Administración: Este es otro regalo de nuestra querida Xim_Alien, una colección de sus one-shots. Cada capítulo contendrá una historia diferente y emocionante. Este incluye temas de transición y lemon. Están todos invitados a leer y comentar.
(One-Shot de Xim_Alien)
«Viv»
—¡Bill! ¿Dónde rayos estás?
Mi hermano vuelve a gritar desde algún rincón de la casa, a sus 23 años no puede hacer algo sin mí, lástima que me ha llamado por ese nombre, no voy a responder. Desde hace un tiempo ya no me gusta, no sé exactamente porqué, aunque tengo un par de ideas, sin embargo no sé cómo decirlo en voz alta, no es como que no me guste admitirlo, al final de todo, ya no tengo una imagen completa de un chico.
—¿Bill? ¡Carajo, contesta!
—¿Quieres dejarme en paz? —salgo de mi habitación y lo veo en el piso de abajo.
—Sólo quiero decirte que voy a una fiesta, es en un bar cerca del centro. Vamos.
—¿Temes perderte?
—No es eso, sólo quiero ir con alguien.
—¿Para qué? Apuesto que vas a irte de ese bar con alguien.
—Bueno, vienes o no.
—No tengo muchas ganas.
—Anda, ven.
En una milésima de segundo, tuve una idea, una brillante idea, al menos llevaría a cabo la primera parte de mi hipótesis.
—Con una condición.
—Dime.
—No vas a decirme nada de cómo vaya.
—¿A qué te refieres?
—A que no podrás decirme nada, opinar absolutamente nada de cómo vaya vestido.
—Ya me acostumbré a verte así.
—Bien, pero esta vez no podrás decirme nada. Al primer comentario, me regresaré a casa.
—Bien, bien. Apúrate, saldré en media hora.
Tenía ideas de cómo quería verme al estar en un bar, en medio de la oscuridad, con las luces chocando en mi piel y en mi rostro, quería saber qué era lo que se podría sentir y no sólo imaginarlo. Sin embargo, cuando una cosa en mi cuerpo me recordó mi realidad, eso me hizo derramar lágrimas que no entendía bien porqué aparecían. No, en realidad creo que me estoy engañando, pues sí sabía a qué venían estos pensamientos, por qué venían estas lágrimas y sobre todo, el por qué ya no me gustaba mi nombre.
Decidí dejar ese detalle entre mis piernas a parte, bueno, entre ellas de una manera en especial. Al ducharme me rasuro por completo todo el rostro, no dejo ni un sólo bello y por raro que pareciera, me agradó en extremo la textura de mi piel, así como mi reflejo en el espejo. Salgo de mi habitación con unos jeans ajustados a la cadera, con un top negro, y botas altas con tacones de aguja, unas botas que Natalie, mi mejor amiga de la universidad, fue tan amable al regalármelas en mi pasado cumpleaños.
Me da miedo todo lo que Tom pueda decir, a pesar de mi amenaza, lo conozco, y sé que puede llegar a decir cualquier estupidez que se le pueda atravesar por la cabezota que se carga. Sin embargo, me quedo de pie, petrificado a mitad de escaleras porque entra de la cocina al recibidor, hablando por teléfono con alguien.
—No… —dice antes de quedarse igual que yo, petrificado y sin decir nada en absoluto—. Ya voy… voy con Bill. Adiós.
No puede apartar la vista, me hace sonreír porque su rostro no se contorsiona en sinónimo de vergüenza, tampoco hace amago de prohibirme que vaya así y su mirada, atónita, me hace sentir halagado.
—Sólo quiero saber algo.
—Bien. Te escucho.
—¿Tienes en tus planes salir con chicos?
—¿Por qué preguntas eso?
—Sólo quiero hacerme a la idea.
—¿Vas a ser un hermano protector?
—Sí. Eso.
—Bueno, tal vez. No hoy pero… sí… No lo sé, Tom.
—Como sea, vámonos ya.
Subo a la Cadillac de Tom, él al volante y yo a su lado, mi cartera plateada con cadena en lugar de correa, se enreda entre mi chaqueta y el cinturón de seguridad, Tom me ve pelear con todo eso y se inclina para ayudarme, mismo paso que ayudó a que me mirara más de cerca, sonríe cuando ve mis labios y sin decir nada, vuelve a su asiento una vez que ha sacado mi cadena del alboroto.
—¿De qué te ríes?
—Hueles a cereza.
—Son frutos rojos —corrijo.
—Bueno, hueles a cereza para mí.
No puedo evitar sonreír, esperaba cualquier otro comentario de mi hermano, y es que lo conozco, sé cómo es, sé hasta dónde puede llegar su impertinencia, a pesar de ello, me alegra que no sea capaz de decirme algo grosero.
Él conduce y llega hasta el bar, después de veinte minutos en la carretera. Así entramos a un lugar lleno de gente, personas con tragos en la mano, cigarrillos, besándose entre ellas y ellos, me emociona estar aquí. Tom va frente a mí, y yo sigo sus pasos, mientras pasamos por el mar de gente, siento algunas miradas sobre mí, apuesto a que empiezan a debatirse entre si soy una chica muy alta con pantorrillas de hombre, o un chico muy afeminado con cuerpo y cutis muy bien cuidados.
—¡Llegaste! —grita un chico de cabello rubio, lentes y muy bajito para mi gusto. —¿Dónde está ese Bill de quien tanto hablas?
Tom voltea a verme con una ceja levantada, de todas las cosas que me imaginé, jamás pasó por mi cabeza que él fuera tan empático. Le sonrío de vuelta, agradecido, y en mi boca empiezan a formarse las palabras correctas, para lo que sería mi próximo discurso.
—Hola, soy Vivian, pero puedes llamarme Viv. Bill no pudo acompañarnos hoy.
—Oh, mucho gusto, Viv. Soy Gustav, uno de los tantos amigos de Tom. Vamos a la mesa, allá está Georg.
Los amigos de Tom. Agradables, mucho para ser honesto, sin embargo quería no sólo estar sentado en una mesa. Sin decir nada, me levanto y voy a la barra, ahí pido un trago, un martini seco. Luego de unos pequeños sorbos, un hombre se sienta a mi lado. No le tomo mucha atención hasta que veo su brazo derecho, el mismo que deja sobre la barra. Mis ojos no se pueden apartar de sus dos tatuajes, una águila que se extiende desde su brazo hasta su hombro, mismo que se cubre con la manga de su playera, y una flecha en el antebrazo, con algunas líneas punteadas, haciéndola ver más bien un símbolo que una flecha. Por último, no puedo ignorar todas esas venas marcadas.
—¡Dame una cerveza! —pide por encima de la música. El barista abre una cerveza y la deja sobre la barra. Él la toma y voltea a verme después de un gran sorbo.
—¡Hola! —digo cuando él no se atreve a hablarme.
—¡Discúlpame, por un momento olvidé hablar!
—¡Claro! —suelto en medio de una carcajada.
—¿Quieres bailar?
Más que bailar, quería sentir sus brazos, lo único que me preocupaba era que notara mi pecho plano y si me acercaba mucho, tal vez notara algo que no debiera estar entre mis piernas. Espero por todos los cielos que el haberlo acomodado como lo hice, funcione para toda la noche.
Sin embargo, eso no pasó, la música era genial, tan genial que no necesitamos acercarnos más de lo normal, las luces estaban bien enfocadas a nuestros rostros, nunca a otra parte de nuestros cuerpos, sin embargo, él sí aprovechó para acercarse a mi boca, y sin tenerlo previamente pensado, Tom llegó a apartarme de lo que iba a ser un beso increíblemente hermoso.
—¡¿Qué diablos te ocurre?!
—¡Eso debería preguntar yo!
—¡No soy un niño!
—¡Eres mi hermano! ¡No te quitaré la vista y menos vestido así!
—¡Me largo!
—¿¡A dónde vas!?
—¡Te lo dije! ¡Un comentario y regreso a casa!
—¡Oye, si se quiere ir déjala!
—¡¿Tú quién rayos eres para meterte?!
—¡Tom!
—Ven —susurra en mi oído y tomando mi brazo con un agarre del cual nunca antes había sabido, nos lleva afuera del bar.
—¿Qué diablos te ocurre? —pregunto sin entender de dónde viene su reacción.
—¿En serio quieres que te lo diga?
—Por favor.
—¿Prometes no enojarte?
—No te entiendo.
—Bill…
—Viv, Vivian. No quiero escuchar el otro nombre mientras estoy así.
—De acuerdo, como tú quieras. Estoy celoso.
—¿Qué?
—Estoy celoso.
—¿Cómo celoso?
—¡Celoso! Punto.
—¿De qué estás hablando, Tom? —empezaba a marearme y a querer desaparecer.
—No podía dejar que te besara, él no.
—Sinceramente no te entiendo.
—Creo que me enamoré. Creo que lo estoy desde hace mucho, Bill, perdón, Viv.
—No estás hablando en serio.
—Creo que sí.
—Eres mi hermano. Somos hermanos.
—¿Crees que no lo sé?
—Tom, somos hermanos. No puedes verme de esa forma. Vete a casa, en cuanto llegue empezaré a buscar un departamento.
—¿Qué?
—Deberé alejarme, Tom. Lo mejor será alejarnos para que pienses las cosas, para que conozcas nuevas personas y ya está.
—Te vas a ir con él, ¿cierto?
—Quiero experimentar cosas, Tom. Tú lo has hecho todo y yo, creo que estoy listo o lista no sé, para empezar a descubrir quién soy.
—¿Me odias?
—Te amo, como mi mejor amigo y el mejor hermano del mundo. Pero hasta ahí. Así que, nos vemos mañana.
—¡Lo acabas de conocer!
—Lo sé.
No era posible lo que Tom acababa de decir, no era nada posible y en efecto, quería experimentar tantas cosas con alguien a quien acababa de conocer, y es que el sólo mirarlo me hacía imaginar tantas cosas. Veo a Tom por última vez antes de volver a entrar al antro, se ve abatido, pero era mejor que empezara a hacerse la idea, yo quería tantas cosas que la mayoría ya no lo incluían a él. En cuanto entro veo al mismo chico sentado en la misma barra, mirando hacia la entrada, lo veo sonreír desde mi posición, agradeciendo que volviera a entrar. Él se levanta dejando algo sobre la barra y camina hacia mí para encontrarnos a mitad de camino.
—Gracias a Dios que regresaste —dice en forma de un susurro cerca de mi oído, que me hace estremecer—. ¿Quieres hacer otra cosa? —preguntó de la misma forma. Sin apartarse de mí, de hecho, lo sentí tan cerca, que pude sentir su aliento y un poco de sus labios en mi oreja.
No salió nada de mi boca, ningún sonido, sólo una reacción física. Mis brazos se levantaron y se unieron alrededor de su cuello, por encima de sus hombros, sus manos rodearon mi cintura y pronto estábamos más juntos que antes, pues sus labios ya no estaban en mi oreja, sino en mi cuello.
Empecé a sentirme tan excitada, que en algún momento de aquella adrenalina, deseé con toda mi maldita existencia, que la carne entre mis piernas se convirtiera mágicamente en una vulva, y por eso, mi mente de un niño trajo rápidamente a la hada madrina de Cenicienta, quise gritarle con el alma que lo hiciera, que pusiera una vulva aunque se acabara el encantamiento después, eso no importaba, sin embargo, para cuando reaccioné de mi patética y estúpida ilusión, entendí que eso no sería posible y que era mejor ser claro con él antes de que estuviéramos completamente solos.
—Tengo que decirte algo —susurro en su oído.
—Dime.
—Es que no soy lo que parezco.
—Ah, eso. Soy gay, reconozco lo que veo y sé que no eres una chica, al menos no del todo.
—Entonces, ¿quieres hacerlo aún así?
—Me gustaste en cuanto te vi, pero no haremos nada si no quieres.
—Quiero hacer tantas cosas —dije sintiendo una excitación exagerada creciendo en el interior de mi cuerpo, misma que no podía ignorar ni hacer que se detuviera.
—Vamos.
Me toma de la mano y me arrastra con él hacia la salida por el estacionamiento. Su coche, un Audi negro. Pero no fue suficiente subir. En cuanto cierra la puerta y yo la mía, él me toma del cuello, poniendo sus labios sobre los míos. El estacionamiento estaba totalmente vacío, era sorprendente que él ni yo tuviéramos la mínima conciencia para dejar de calentar al otro. No nos detuvimos, no paramos, en cuestión de segundos mi bragueta estaba abierta con una de sus manos dentro de mis bóxers, mientras que yo trataba de hacerle lo mismo.
—Creo que no podré llevarte a otro lugar, estoy que me quemo.
—Pues tampoco quisiera que te detuvieras.
—¿Aquí?
—Hazlo ya.
Era mi primera vez en un auto, y me estaba sintiendo jodidamente bien. Lo mejor vino cuando toda su carne estuvo dentro de mí. El sudor en mi rostro era demasiado que me sorprendía, pero él me hacía dar pequeños saltitos encima de él, haciéndome saber que el sudor podría llegar a ser más. Estaba volviéndome loco la idea de que se corriera dentro de mí, se puso el preservativo antes, lo sé, lo vi, pero mi mente estaba diciéndome que quizás, no pasaría nada, parecía totalmente sano y oye, podría sentirse realmente bien.
—Ya casi —dijo en medio de un jadeo, el mismo que me lleva a decir lo que en realidad quería.
—¿Quisieras quitártelo? —pregunto totalmente fuera de mí.
—¿Estás seguro?
—Sí, segura —corrijo delicadamente—. quiero sentirte completo.
Lo dudó un poco, lo suficiente para darle espacio a la duda pero no la necesaria. Me hace levantar para salir de mí, y de repente, él entra nuevamente, me hace moverme otra vez, lento y suave, luego rápido y con movimientos rítmicos, en unos segundos más, siento su líquido entrar en mi cuerpo, su grosor, su lengua en mi cuello, su mano masturbándome y obteniendo todo mi jugo en su mano.
—¿Te ayudo a limpiar el auto? —pregunto una vez más tranquilos, vestidos, pero conmigo en sus piernas todavía.
—No, es rentado.
—¿Qué? ¿No eres de aquí?
—De Colonia, tengo que regresar de hecho mañana en la mañana.
—¿Te volveré a ver?
—Quisiera que vinieras a dormir conmigo, volver a cogerte en la mañana y que siguieras dispuesta a recibirme a mi llegada. ¿Qué te parece?
—Tan excitante.
—¿Vamos?
—Sí.
—Por cierto, soy Marc.
—Vivian.
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En la mañana, despierto gracias a una escena típica y cliché del cine porno, su lengua estaba dándole atención a mi erección matutina, y luego de eso, me hace quedar a cuatro, sus embestidas vuelven a ser cuidadosas como anoche en el auto, pero en cuanto siente la libertad dentro de mí, aumenta sus movimientos, en segundos nuevamente su leche está dentro de mi cuerpo.
Sin decir nada se va a la ducha mientras me quedo comiendo algo del desayunador.
—¿Cuándo regresas? —pregunto al verlo salir totalmente arreglado.
—No lo sé. Espero pronto. Puedes quedarte y ducharte. Dejaré mi número y si quieres dejarme algún mensaje estaré al pendiente para contestarte lo más rápido que pueda.
—¿En serio quieres que esté aquí a tu regreso?
—Sí. Pero si no quieres hacerlo más, lo entenderé, aunque me costará algo de trabajo.
—¿A sí? ¿Por qué?
—Porque eres hermosa, y me fascinas. Me encantó lo que hicimos.
—¿No quieres llevarte algo más para el camino?
Sus ojos brillaron en cuanto pronuncié la última palabra, mojó sus labios y no le interesó que estuviera completamente vestido y preparado para ya salir. Me colocó en cuatro y así, me penetró por varios minutos, hasta que, otra vez, se corrió en mi interior, debo agregar que su mano alrededor de mi pequeña erección, no dejó de ejercer ningún movimiento hasta que no obtuvo mi propio jugo.
—Bien, te dejo. Cuídate, princesa.
Ahí estaba yo, totalmente imposible de reconocer. Estaba en el departamento de un chico al cual acababa de conocer en un antro, y por supuesto, estaba desnuda, con las extensiones revueltas, la sábana cubriendo una parte de mi cuerpo que ni siquiera yo quería ver.
Por otro lado, faltaba Tom. Había que discutir ese tema, que aunque muy a mi maldito pesar, debía poner las cartas sobre la mesa.
&
Al irse, paso un tiempo sobre la cama, relajada, cerrando los ojos a gusto, pero luego de unos minutos, recibo mensaje de Tom.
«¿Cómo estás? ¿Quieres que pase por ti?»
Para Tom:
«No, déjame tranquila. Llego después».
Tom:
«Bien. De cualquier forma, necesitamos hablar».
Sí, era bien sabido que teníamos que hablar de un tema en específico, pero me sentía tan nerviosa, que el sólo hecho de recordar sus palabras en el antro, mi estómago se enreda en un giro peligroso.
Y era mejor acabar con esto.
Tomo una ducha, como algo que encuentro en el refrigerador de Marc y salgo del departamento con aires de empoderamiento, recordando lo que Marc me hizo sentir durante la mayor parte de la noche. Tomo un taxi y este me lleva a casa tan rápido como se espera.
Llego y todo está en silencio, todo el primer piso se encuentra a oscuras, veo hacia arriba y la puerta de mi habitación está cerrada, sin embargo, escucho una suave melodía, que proviene de su habitación, ahí sí hay luz. Subo y me detengo justo afuera.
—¿Tom?
—Pasa.
Entro a su habitación y lo encuentro sentado en su escritorio, con la pantalla de la PC mostrando un programa de los que usa para sus clases en la universidad.
—Hola. Si estás ocupado vengo luego.
—Hola. No. Justo estoy esperándote. Qué bueno que estés bien.
—Sólo vengo a decirte un par de cosas.
—Te escucho.
—No es posible que sientas lo que dijiste, soy tu hermano… hermana —me corrijo al instante—, y eso vamos a seguir siendo; por eso, me iré. Empacaré mis cosas y me iré.
—No. No hagas eso.
—Tengo que hacerlo.
—No, no voy a dejarte. No te vayas.
—¡No está bien, eres mi hermano!
—Puedo hacer lo que quieres que hagan ellos.
—Dios, Tom. ¿Estás escuchándote?
—Sí, ¿te es difícil creerme?
—Es una locura.
—Déjame mostrarte.
—Basta, ¡cállate!
—Quieres que te coja lo haré, quieres que te haga el amor, lo haré.
—Dime si estás perdiendo la cabeza.
—Hoy la perdí, desde anoche, desde que te fuiste con ese tipo. Dime que no te acostaste con él.
—Sí, Tom, me lo hizo anoche y otra vez esta mañana. No voy a pedir disculpas por eso, y estoy a punto de irme a su departamento.
—Bill…
—¡Vivian, maldita sea!
—Perdón.
—Hazte a un lado.
Lo empujo para salir de su habitación e ir a la mía. Siempre me ha gustado el drama, soy la reina del drama en la familia, y este show que Tom estaba montando, sería perfecto acabarlo con una cachetada bien puesta, solo tenía que esperar la palabra perfecta. Luego de entrar a mi habitación, noto que él viene detrás de mí.
—Vivian, te amo. Siempre lo he sabido y cada vez que hablas con alguien yo muero de celos.
—Eres un imbécil.
—Déjame demostrarte que lo que siento no es ninguna broma.
—Carajo, Tom. No pienso seguir discutiendo esto. Me voy.
—¿Prefieres revolcarte…?
Ahí estaba, mi bella y hermosa oportunidad. Ni siquiera lo dejo terminar cuando mi mano derecha impacta en su mejilla.
—¡Cállate! Eres un idiota. Y más te vale que dejes esto en tu cabezota: Somos hermanos, no es posible que estés diciendo toda esta…
Y como si hubiera estado orquestado, como si ya estuviera organizado y ensayado. Una de sus manos me sujeta de la cintura para que pudiera huir, con la otra mano sujeta mi cabeza, y me atrae a sus labios. De pronto no puedo decir ni hacer nada. Es todo una escena de la cuál no tengo ningún control.
—Dime que eso no te gustó.
Él sabía y yo lo sabía. Ese beso había ocasionado ese chispazo que, increíblemente, nos había sobrepasado. Me siento temblorosa, sin ganas de reclamar, de contestar. Sin ganas de pensar.
—Si no te gustó dejaré que te vayas. Pero tendrás que decírmelo a la cara.
—¿Por qué me haces esto?
—Porque así lo escucharé y me haré a la idea de que debo alejarme de ti.
—Eres mi hermano. —Una lágrima rodó hasta mi cuello.
—No sé en qué momento me enamoré de ti, pero quiero que sepas que nadie va a amarte con la misma intensidad con la que yo lo hago, nadie va a cuidarte, nadie va a procurarte como yo lo haré. Te amo, y sólo quiero saber si estás dispuesta a quererme igual, y si es así, te prometo que nada te faltará.
—No sé qué pensar. No quiero ser una… enferma por esto.
—No estamos enfermos, y si es así, qué venga cualquier demonio y que me lleve con él. Déjame hacerte tocar las estrellas.
Y me hallé cansada, simplemente me dejé hacer.
La noche con Marc descansaba en mi mente, sin embargo, lo que Tom había hecho, se convertía tan rápida y fácilmente en algo que no olvidaría, al menos no muy pronto. Era algo tan… diferente, que sí, me daba miedo reconocerlo, estaba gustándome, y si no era eso, estaba segura de que quería repetirlo para saber qué era lo que sentía y pensaba al respecto. Odiaba este nuevo sentimiento instalado en mi mente y en mi pecho.
—¿En qué piensas? —pregunta estando a mi lado.
—¿Qué estamos haciendo, Tom? Eres mi hermano.
—¿Lloras porque no te gustó, o porque te gustó estás llorando?
—Ni siquiera me atrevo a pensarlo. Como sea está mal.
—Hace tiempo pensaba igual que tú, pero te diré algo… Eres la persona en quien más confío, te quiero, eres la mejor compañía y además de ser hermanos, somos amigos, creo que puedo confiar en ti como tal y sabes que puedes contar conmigo como tal. Así que, no pediré disculpas por sentir todo esto por ti. No puede ser tan malo. Si tú me dices que no lo haga más, bien, trataré de hacerlo aunque eso me mate, pero no pienso hacerlo por los demás, por «¿Que van a decir de mí?». No pienso fallarle a mi corazón antes que a la sociedad, pero si tú me lo pides, repito, lo intentaré, aunque eso me mate.
—¿Nos vamos a ir al infierno?
—Por ti correría ese riesgo.
Nadie me había dicho algo como eso y estaba segura de que nadie iba a decírmelo nunca. Así que, qué mierda.
Volví a montarlo, ahora con más ganas de hacerlo hasta que la cama nos reclamara, hasta que me doliera el cuerpo de brincar encima de su falo, hasta que las piernas y el culo me pidieran clemencia.
—Te amo —dice Tom, acariciándome y dejando un beso sobre mis labios. Lo estaba amando completamente.
—Yo también, desde hace mucho —confieso, yendo un poco más lento.
—¿Qué?
—Perdón, me sentía enfermo de tan sólo pensarlo.
—Dios mío.
—¡No metas a Dios en esto!
—Me voy a correr.
—Hazlo, ¡hazlo dentro de mí! —chillo.
Y así fue, por segunda vez en el mismo día.
—¿Desde cuándo? —pregunta una vez recuperado el aliento.
—Desde que entramos a la secundaria.
—¿Por qué nunca hablaste conmigo?
—Por eso, porque me sentía enfermo, maldita sea, enferma. Ya ni siquiera sé quién soy. Quién quiero ser.
—Te propongo algo.
—Dime.
—Empecemos con esto, en cuanto esto te sobrepase dímelo, y haremos lo mejor que sea para ambos. Pero, por favor, no te lo calles.
—Bien.
—En cuanto a tu personalidad, a mí no me importa si quieres dar inicio a una transición, tan sólo quiero que seas feliz.
—Es que…
—Vamos, puedes hablarme de lo que sea.
—Bien, es que me siento mejor siendo más femenina cuando estoy con un chico.
—¿Y? ¿Conmigo?
—Te gusto siendo quien sea, ¿no?
—Me gustas tú, tal y como eres, como sea que te sientas cómodo o cómoda. Me viene igual, te quiero a ti, a tu persona, tu forma de ser contigo y con los demás.
—Dios. —Me tapo la cara con ambas manos.
—Ven aquí.
Me quita las manos de la cara y vuelve a sujetarme para llevarme encima de su cuerpo, está sentado con la espalda apoyada en la cabecera de la cama. Así me besa la boca y rodeo su cuello con mis brazos.
—Te amo por quien eres, no por si usas falda o pantalones.
—¿Cómo te excito más?
La pregunta nos tomó por sorpresa a ambos, pero ya había dejado mi orgullo atrás.
—¿Preguntas en serio?
—Contesta, no quiero arrepentirme de habértelo preguntado.
—Me excitas como sea.
—No, dime, ¿te excito más como niña o niño?
—Holy crap.
—Contesta. —Rio aún encima de sus piernas.
—Me excitas siendo tú, créeme. Me gustas desde hace mucho y, siempre te he visto igual, cuando eres cien por ciento Bill o Vivían, como sea y quien seas, me excitas como no tienes idea.
—Debe haber una diferencia.
—Ponme a prueba.
—Cállate, tengo unas minifaldas que no me he probado.
—Cuando te pusiste la rosa con la blusa blanca…
—En la fiesta de disfraces de Natalie —interrumpo.
—Sí, esa noche supe que mis instintos me llevarían a la perdición.
—Oh dios.
—Y cuando supimos que vendrían mis tíos a visitarnos, te pusiste los pantalones ajustados y una playera ajustada…
—Ah con la chamarra de cuero que compré en el bazar.
—Sí, justo eso. Tuve que ir al baño, no sé si te diste cuenta, pero regresé a la sala sudando.
—Me di cuenta, pero no pensé que lo habías hecho por mí.
—Bueno, no por ti, sino contigo en mi mente.
—¿Quieres que me ponga algo en especial?
—No quiero hacerte sentir un objeto.
—Si yo quiero hacerlo está bien, ¿No es verdad?
—No lo sé. Supongo.
—Perfecto. ¿Qué quieres que me ponga?
—La falda que más te guste, con la blusa que más te guste.
—Cierra los ojos.
Una falda negra que llegaba justo en medio de mis muslos, una blusa negra con mangas largas y un escote pronunciado en V. Y unas zapatillas con lazos que subían cruzados por mis pantorrillas.
—Cógeme sucio.
—¿Estás segura?
—Completamente.
Y entonces me cogió en cuatro, sin quitarme una sola prenda, tan sólo subió mi falda después de besarme con desesperación, metió una mano en mi escote, metió las manos por debajo de la falda, hasta que se desesperó y me penetró. Primero acorralándome contra la pared, hacía a un lado mi pelo largo y rubio de la peluca para besar mi cuello, luego me hizo quedar en cuatro en la orilla de su cama, misma que tenía las sábanas revueltas porque ya lo habíamos hecho dos veces hace unas horas.
Y volvió a disparar dentro de mí, mi blusa y mi falda resultaron manchadas por él y por mí.
—Mierda, mi ropa.
—Mañana te llevaré de compras. No te preocupes.
—Me gustó. Me gustó muchísimo.
—Sí, a mí también. Lo disfruté bastante.
—¿Vas a dejarme después de todo esto?
—¿Qué? ¡No! ¿Qué pregunta fue esa?
—Lo siento.
—Te amo, no voy a dejarte jamás.
—No lo hagas.
Entonces me dejé caer encima de su cuerpo, desnudo, ambos desnudos, a la espera de que esa sed por el otro jamás cambiara.
F I N
Administración: Wow, super hot, ¿no creen? Gracias por la visita y, obviamente, están todos invitados a comentar.

Fuerte como todo lo de Xime 🤷♀️💯
🙈🙈🙈🙈🙈 gracias por leer ❤️❤️❤️❤️
Bill o Viv son hermosos 😘😘😘
Ayyy mil gracias por leer
Nunca había sentido tantas emociones en una sola lectura jajajajaja me enoje, me desespere, me emocioné y me encantó !!! Jajajaja. Solo puedo pensar en el Bill que aparece en el vídeo de Boy don’t cry donde mi Bill sale vestido de mujer 🥴
Awwww qué emoción tu comentario!!! Mil gracias y sí, así misma me la imaginé pero mejor sabes? Todavía siento a ese Bill disfrazado, y aquí Viv daba las vibes de mujer cien por cien ❤️❤️❤️❤️❤️❤️