había conseguido hasta en la forma en cómo me penetraba.

Mis jadeos se confundían con mi llanto al sentir su intromisión, misma que se convirtió en una palpable euforia, lo cual hizo que mis sonidos se convirtieran en palabras, en deseos de que me cogiera más fuerte y rápido, mi cuerpo de 17 años era completamente suyo, yo empecé a pertenecer a un hombre poderoso de 31 años.

Cuando ambos terminamos, ya no había preguntas en mi mente, el cómo había conseguido la dirección de mi escuela ya no me importaba en lo absoluto, es más, quería darle todos y cada uno de mis datos para que le fuera más fácil encontrarme y que pudiera disponer casi de mi tiempo y de mi vida con tal de que volviera a buscarme, de que pudiera follarme una vez más.

—Esta es la quinta vez que me buscas, ¿seguiremos haciéndolo así? —pregunto exhausto, había estado dando brinquitos encima de su gruesa erección.

—Sí, yo mandaré a alguien por ti. ¿Satisfecho?

—Mucho.

—Bien, vístete.

—¿Puedo preguntar algo más? Un poco personal.

—Te escucho.

—¿Haces esto con alguien más? —pregunto con miedo a su respuesta.

—No, para serte honesto, nadie me había robado mi estabilidad emocional y sexual como lo has hecho tú.

—Mañana es mi cumpleaños, esperaba verte hasta mañana pero ahora quisiera que también se repita algo como esto.

—¿Acaso crees que no sabía lo de mañana? Bill, lo de hoy fue solamente el interludio. Mañana no podrás recordar ni tu propio nombre.

Aquello no sólo me arrebató mi próximo respiro, sino que también me produjo una extraña necesidad de morder mi labio hasta que pude sentir ese sabor metálico. Y mi próximo movimiento fue montarme sobre él y besarlo como si mañana y todo el resto de mi vida se acabara en el siguiente minuto.

Tardaría en pasar el tiempo después de esa confesión, pero trataría de no morir en la espera. Su pene ya estaba flácido, ya no había forma de que pudiera cogerme otra vez. Sin embargo, rodeó mi cintura, aún conmigo encima de él, y besó así mi pecho, mi cuello, mis labios y dejamos que el tiempo avanzara.

&

Despierto por culpa del sol, las cortinas aparecen recorridas ante mis ojos, y una voz me espabila rápidamente, es de él, está hablando con alguien pero no soy capaz de escuchar la respuesta. Tallo mis ojos con mis manos y lo veo sentado en el sofá, entonces reparo en la cama, justo en el lado donde durmió él, está su ropa lista, pareciera que acaba de recogerla de la tintorería. Me vuelve loco la idea de que esta fuera nuestra casa, y yo su esposo.

—Estás loco, no invertiré en esa idea, ni siquiera es rentable. Hablaré con Dayana y veré qué hacer después. Mientras iré a Seúl, allá veré a mi padre y unos socios que quieren vender sus acciones de Tesla.

Se irá.

—Sí, nos vemos. Estamos en contacto.

Lo veo levantarse del sofá, el hecho de ver su pecho desnudo ya no me hace sonreír, ni siquiera al ver que me sonríe al acercarse a mí.

—Ya despertaste.

—Vas a irte —atajo cabizbajo.

—Eh sí, es un viaje de negocios.

—¿Por qué sigues buscándome?

—Porque me gustas.

—¿Y seguirás buscándome a tu regreso?

—Entiende algo, Bill. Jamás me había pasado algo así con alguien. Eres el primero.

—Soy capaz de entender eso, sin ningún problema, pero para ser honesto, me cuesta mucho creer que quizás no sea el último, buscarás a alguien en Seúl o a donde quieras que vayas.

—De hecho, estaba pensando en que…

—¿En qué?

—Podrías venir a Seúl conmigo.

—Estás loco. Estás loco y estás jugando.

—No y no. Es totalmente en serio. Podrías venir.

—¿Y la escuela?

—Es un viaje de negocios, Bill. No te estoy diciendo que viviremos allá de ahora en adelante. Nos iríamos esta noche y volveríamos a más tardar el siguiente martes. Estarías perdiendo un día de clases solamente.

—Oh no puede ser.

—¿Qué dices?

—¿Por qué quieres que vaya?

—¿Quieres que te diga la verdad?

—Sí.

—Hoy es tu cumpleaños, 18 por cierto y no se me ocurre qué otro regalo puedo darte, al menos no otro más digno de ti.

—¿Digno de mí? —En realidad me hubiera conformado con una explicación de que extrañaría verme o cogerme o algo por el estilo.

—Desde que tuvimos sexo por primera vez, supe que ibas a hacer de mí alguien diferente, quiero regresarte eso, quiero cambiarte la vida como tú hiciste con la mía. Perdón si no soy simple, pero de igual manera te extrañaría estos días. No sabes cuánto tiempo esperé por tenerte de nuevo desde la última vez. Así que sí, quiero que vayas conmigo a Seúl. ¿Qué dices?

Y bien, ahí estaba, desnudo en una cama de hotel, mientras él aguardaba por una respuesta, sentado a mi lado, con una sonrisa mientras la tela de sus bóxers aclamaba que yo lo quitara de encima del cuerpo de su dueño. Y es que justo ahora quería arrancarle ese boxer pero con los dientes.

—Bien, iré.

—¿En serio?

—Sí, si prometes hacérmelo ahora, en el avión, llegando y antes de regresar.

—Te lo haré cada vez que quieras, que lo necesites y cuando no tengas nada más qué hacer.

Lo próximo que pasó no sería prudente de contar, lo único que puedo decir es que aprendí que mi flexibilidad es vasta, además de que me mis orgasmos pueden hacerme gritar algo más que su nombre, pero sobre todo, aprendí que mi voz le excita de sobremanera, incluso estaré practicando esa voz para cuando quiera prenderlo.

No fue necesario pedir el permiso de nadie, mi hermano, sin embargo, me debía algunos favores, por lo que él sabía qué contestar en caso de que mi madre hiciera preguntas.

Siempre había escuchado de experiencias sexuales en el avión, en películas y en series, pero nunca imaginé lo incómodo que eso podría llegar a resultar, me prometí jamás volverlo a intentar.

—¿Estás bien? —pregunta sentándose a mi lado. Primero había salido yo, segundos después, él detrás de mí.

—Sí, pero no quiero hacerlo otra vez así.

—Prefiero los baños públicos.

—¿Ya lo has hecho?

—Con una chica.

—¿Y te cuidas cuando estás con ellas?

—Sí, lo hacía. Desde que te conocí no he estado con ninguna.

—¿Cómo creerte?

—Confía, estoy diciéndote la verdad.

—Bien.

Sí, era difícil de creer. Tom es guapo, guapísimo, apenas puedo creer que le guste como para llevarme a su viaje de negocios y por supuesto, apenas puedo creer que es porque va a extrañarme.

Llegamos a Seúl y afuera del aeropuerto, un hombre lo estaba esperando con la puerta de un Audi negro abierta. El hombre se extrañó cuando Tom me invitó a pasar primero al auto, él detrás de mí y el hombre afuera entró frente al volante. Sin dirigirse a ninguno de nosotros, puso el auto en marcha y llegamos a un hotel, este parecía ser el más lujoso de Seúl, fácilmente podrían ser cuarenta pisos, ya ansiaba ver las habitaciones y pensar que Tom podría hacerme lo que quisiera dentro de una. Incluso, me pregunto cómo sería el ascensor.

—¿Nervioso? —me pregunta y lo veo, me mira preocupado si es ese el caso.

—Maravillado, más bien.

—Después de lo del avión, quiero hacértelo en el ascensor.

El susurro en mi oído no hizo que mi reacción pasara desapercibida, y es que qué pasaba, ¿acaso nuestras ideas se conectaron? No pude reprimir un jadeo, su mano izquierda estaba muy cerca de mi entrepierna, apenas tenía 18 años cumplidos, y yo, un simple inútil, todavía no podía manejar mis erecciones espontáneas.

El ascensor tiene espejos en lugar de paredes. Las puertas se cierran y lo veo sacar su celular del bolsillo de su pantalón. «Apaga las cámaras», dijo sin apartar la mirada de mí. Su mano derecha me toma de la cintura y me acerca hacía sí, con la otra mano acariciaba mi entrepierna y vuelvo a gemir en su oído con la voz que le encanta.

—Baja tus pantalones —ordena, al tiempo que me hace quedar frente a él—. Mírate, eres especial, Bill. Mira tus ojos, tu cabello, tu dulce, dulce y tierna carita. Me pones. Me calientas mucho.

—Fóllame —gemí.

—Suplícame más —rugió con voz ronca, adormecida por el deseo de mi cuerpo, lo sabía y agradecía que me lo pudiera porque sentía su falo erecto en mis nalgas y ya sentía las lágrimas salir de mis ojos.

—Fóllame, por favor, cógeme aquí, ¡métemelo ya!

Tom no dijo nada más, no agregó ninguna otra línea, más bien se mantuvo expectante de mi reflejo en cada uno de los cuatro espejos, cada embestida me dolía menos, pues al mismo tiempo me masturbaba y aunque ya había entrado en el baño del avión, no había terminado como antes me hacía terminar. Durante el camino estuve excitado y, ahora, sentía como mis piernas estaban a punto de follarme.

—Oh, Tom, no te detengas —gemí con mi voz especial.

—Pídeme, más.

—Por favor, no te detengas, más, más, ¡más!

Tom terminó en mi interior y yo en su mano. Con su mano libre me detiene por mi pecho, y así, nos quedamos por un momento, él dentro de mi cuerpo y yo, tratando por todos mis medios no desvanecerme.

—Voy a salir.

—Espera —pido y me giro un poco acercando mi espalda a su torso. Por el espejo a nuestra derecha, puedo ver la unión de nuestros cuerpos, sonrío complacido—. ¿Puedes besarme?

—Claro que sí —acepta y lo hacemos, me besa de forma tan arrebatadora, profunda y con su lengua sobre la mía, que no puedo evitar otro gemido—. Ahora sí, voy a salir.

Sin apartar mi mirada del espejo a mi derecha, veo como sale de mí, llevándose consigo unos hilos de mi líquido favorito.

—Déjame…

No termino, pero me coloco en cuclillas frente a él y limpio con mi lengua todos sus restos.

—Demonios.

—¿Tienes… más lechita para… este gatito? —pregunto engullendo su falo aún erecto, al tiempo lo toma con una mano y se masturba en mi cara, apuntando a mi boca, directamente en mi lengua. Abro grande y dispara. Lo trago todo—. Maldita sea, Bill, vas a terminar conmigo.

—Lo siento, estoy muy caliente.

—No te disculpes. Me fascina, pero estoy agotado. —Él se acomoda la camisa y yo igual, acomodó mis pantalones negros, mi playera y por último mi cabello. Lo veo sacar su teléfono nuevamente, pero ahora dice—: Ya puedes encender las cámaras. Gracias.

Salimos del ascensor y cuando llegamos a la habitación, me doy cuenta que es el penthouse. Decir que cada mueble parecía ser traído desde el palacio de Buckingham, no era exageración, me faltaba entrar a ese palacio, pero estaba seguro que así era como lucían.

—Necesito una ducha —avisa y se va directamente al baño. Yo, sin perder la más mínima oportunidad voy detrás de él. Aprovecho entonces cada segundo que él pasa bajo el chorro de agua, le veo, vigilo sus movimientos y suplico que se de cuenta y que me castigue—. Bill, ya que estás en esas, ¿por qué no me dejas saber qué te imaginas que hago?

—Estoy un poco cansado, así que es mejor hacerlo con mi imaginación.

—Dime.

—Me tienes frente a ti, estás deseando follarme la boca, lo haces, deseas con todas tus ganas ahogarme con tu pene, así lo haces; ahora estás preparándome para follarme el culo, quiero que lo hagas pero primero te aseguras de que esté listo, entonces me embistes de una, no hay ninguna oposición. Terminas dentro de mí, dejas toda tu leche adentro de mí, y yo quiero más, nunca dejo de pedirte más. Estoy más que feliz de estar aquí.

—¿Quieres leche ahora?

—Si entro me mojaré —digo y él suelta una carcajada.

—Creo que ya estás más que mojado.

Tenía razón, mi mano está cubierta de mi propio semen. Y mi culo estaba chorreando de su anterior corrida.

—Ve a la cama, ahí hay algo para ti. Ya voy.

Obedezco sin rechistar. En la cama, hay una bolsa con el logo de una tienda de lencería, no la reconozco, pero de ella saco tres cosas, una cajita que me muestra tres esferas de diferente tamaño, otra cajita con un pequeño vibrador y un pequeño aparato que desconozco su función. Dejo de escuchar el agua caer y pronto lo tengo frente a mí.

—Todo es para ti, sin embargo, el último yo lo usaré. Las esferas podrás usarlas cómo y dónde quieras, pero, una vez que estemos en público, usarás el vibrador, con esto, —sostiene en el aire—, te haré vibrar cada vez que yo quiera. ¿Objeciones?

—Ninguna. Haré encantado lo que me pidas.

La hora de dormir llegó, ambos estábamos lo suficientemente agotados como para experimentar y probar los juguetes, en cuanto toco la almohada, el sueño me vence, sin embargo, a la mañana siguiente, despierto por una sensación extraña en mi cuerpo.

Abro los ojos y lo veo a él, sentado en una silla junto a la cama donde sigo sin entender todo, hasta que reparo en el pequeño control en su mano. Me ha metido el vibrador mientras yo dormía

—Vístete, iremos a buscar tus regalos de cumpleaños.

—¿Regalos?  ¿Acaso no es suficiente con esto?

—Vamos, quiero ver tu carita urgida en la calle.

Y así lo hacemos, saliendo del Audi acciona el control, haciéndome hacer gestos de placer, movimientos involuntarios y cargados de excitación total. Así caminamos por varias plazas, tiendas, hasta que se cansó e igual yo. Regresamos al Audi con algunas bolsas de aquí y de allá. Entonces entro y Tom tarda unos segundos más. El chófer no sube, nunca sube, sólo Tom. Cierra la puerta y como acto seguido, me toma de las caderas, me hace quedar debajo de su pecho y baja mis pantalones hasta que mi agujero queda a su vista. No me dice nada, esta vez no hay nada de jugueteo, simplemente lo mete y me embiste con agresividad, me hace dar un alarido de dolor mezclado con placer, el placer es horriblemente acompañado de lágrimas, todo está mezclado. Sigue gruñendo en mi oído mientras trato de sostenerme en el asiento trasero, pero sus fuerzas son descomunales, va a romperme.

—Me voy a correr —avisa en otro gruñido, doy gracias que pronto acabará. Acaba dentro de mí—. Listo, acomódate que ya viene Hunter.

Él sale del Audi y me quedo petrificado, sin saber bien qué fue eso. Dolor, placer, enojo, excitación, tristeza, confusión.

Entra Hunter al volante, Tom a mi lado y como si no hubiera pasado nada en absoluto.

&

Llegamos al penthouse y sin detenerme, voy a la ducha. Escuché su voz tratando de detenerme, pero no lo hice, no le hice el mínimo caso y es que lo del auto fue demasiado. No me esperaba nada como eso. Nunca me había sentido así después de estar con él.

Cuando salgo de la regadera, él está sentado en la mesa del comedor, comiendo, su corbata está suelta, su saco y camisa abiertos por la mitad.

—Te hablé varias veces y no contestaste.

—Quería meterme a bañar.

—Escucha con mucho cuidado, a mí no me vuelves a dejar con la palabra en la boca, ¿oíste?

—Sí, pero lo del coche fue una violación.

—¿Qué?

—Eso fue lo que sentí.

—Jamás sería capaz de hacerte algo si, Bill.

—Pues pasó.

—Déjame recordarte que te corriste igual.

—Quiero regresar a casa.

—¿De qué hablas? No.

—Ya no quiero estar aquí. Quiero irme.

—Basta, a ver… Dime qué quieres que haga para compensarlo.

—Nada, solo quiero irme de aquí. Ya no quiero ni verte. Llévame a casa, o déjame en la calle, pero déjame.

—Bien, este es el trato. Te cogeré una vez más y te dejaré ir.

—No. Me violaste en el auto, no me vuelvas a tocar.

—¿¡Quieres dejar de decir eso!?

—Es la verdad. Así lo sentí y así fue. Punto. No quiero que me toques otra vez y no quiero volver a verte.

—Carajo. ¿Qué diablos te pasa?

—¡Déjame ir!

—Ya, tranquilízate. Toma tus cosas y vámonos.

Así lo hago, tomo mis cosas y salgo de la habitación, él viene detrás de mí. Presiono el botón del ascensor y cuando las puertas se abren, él entra al cajón conmigo.

—Que me lleve tu chofer, no hace falta que me lleves tú precisamente.

—Confórmate con el hecho de que te llevaré. ¿Escuela o casa?

—La universidad de mi hermano.

—Bien. No vas a hablar de esto, ¿no?

—No. Tenemos un trato, ¿no?

—Déjame cogerte otra vez. Sin hacerte daño.

—Me arrojaré al tránsito.

—Bien, ya entendí.

Fue el peor recorrido en auto de mi vida, aún así, llegamos rápidamente, él y yo bajamos del auto y empieza a caminar para adentrarse a las instalaciones de los dormitorios, no me queda otra opción que seguirlo.

—¿Dónde está el dormitorio de tu hermano?

—No tienes por qué llevarme hasta la puerta.

—Vamos, Bill.

Me suelto de su repentino agarre, su mano estaba por sujetarme del brazo, pero no lo permito. De repente llega Georg, amigo de mi hermano.

—¿Bill?

—Dios mío, Geo. Lárgate ya —le escupo a Tom.

Tomo el brazo de Georg y los dos, nos alejamos de Tom, quien se ha quedado sin  más explicaciones y sin situaciones qué arreglar.

Georg abre la puerta de su dormitorio y me hace pasar primero, él entra siguiéndome.

—¿Quién era él?

—Nadie, no quiero hablar de eso.

—Bien. ¿Estás bien?

—Perfecto.

—Perfecto —repite levantando una ceja—. Voy a la…

—Antes de que te vayas. ¿Quisieras…? —pregunto a medias porque cuando el voltea a verme, yo estoy bajando mis pantalones.

No era mentira lo que había dicho Tom, me había corrido, pero también había sido brusco, sí lo había sentido como una violación, con todas sus letras, sin embargo, a pesar de ese detalle, también era cierto que aún quería más. Desde que conozco a Tom, he pasado días pensando en él, mismos días que me he tenido que atender yo solo. El sexo con Tom era verdaderamente bueno.

Georg, en comparación, era tierno. Una vez lo hicimos, mi hermano, Gustav, había hecho una fiesta de su cumpleaños, y al otro día tendría examen de alguna materia, entonces él y sus amigos fueron a buscar más alcohol, yo me quedé en el dormitorio con Georg, ambos estábamos ya tomados, aunque con la razón un poco lúcida todavía. Entonces lo hicimos. Empezó a besarme y yo no lo detuve, y es que Georg es… Georg. Caballeroso, pasional, dulce, y sobre todo es guapo. Muy guapo. Ese día Gustav y sus amigos nos dieron el tiempo exacto, el necesario para que cuando llegaron, el cuarto oliera suficiente a humo y a alcohol. Georg y yo seguimos pasándola bien, discretos. Mi hermano no sospechó nada.

—¿Ahora? —pregunta boquiabierto.

—Sí. Ahora.

—¿Cuál es la ocasión?

—Tengo ganas, ¿tú tienes ganas?

—Bill, de tan solo verte tengo ganas.

—Entonces ven.

Me acosté en su cama, él abrió sus pantalones y se quitó la ropa tan rápido como pudo. No pensé en nada ni en nadie, y Georg no podía dejar de decir mi nombre. Se corre dentro de mí y yo no puedo detenerme, termino corriéndome en su abdomen.

—¿Estás bien? —pregunta antes de salir de mi interior.

—Sí.

—Joder, ya tenía hambre.

—¿Quieres que te acompañe?

—No, bueno, si no quieres no es necesario. ¿Qué quieres que le digamos a Gus si los vemos?

—Que… ¿vine a verlos?

—¿Me preguntas? —Rie y yo también en reacción.

—Bien, vine a verlos —digo con más seguridad—. También tengo hambre.

—Vamos —dice en medio de una carcajada.

Gustav no apareció durante el tiempo que estuvimos en el comedor, de hecho, ni siquiera había tantos chicos en el comedor. Una sola mesa, enorme, para nosotros dos. Me senté a su lado. Salimos del comedor y caminamos despacio de regreso a su dormitorio, rezaba para que mi hermano no estuviera ahí. Y como una hermosa señal del universo, Georg recibe un mensaje.

—Es tu hermano, dice que se va a quedar en casa hasta mañana.

—Maldición —respondo al pensar mejor las cosas.

—¿Qué pasa?

—Va a marcarme en… —El sonido de mi celular interrumpe y Georg sonríe—. Hola —contesto.

—¿Dónde diablos estas? Mi mamá está preocupada.

—Estaba con unos amigos y ahora estoy en tu…

—¿Estás con Georg?

—Eh…

—No mientas, Bill.

—Sí, estoy con él.

—Pásamelo.

Le doy mi celular a Georg y el me lo recibe sonriendo.

—Hola —contesta—, sí, llegó hace un par de horas… No te preocupes, yo lo cuido… Oye no, ya habíamos hablado de eso… Sí, va a estar bien… Bien… Adiós. —Finaliza la llamada y me devuelve mi celular.

—¿De qué ya habían hablado? —pregunto temiendo lo peor.

—Ven.

Me toma de la mano y me lleva con él hasta una banca. La tarde empieza a enfriar un poco, aún así, el clima está muy agradable.

—Bill, te quiero mucho. Creo que sabes eso.

—¿Me quieres? 

—Creo que no. Bill, me gustas muchísimo y te quiero más.

—¿Qué?

—Ese día, no sólo lo hicimos, no sé si te diste cuenta pero, bueno, al menos yo sé que te hice el amor.

Lo escucho y me quedo totalmente en blanco.

—Creí que sólo habíamos… ya sabes, cogido.

—Te quiero, Bill. Hablé con Gustav de ti, incluso le pedí su permiso para pedirte que seas mi novio.

—¿Qué?

—Claro, si quieres.

—Geo… También me gustas mucho y me gustó hacerlo contigo, pero…

—¿No quieres nada formal conmigo?

—Es que no sé si estoy listo para eso. He estado viendo a alguien mayor y hoy…

—El tipo con el que estabas, ¿no? —asiento triste todavía—. ¿Te hizo algo?

—No —miento—, aunque sólo me quería para coger… ¿En serio me quieres para ser mi novio?

—No sabes lo mucho que quisiera eso.

—¿Y si digo que sí me haces el amor esta noche?

—Vaya que eres directo. Bill, aunque me digas que no quieres, si tú único deseo es estar conmigo para eso, seré tu maldito esclavo.

—¿Eso es un sí?

—Es un sí. Pero dime que al menos vas a pensarlo. Quisiera hacerte feliz, llevarte de la mano y… y salir contigo a dónde tú quisieras.

—Vayamos a tu cuarto.

Llegamos al dormitorio de Geo, mismo que comparte con mi hermano, vuelve a entrar detrás de mí y así, me rodea desde atrás. Besa mi cuello y es él quien me quita la playera esta vez. Es él quien me desviste, y es él quien me lleva a la cama, y yo, yo sólo me dejo llevar.

—Te daré todo el placer que no sabías que alguien podría ofrecerte.

Su voz es grave, y cuando termina de decir eso, empieza a besar mi cuello, mi pecho y así baja hasta mi vientre, era imposible quedarse a pensar en el futuro o en el pasado porque su lengua estaba trazando un camino por toda mi erección, hasta que su boca la rodeó por completo.

—¡Oh, Geo!

No se detuvo, gracias al cielo continuó y continuó.

—Geo, por favor, házmelo ya.

Entonces sacó mi miembro de su boca y se subió encima de mí, abrió mis piernas y antes de que entrara a mi cuerpo, volvió a besar mi cuello, luego mi boca y se distrajo con mis pezones.

—¡Oh, Georg! ¡Voy a explotar!

Y entonces, entró en mi cuerpo sin soltar mi boca.

Dormí después de que salió de mi cuerpo, después de que llegara otro orgasmo para ambos.

Despierto y el sol me hace no querer abrir los ojos otra vez. Georg está dormido a mi lado, las sábanas no cubre a ninguno. Trato de levantarme pero mi cadera no soporta que esté sentado. Tengo que irme porque hoy hay escuela y Georg tiene clases. Dejo una nota y salgo del dormitorio.

«Hola, Geo. Gracias por el día de ayer, me la pasé bastante bien. No puedo darte una respuesta por ahora, pero no quiero que se eche a perder lo que tenemos. Se que no debo decir esto, pero… me encantó lo que hicimos, nadie me había hecho sentir tan especial como lo hiciste tú. Te quiero mucho Geo, y espero de pronto pueda decirte que sí quiero ser tu novio, porque sí lo quiero, pero como te lo dije ayer, no me siento listo»

Atte: Bill.

P.d. Te dejo mi número. Por si quieres algún día invitarme a salir.

P.d.2. Ayer fue mi cumpleaños, y me diste el mejor regalo que pudiste haberme dado.

F I N

Administración: Nada mejor que terminar un fic que con un lemon, en este caso, terminados la colección de One-Shots de Xim, pero no se preocupen, porque tenemos más material de ella en su perfil, pincha «aquí».

Muchas gracias a todos por la visita y están invitados a comentar.

por Xim_Alien

Escritora del fandom

4 comentario en “OS 7: 483”
  1. Es lo mas hot y lindo.. que triste que no hay otro capitulo de esta historia 🥺🥺 me gustaria mas 🤦‍♀️saber si Tom busco a Bill y si Bill acepto ser novio de Geor tiene todo para ser una historia larga 🥺🥺

    1. Muchísimas gracias por tu comentario, créeme que sí lo he pensado, igual y sí lo ando escribiendo, por ahora se queda en un plan. Gracias!!!

  2. Siiiiiii quiero otra parte de este capítulo porfavor como que Bill se quedó con Geo osea si pero es que Tom que paso con Tom osea extiendan está historia

    1. Santo cielo, sí la quiero alargar, la verdad es que soy muy fácil de convencer jajajajaja pero no tengo tiempo!!! En cuanto tenga unas vacaciones me pondré en ello. Lo prometo.

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